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Inicio / Cuenteros Locales / turcoplier / EL DEVORADOR DE HISTORIAS I: NO COMA CUENTO...COMA CARNE

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NO COMA CUENTO...COMA CARNE
Cuando el médico miró a través de la pantalla, palideció un momento y poco a poco empezó a recobrar la serenidad a fin de dar crédito a lo que veía : El intestino delgado enrollado sobre los pulmones, el corazón palpitando más abajo del riñón, el hígado en la espalda, el páncreas detrás del esternón. Con voz temblorosa el médico dijo a su paciente : “Póngase de espaldas” Y la masa de órganos revueltos giró en la pantalla para que el médico analizara bien el caso. Vió con sorpresa que el estómago que tenía la entrada por debajo y la salida por arriba, albergaba en su interior una especie de papel arrugado, semidigerido y con algunas letras visibles en la pantalla.
-¿Puede decirme qué significa ese papel en medio del estómago?- interpeló el médico al paciente.
- Es cuento que me comí – respondió cabizbajo el paciente.
- ¿Y se puede saber quién le echó ese cuento?- El paciente suspiró hondo y se quedó pensativo, al cabo de un rato decidió romper el silencio y contarle al médico la verdad, si es que acaso la verdad podía florecer en su boca en esos momentos:
-Hace algunos meses conocí a una mujer muy hermosa e inteligente... sinceramente inteligente... ¿Usted sabe lo que significa encontrar a una mujer con ese par de cualidades?
-Si, si, comprendo- respondió el médico en actitud comprensiva.
-La cuestión es, que además de esas dos cualidades esa mujer desarrolló una verdadera pasión hacia mí.
- ¿Y usted le creyó?- Intervino el médico.
-No, no, ése no es el problema, eso es, sino creíble, por lo menos fácil de aceptar. Pero lo creí y lo acepté.
-¿Entonces?- dijo el médico.
-Pues el tiempo fué pasando y conocí en ella a una mujer excepcional , con una gran capacidad para vivir la vida y no sé si atreverme a decir que con una gran capacidad de disfrutarla. Ella puso en tela de juicio, sin querer, cada uno de mis preceptos morales, algunos de los cuales eran muy arraigados. Y así me tocó aceptar muchas cosas de su personalidad, porque somos personas muy diferentes. Debo reconocer, con un poco de pena , pero ya que quiero decir la verdad; que muchas veces me sentí algo inferior, poca cosa, al lado de semejante mujer. .. ¡pero uno no debe sentirse menos que nadie! - gritó el paciente con lágrimas en los ojos- me hubiera gustado haber sido muchos hombres, aquel que le dió el primer beso a los 9 años y la llenó de experiencia en el arte de besar, el sádico que le echó el ojo a los 11 años, el primo intimidado y violado, quise ser el novio alemán... es una lista larga... ¿Por qué Dios me mandó latinoamericano? - dijo el paciente al médico con voz quejumbrosa, mirándolo a los ojos y dejando de llorar- Como latinoamericano que soy funciono diferente, mi pasión es diaria, crece y se construye todos los días. Me atemoriza la idea de pensar que estoy en la capacidad de amar a una mujer por toda la vida, trato de encontrar en ella cosas que me hagan quererla cada vez más . A lo mejor detrás de esa coraza yo esconda a un cachón potencial y descarado, pero hasta ahora no se ha manifestado. Solo se ha podido ver al imbécil monógamo. - el médico y el paciente se miraron por un momento. Pero el paciente, comprendiendo la mirada del médico se afanó en afirmar “¡Eeeche, yo marica no soy!”.
Entonces el médico mostrando desespero dijo:
-Si, si, pero ¿Cuál fué el cuento que se comió?
-Pero déjeme terminar- dijo el paciente- algunas veces se debe dar tiempo a las cosas, alguien me dijo una vez que el tiempo es una ilusión acompañada de sentimientos relativos, así que espéreme unas ilusiones o aténgase a lo relativo... ¿Qué necesidad tengo yo de ella? ... ¡Ninguna! , yo no puedo ir y tomar algo de ella que necesite o aprovecharme de ella. ¡No!.. Si voy, o si estoy, es sencillamente porque la quiero, y el mayor valor está en querer con sinceridad, desinteresada y desmedidamente, si ya a uno no lo quieren, por la justa razón de que el corazón se encienda de una nueva pasión... pues ya no es culpa de nadie, pero probablemente uno nunca encuentre una persona igual, o mejor, o peor, me disgustan profundamente los calificativos de este tipo ¿sabe? , pero si va a encontrar pasiones más fuertes o más duraderas, que para el caso es lo mismo...
-El médico le miró con una mezcla de disgusto y compasión, como quien mira a un loco sentado en medio de sus excrementos- Aunque- continuó el paciente- como ya mencioné antes, yo no funciono de esa manera- dijo el paciente abriendo la puerta para irse- En cuanto al cuento que me comí y que, a semejanza del librito en la mano del ángel del apocalipsis, me supo dulce en la boca y amargó irremediablemente mis tripas, revolviéndolas y trastornándolas luego, le diré que no sé como empezaba ni como terminaba, porque me lo tragué entero... o de pronto si lo leí, pero no entendí nada porque estaba escrito en frases enigmáticas, y siempre que le dicen a un hombre las cosas así, suele acabar como yo: Con las entrañas revueltas y comiéndose un cuento que uno no comprende... me hizo bien hablar con usted, aunque no me haya dado ninguna solución a lo que me pasa, quizás solo necesitaba alguien imparcial que me escuchara y así desahogarme, no se preocupe por mí, ya no pienso en suicidarme, porque como dice el poeta: “Al final todos moriremos”, ahora sólo estoy pensando en irme de putas al Bar de Salomé, ya sabe como son esas cosas, me haría bien una buena chupada en estos momentos.
-¿Suicidarse? Preguntó el médico extrañado.
-Si, la policía me trajo a su consultorio porque estaba a punto de arrojarme del último piso del Centro Cívico- repuso el paciente.
-Pero si yo no soy Psicólogo- dijo alarmado el médico señalando el letrero de la puerta, donde se leía en letras negras: Consulta de gastroenterología y endoscopia digestiva- el Psicólogo atiende al lado.
-Bueno, pero me sirvió para lo mismo o quizás mejor, si usted hubiese sido Psicólogo hubiera salido conque todo se debía a un trauma de mi niñez o porque tal vez vi a mi madre encuera o alguna otra de esas maricadas extrañas que se inventan esos manes para embromarlo a uno. Adiós y gracias.
-¡Oiga! -gritó el médico- no vaya al de Salomé le recomiendo el de la esquina porque las viejas no están tan trajinadas, espéreme allá y seguimos hablando, ahora que me desocupe aquí.
-Todo bien, va jugando- dijo el paciente- nos pillamos allá.



Texto agregado el 29-12-2005, y leído por 190 visitantes. (3 votos)


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