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Llora desconsolada, escondida tras los gritos espasmódicos de la realidad, donde subyace la mentira y el sueño conjugados satíricamente. Sucumbe ante el dolor que le provoca la crueldad humana, el odio y la maldad... tiene miedo, siente que por ellos, su vida se irá en un suspiro...
Transpira el sopor de la humanidad sometida, exhala hilos desangrados de poesía, desdibujando de su rostro el gesto de algarabía. Tose aturdida por la ambigüedad producida por las nubes, malditas nubes de inconciencia que imprimen oscuridad a su lóbrego caminar.
Sabe que está perdida, que los lamentos que consumen su rostro dañado, calan aún más en la superficie de éste, que cuanto más llora, más le deteriora... pero no puede evitarlo, siente que la crueldad del hombre le ha ganado, se siente frustrada, débil e impotente... ya no quiere luchar más, por su mente cruza la idea de ceder ante ellos y entregarse...
Detiene sus frenéticos pasos, cavilando. El temor lúgubre de la noche se asemeja a un laberinto estrecho, donde la única salida conlleva a la muerte.
Se arrodilla cándida y templada, casi redimida. Duerme. En su pesadilla se delinea la cansina marcha de un ejército, aniquilando todo a su paso, destruyendo cada hueco donde yace la vida…
Despierta intempestivamente… Al levantar su cuerpo cansado, lanza un breve lamento. Haciendo un último esfuerzo, se da cuenta que no puede combatir, que los gases tóxicos la ahogan, que está descubierta y desnuda. Intenta resistirse, pero el ácido le sonsaca la piel. Se deja caer, cierra los ojos y murmura: "Gracias, hijos míos... ustedes han hecho que me de cuenta que la vida no es tan perfecta... les digo gracias. Porque me han enseñado que una vida sin imperfecciones no es verdadera… sólo resta morir.”
Ya en el suelo, mira hacia el firmamento estrellado, maravillándose con él… se entristece por abandonar tal belleza, y para no arrepentirse, mira hacia el costado cerrando los ojos.
Pero un impulso hace que los abra nuevamente, y brillando con la luz etérea del anhelo, ve una hermosa flor, quien, esbozando una triste sonrisa, le suplica que no se dé por vencida, que continúe, porque si se muere, se llevará consigo a muchos inocentes.
Ella lo piensa, y atendiendo lo suave de sus pétalos, se pone de pie, sonriéndole, diciéndole que sólo por ella, por el ejemplo que le ha dado, por su sencillez y hermosura, seguirá con vida.
Un nuevo recuerdo cruza por su cabeza… tiene hijos conscientes, que entregarían su alma por ella, que harían todo por evitar la destrucción. Confiada, se arma de valor, esperando con ilusión el día en que cambie el mundo, lucharán sin usar la violencia para evitar que sigan destruyendo, colmarán de savia cada rincón de los que antes estaban llenos de muerte y envidia.
“Sí, ustedes lo lograrán, hijos míos”, exclama estentórea, “Los amo, como mis hijos, fieles o no, los amo… mi vida quedará en sus manos”.
Observa a ambos lados, la nada la acompaña. De sus ojos enrojecidos, una lágrima brota, transita por su humedecida piel, cayendo violentamente al suelo. Frente ella, la simple gota empañada de ira forma un lago.
¡Un lago!... es una creación maravillosa... siente que no puede dejarla morir, que si se resigna a la muerte, jamás se lo perdonaría. ¡No! ¡No lo abandonará! ¡No se rendirá! ¡Tiene que aceptar el desafío! ¡Seguir viviendo, pese al daño provocado por ellos! ¡Sí, tiene salvación! Pueden cambiar, pueden tomar conciencia, pueden comprender que al perjudicarla, se perjudican a sí mismos que con su muerte, ellos también agonizarán...
Alza su vista inmaculada, mientras con su mano trémula embebe su rostro del agua límpida. A su alrededor, se extienden lívidos cuerpos, moribundos: un árbol sonsacado por la sierra, un desértico páramo donde antes habitaba un oasis. Decidida, toma un puñado de cabellos y lo derrama sobre el desierto, naciendo flores y árboles. De sus pupilas mana el color, el cual reviste de rojos, azules, verdes y amarillos todo el sitio. La expectativa corona el paisaje, antaño muerto, antaño lacerado por grisáceos matices.
Ante ella, se mece el mundo cual péndulo desenfrenado. Todavía resta mucho por caminar, mucho por revivir. Quedan vacíos silenciosos que llenar, huecos donde soltar ilusión. El resabio de su demacrado cuerpo vulnera su pensamiento, pero aún así, la naturaleza, carga su mochila y se larga por la carretera, llevando a cuestas la esperanza.


Claudia Álvarez [clais] y Julio Erro [elhaijin]

Texto agregado el 02-01-2006, y leído por 353 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
06-01-2006 Solitaria anda la naturaleza jodida por las personas, como jodidos andamos algunos humanos que la echamos de menos. Que siga la esperanza.. Mis saludos Heredero
02-01-2006 Excelente amiga! Recién termino de leerlo. Está genial. Increíblemente bien. ¿Cómo escribís así? jejeje.. Fuera de joda... saludos a nuestro hijo. elhaijin
 
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