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Inicio / Cuenteros Locales / adrianu / Una lección de Vida ( del foro de Potrilla_tracia sobre la vida de un payaso)

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Una lección de Vida

Conozco el sentimiento de maravillarme, conozco la alegría al expandirse dentro de mi pecho, y el recuerdo de los momentos felices de nuestra flora juventud.

Como bailar al estilo Luis XVI, actuo. Puedo imitar al mitológico Aquiles en su galeón Odiseaco o recitar los versos dionisiacos de dramaturgos inmortales, puedo en realidad conducir a la audiencia por los laberínticos caminos de los castillos franceses o asumir la postura de una Zar, llevar por las épocas a condes e ilustres señores y con mi pantomima fresca, difractarme según lo amerite al papel. Puedo y puedo…ser todo el mundo y solo en escasos momentos ser mi propio “yo”.

Cuando llego a mi casa, puedo descansar los músculos faciales y los de mi boca, y aparezco como un hombre triste. Mi esposa ya se acostumbro a ello, y lo que le sigue costando es aceptar la prohibición en la casa de que no existan ‘titeres’ o cualquier símbolo de ‘una payasada’…sobre todo cuento tuvimos a la nena. Es como el boxeador no puede aguantar que a su hijo le salga sangre de nariz pues al igual, yo en mi oficio, no aguanto la menor ‘risa’ dentro del ámbito familiar.

Por las mañanas cuando miro los ojos ojerosos y oscuros de mi mujer tras una taza de café, en un día domingo; me culpo de ‘haberle brindado esta clase de vida’. Ella con su estoica actitud me comprende pero a veces las cosas llegan a un limite y ella también tiene derecho a explotar, haciéndolo en sollozos y siendo para mas, pero también las lagrimas ajenas me recuerdan mi oficio actual. Un día tras las lagrimas de ‘ella’ no lo resistí y se activo el piloto automáticamente de una rutina propia de mi trabajo: -la llave en el bolsillo sin fondo- . Comencé a actuar en contra de la situación haciéndolo con tanta gracia que al final los dos explotamos en ‘risa’ y verdaderamente nos divertimos. Yo me le quede mirando con una sonrisa no postiza y el rictus de mis músculos labiales realmente gozaron con este ‘desahogo’ repentino. Ella se sonrió y fue hacia mí…abrazándome. Esa noche los dos gozamos abiertamente.

Como comprenderán, tomarme fotos con mi nena de dos años, junto al vestido largo y ya pasado de moda de mi mujer y con dos globos en la mano me pone un poco nervioso; pongo una cara tan alargada, que un día el fotógrafo se fue feliz con el retrato pues no comprendía como pudo haber logrado uno tan perfecto: mi cara descompuesta junto al rostro inocente, alegre de mi hijita, y aunque seria, mi mujer daba a entender que no solo debía de aguantar a la niña en sus lloriqueaos sino también a mi por aparentar no ser un payazo. Tuve que usar el mismo saco y zapatos de una de mis funciones pues los propios míos estaban ya todos roídos y apolillados.. La foto la tenemos en nuestra sala y, cuando nos visitan los serios familiares siempre se ríen ( a veces a carcajadas ) cuando la ven.

Preocupantemente he visto como he descendido a uno de tercera o segunda categoría y esto lo he podido comprobar pues ya la mayoría de mis contratos u actuaciones no me remiten a la actuación principal frente del publico sino como un simple espectador que cuando la función del actor en el escenario decae, ‘momento critico de la pantomima en el juego del ‘chiste’ es ahí donde debo de salvar ‘la actuación’ y mi risa ( muy cotizada por cierto ) estalla en el momento oportuno, ni un segundo antes y ni uno después para que se salve el actor en cuestión ( dentro de mi aunque no me pagan mucho por ello, me llena de orgullo pues se que soy un ‘profesional’ en la materia ) , claro, esos sentimientos no se los cuento a mi esposa pues una vez sucedió y se lo conté, de lo satisfecho de mi actuación de segunda en una butaca dentro del publico, ‘ella’ no comprendió, soltó en llanto de nuevo pues su mirada reveladora me vio como un ‘des-inservible’ en la vida. Solo recuerdo esa noche que se fue a la cama repitiendo entre dientes – y estamos confiando la superación familiar a la risa de un cómico de segunda-. Esa noche dormí afuera en el sofá.


“Crosti”. “Crosti”. Es el nombre del payaso de los Simson. Es la única figura que me divierte verla y siento que mi hija no este mas grande para valorar la actuación de ese ‘payaso’ que pasan por la TV (aunque sea solo una caricatura). Consecuentemente, mi esposa, verdaderamente lo odia pero como muy comprendedora de los momentos de esparcímiento en el hogar que necesita mi ser, “ella” me permite verlo, y por supuesto, no abuso de esta actitud y de vez en cuando lo veo con una bolsa de poporopos en la mano. Por supuesto, aunque lo he pensado nunca lo voy hacer, disfrazarme de Crosti y sentarme en mi sillón mientras pasan su función en la TV. Comprenderán las consecuencias traumática que para mi mujer significaría al entrar en la sala y verme disfrazado como él, les aseguro que tomaría su maleta de ropa y pensando que me he convertido en un ‘verdedero loco’ tomaría a nuestra bebe, tomaría el coche y escaparía a la casa de su mama. Afortunadamente todavía me queda un poco de juicio sano como para no cometer tal disparatada –aunque como dije: me encantaría.

Pero hablemos profesionalmente de mi potencial para la actuación. Tengo mi propio agente, quien me consigue contratos y se arregla con los clientes. Mi repertorio abarca una gama de situaciones sociales: fiestas, despedidas, funciones, benéficas actuaciones, o por el simple “hoby” de pararme en el parque y desplegar toda la virtud de mis posesiones artística…como comprenderán a pesar de todos los altibajos que me produce mi profesión, amo mi quehacer cotidiano.

Conozco bien mi oficio. Se cuando hay que mover las ceja o simplemente mover
las pupilas a otra dirección para estar a la altura de una mímica sobresaliente. Mi trabajo no solo se reduce a la ‘payasada’, sino a la mofa de personajes ilustres, critica de los sucesos políticos, emulación de ‘rutinas diarias de la vida cotidiana’. Se oler, olfatear la categoría de público. Se cuando son enfermeros cansados de ver ‘tripas rojas retorcidas’ y quieren algo diferente, algo que los haga salirse por un momento de su actuar diario, así como conozco mi propia realidad, los comprendo perfectamente y por ende, el espectáculo esta salvado. A veces si es recomendable enfocarse en el mismo oficio de quienes serán mi público. Ejemplo: cuando actué para los ferrocarrileros de nuestra incipiente industria de los hierros y caballos a vapor, me idee una pantomima de burla chistosa hacia su propio oficio, que, desde el principio de mi función no pararon de reírse. Realmente fue espeluznante y aunque cometí uno de los errores no permitidos para un payaso: reírse de su propio chiste; descubrí que en tal algarabía, que con ese mi descuido profesional incitaba a mas risas provocando un desatornillamento de alegría que se retorcieren literalmente con el estomago de fuera. Fue un momento bien alegre e inolvidable haberme rozado con los maquinistas, hombre de gorrita rayada, hombres de grasa y de ropa con pernos y durmientes de las vías, pues a todos les hice su gracia. Pues siempre antes me familiarizo con los diferentes oficios que voy a emular.

El momento cumbre de mi carreta lo tuve contrariamente no en la plataforma escénica sino en el cuarto de mi hogar cuando mi esposa una de esas noches me miro a los ojos y me pregunto directamente: “Quieres seguir viviendo como un payaso para el resto de tu vida”. Yo, que nunca tartamudeo o me pongo nervios con el público más selecto y exigente, esta vez, comencé a sudar frió por la espalda y, pausadamente le conteste: tu te casaste con un payaso y sabes la clase de vida que te puedo dar.

Ella quedo callada y preocupada. Nunca mas hemos vuelto hablar del asunto y solo con su mirada cuando hay pocos ingresos me da a entender aquella conversación pero no pasa de ahí.

Y por eso presumo de conocer mi profesión pues antes de llegar a actuar me preparo con un celo milimétrico. He actuado para diferentes estratos sociales, desde los más bajos a los más altos, las diferentes tareas y personas que componen mi repertorio hacen mi perfecta amalgama ante todo tipo de individuos. Me desenvuelvo muy bien ante los obreros y, sin ofender al oficio que cualquiera pueda tener cuando actuó ante ellos, después todo deviene en una farra espectacular con vino, cerveza…y hasta la invitación de algunas chicas por ahí, son noches inolvidables pues hasta yo gozo fuera de las horas de mi oficio. Cuando me prepare para la actuación enfrente de los mineros crean me ya antes de comenzar mi trabajo ya me venía riendo con una contagiosa risa, lo que provoco el desahogo de todas esas personas de bajos recurso, claro, lo mismo puedo decir del mío, y aquí me puedo dar el lujo de cometer lo prohibido rotundamente para mi oficio: el beber dentro de la actuación. Por dentro, en esta zona social, he descubierto mas riqueza en mi que cuando actuó enfrente de ‘los señores de altura’, todos rígidos con sus homúnculos, las señoras todas fifí-rufas y con sus collares y perfúmense que no se dan cuenta que ‘apestan’.

La mímica ( en un fabuloso acto ) cuando me invitaron a una despedida de soltera fue asombrosa: recuerdo como una señora de alta sociedad de fue de bruces cuando me pare enfrente de ella y les moví mi cadera delante y para atrás, en vai-ven , me acerque mas y …Pum ¡! Jajajajja, la pobre se fue para atrás y el desatornillamientos de risa de las jovencitas no pudo parar de festejar.

He tenido mis momentos bochornosos y por ello también me considero un payaso “vivido”. Recuerdo en mi actuación como “Jhony oTravuelta”, repase mi guión con un rigorismo disciplinario, cada pirueta, cada toma, gesto, visaje estaban calculados, y me sentía antes de entrar a escena “muy satisfecho” ( fue mi primer empleo y tenia que dedicarle a lo “grande” si así quería que fuese ) pues bien, con lo que no contaba, como estábamos en la misma época de ese actor Hollywoolense, dentro del publico llego vestido de igual manera un joven alardeando por la semejanza en parecido al personaje real. Mi asombro, antes de entrar, fue tan sorprendente que ya desde ya sabia que iba a ver problemas. Pero lo peor llego cuando herí la susceptibilidad del chico en cuestión y (aquí cometí otro grave error que nunca se debe de cometer: alegarme con uno dentro del publico). Al principio el asunto pareció cómico y las personas lo acogieron con gracia hasta que me di cuenta que al lado de él, estaba el “rucu” ( el padre) y la “ruca” ( la madre ) con un gesto impávido y serio…todo iba resolviéndose relativamente bien hasta cuando la hablantina de la mujer comenzó su soliloquio inquisitivo y ofensivo. Me quede callado y no aguante que me comenzaran a lloriquear los ojos. Todo la pintura se vino a bajo y al final de la función (si es que tuvo uno un final ) quede rodeado de toda la gente, en las sillas del público y todos los espectadores dándome palmaditas en mi espaldad y tratándome de animar un poco. Falta decir que me despidieron del empleo, y mi esposa que estaba esperando a nuestro “bebe” (estaba en mi primera función) , no paro de llorar a todo lo largo del camino de regreso a casa.


Mis representaciones han abundado y entre ellas tenemos “el duque de Alburquerque”, el numero de “la roca que cae” dedicada a los mineros, “el vals del Chopan”, ( muy bueno por cierto ) dedicado a las personas de “etiqueta”, “el boxeador cara de piedra”, “la epopeya de las vírgenes” ( como aclaración la obra se llevo como festejo de los quinientos años ( cinco siglos ) de conquista española a nuestras tierras con el nombre completo de “la epopeya de las tierras vírgenes de la conquista”, nada que ver con las dulcineas que sin pretender ser “rameras” ya han degustado toda clase de placeres en sus tierras vírgenes), “el Napoleón de Notredam, ( nada que ver con la historia ), en fin…un sin numero de actos e historias para mi haber que después de todo…con cierta tristeza acepto que soy un simple payaso, que si bien he hecho reír a las amigas de mi hija para su cumpleaños, no es algo muy elocuente como “ideal” para la vida, y teniendo en cuenta toda esta amalgama de roles y papeles les soy sincero con cierta tristeza que desconozco mi propio “yo” aunque acepto que otras veces, esta clase de argumentos y filosóficas argucias por tratar de enmarcar mi valor ante la vida…son totalmente irrelevantes.

Lo anterior fue escrito cuando empezaba de joven hacer mi vida, hoy ya a la edad avanzada la contemplo y el amor de una esposa abnegada y el incomparable amor de una hija que siempre a sus compañeros se refirió a su padre como “un gran hombre”; lo comprendo mejor cuando he visto a los matrimonios caer aunque nunca carecieron de vienes. Nuestras vidas que siempre se desarrollo en la ‘tristeza aparente’ de la ‘alegría de un payaso’, es ahora lo que constituye el orgullo de mi hija y los pilares para conocer a través del silencio ‘de los ojos ojerosos y oscuros de una mujer’,’tras la pantomima de la tristeza de un chiste’ valores que han hecho perdurable en grado sumo la relación familiar, que cuando tuvimos que reír, reímos y no mas, y nos ha enseñado mas sobre la condición humana que toda la ‘felicidad perenne’ de los anuncios de la Tele y vida que se pregona por doquier. Disfrazarme como “Crosti” lo sentí en aquella época como ‘locura’ ( ...y claro que mi compañera lo hubiera interpretado igual ) pero hoy nos ha enseñando como una riqueza que solo con el corazón se puede manifestar y entender. Ahora mi hija dentro de poco se casara y orgullosamente la llevare tomada de mi brazo a la puesta del Altar ( obviamente con mi traje nuevo comprado, con una lagrima inapreciable por el amor de una mujer ( mi hija)) e interiormente llorando de alegría con el chiste de la vida, donde supimos donde reír y donde llorar. Y Eso solo se aprende a vivir siendo un ‘payaso’.




Adrián

Texto agregado el 24-11-2003, y leído por 801 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
02-12-2003 me leí tu realto, con el corazón fruncido. Me senté a la mesa con la mujer del payaso, me puse en escena y luego casi lloré al entender el chiste de la vida. Mira si la vida de los payasos será distinta a la que interpretan. Un beso y gracias por invitarme a su lectura. meci
 
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