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Ya lo he escrito todo -dijo Jonás y guardando sus lápices y cuadernos, cerró con gruesos candados la puerta de su casona y se dirigió adonde sus pasos lo llevaran. No tenía a nadie en el mundo, ni siquiera un perro que trotase junto a él, la soledad estaba esculpida en su alma y de tanto sentirla, se dio cuenta que ya era una suficiente compañía. Descendió por polvorientos caminos, cenizales en los cuales nada crecía, salvo lánguidas lenguas cobrizas que raleaban de trecho en trecho, exigiendo la dádiva de alguna mezquina lluvia.

Después de largas horas de duro caminar, llegó al plano y de inmediato se cobijó debajo de un frondoso árbol. Tendido estaba, masticando un trozo de carne que guardaba en su bolso, cuando vio pasar a un hombre famélico frente suyo.
-He perdido mi soledad- le dijo con mucha tristeza el hombre al pasar. Jonás le miró con curiosidad puesto que perder la soledad, significaba en todo caso, encontrar alguna compañía, otro ser, un perro acaso. Y eso era motivo para celebrar y no para angustiarse. Por lo que llamó al hombre a grandes voces para que lo acompañara a comerse esa carne, que en realidad estaba bien buena. El tipo, la imagen misma del desamparo, caminó hacia él como una desplumada ave que ha perdido su norte y después de acomodarse frente a jonás, recibió el alimento y se lo devoró sin ganas.

-¿Cómo es eso que has perdido tu soledad- le preguntó al cabo Jonás, mientras le extendía un vaso del buen vino que también traía en su bolso.
-Incluso ella me abandonó. Antes lo hicieron mi mujer y mis hijos, mis padres se fueron un poco antes por el camino diseñado por El Señor, Lorenzo, mi gato, también desapareció cualquier día y nadie habita, en cien kilómetros a la redonda, por lo que vivo absolutamente solo en mi covacha.

-Entonces estás solo, vives, pues, en perfecta comunión con la soledad, la única que no puede abandonarte nunca. La gente se va por cualquier motivo, los animales a veces pierden el rumbo y no regresan, puede que nadie viva en las proximidades de tu rancho, pero adentro de ti siempre estará esa vocecilla interna que contestará tus preguntas, te hará recordar los instantes preciados y amargos de tu existencia y dormirá junto a ti cobijada bajo tus mantas. No, amigo, la soledad es indivisible del cuerpo y te acompañará hasta el último aliento, cuando nadie esté junto a ti para cerrarte los ojos.

-No- respondió el hombre mientras roía tristemente un hueso- ella también me abandonó y no dejó nada a cambio, siento su vacío como un rasgón sin herida en mi pecho, ahora todo me sabe a nada.
El hombre se largó a llorar, pero era un llanto estéril igual a una nubada cualquiera que nadie entiende porque cae, ni siquiera esa extemporánea lluvia que pareciera avergonzarse de sus extrañas lágrimas. Jonás no intentó consolarle porque se dio cuenta que aquello era el simple reflejo de un sentimiento, un espejismo que navegaba en las honduras de un pecho vacío.
-Algún día puede que regrese tu soledad amigo mío. Lo que es yo, la atesoro dentro de mí como lo más sagrado. Ten mi bolso para que te acompañe y encuentres en él, comida y buen vino para calentar tu vacío.

Y Jonás emprendió el regreso, tanteándose a intervalos su cuerpo vigoroso. Ahora ya tenía motivos para tomar su lápiz. Escribiría sobre una soledad que huyó de su dueño para cobijarse en su propio pecho…











Texto agregado el 17-03-2006, y leído por 196 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
08-04-2006 Muy buen texto en el que tocas de forma brillante el tema de la soledad. Felicidades. Un saludo de SOL-O-LUNA
22-03-2006 este texto debería ser material de lectura obligatorio. que angustia más grande debe ser quedar sin soledad, es como morir, la nada misma anemona
22-03-2006 Excelente texto,siento que entra y se clava en el alma, no se por qué pero me produce angustia.Creo, que hay personas que tienen la soledad tan adherida, que estando en medio de mucha gente se sienten solos.Eso pienso que es cuando no existe esa comunión de almas que es tan importante, y que a veces la encontramos cuando menos lo imaginamos,y al hacerlo nos sentimos felices, aompañados comprendidos y queridos.***** Besitos Victoria. 6236013
20-03-2006 Así es, nunca hay que guardar el lápiz, y menos el tuyo.Qué mágico es... entrelineas
19-03-2006 muestras acá algo que es difícil de transmitir, lo buena compañera que es la soledad. Saludos iolanthe
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