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Cuando Mami me trajo a casa, en lo primero que me fijé fue en los cuatro dientes de Nena, brillantes de babas. Yo era un regalo por su cumpleaños y supe que le había gustado porque, nada más desgarrar el papel de payasitos y verme, me dio un abrazo. Luego vinieron los bocados. Mami dijo que era porque estaba echando los colmillos y eso la ponía rabiosa. El primer mordisco me arrancó un ojo y Papi tuvo que meterle los dedos en la boca para sacárselo y evitar que se ahogara. Estuve tuerto durante un tiempo, hasta que vino la señora Eduvigis con su corazón de tela pinchado de alfileres y agujas y me cosió un botón blanco. Mami me pintó el iris y la niña para que viera. El segundo mordisco me dejó el morro colgando. Le cogí un poco de miedo a Nena así que cada vez que me tiraban desde arriba, concentraba todas mis energías para intentar caer al suelo y, a ser posible, debajo de la cama. Alguna vez lo conseguí. De aquella dentellada me quedó una cicatriz que ni las puntadas primorosas de la señora Eduvigis pudieron camuflar. Cuando se le pasaron las ganas a Nena de dar bocados, quiso saber lo que había dentro de mi barriga y me la rajó con su navaja de Scout. Otra vez la aguja y el hilo cerrando la herida. Después estuvo un tiempo sin hacerme caso hasta aquel bonito día de primavera en que me metió entre sus piernas y se restregó con mi cuerpo y me dio un calorcito muy rico. Le cogimos gusto al juego y cada dos por tres la tenía encima moviéndose sobre mi felpa. De aquello me quedaron unas calvas pero no diré que lo siento. Entonces apareció Nico, me dejó a un lado y era con él con quien se tumbaba en la cama sin importarle que yo estuviera debajo y me aplastaran con tanto peso. Aquél chico no me gustaba. Tenía la cara llena de granos y un cuerpo de esqueleto con joroba y todo. Esperé a que aquello se le pasara como lo de los dientes pero aunque después de un tiempo él se fue, vino otro y ella nunca más volvió a hacerme caso.

Hace tiempo que Nena se marchó. De vez en cuando, Mami entra en la habitación, se sienta en la cama, me coge, me estrecha contra su pecho y se queda así un rato. Yo también la echo de menos.

Texto agregado el 24-03-2006, y leído por 99 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
26-04-2006 Excelso........***** impresa
28-03-2006 jajaja es buenoooooooo Soy_Naixem
27-03-2006 Me admiro de esa facilidad de ponerse en lugar de las cosas, de hacer sentir a los objetos. Es una técnica que además de realzar la cotidianidad inanimada, nos informa, a la contra, de la oportunidad que perdemos en no darnos cuenta de lo que verdaderamente vale un peine, la vida "animada" de las personas. azulada
27-03-2006 Qué bueno, hacer hablar al osito. Cinco estrellas aquí y diez por allá. juanrojo
24-03-2006 Ahí se hace verdadero el dicho de que: "Cuanto peor la tratas más te quiere". Que no cunda el ejemplo. Besazo. leante
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