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UNA BRIZNA EN EL UNIVERSO

Nunca pensó que la humillación haría parte del trabajo que llevaría solucionar el problema de pobreza en sus tierras. Efraim ya había realizado la agricultura y oficio casero en sus montes andinos, y aunque hubiera sido sembrando droga y viviendo no tan lujosamente por necesidad, nunca lo había hecho rebajándose como lo hacia ese día para subsistir.

La poca hospitalidad y las malas condiciones en las que estaba viviendo en la Paz, lo hacían preguntarse que seria lo que lo llevo a huir de su tribu y sus costumbres, porque no estaba cabalgando en los Andes y observando sus altos montes y peligrosos volcanes, porque no se resignaba a cambiar el estado en el que le había tocado nacer, y porque no se aceptaba que el junto con el resto de indígenas eran briznas de materia revoloteando por el universo.

Las circunstancias lo llevaron a unirse a un sindicato en la ciudad. Con este Efraim cambio su vida. Se dedicó a educar a los hijos de trabajadores y a la realización de una asamblea, en donde trataran la igualdad del indígena y del campesino en asuntos trabajo. Su pasado indígena se unía con su vida de trabajador, organizando a los compañeros, participando en asambleas, discutiendo con los otros indios, convertidos en obreros, las miserias de su pasado, la oscuridad de su presente y con temor de que se repitiera otra vez la misma historia de humillación en esos mismos niños a los que ahora enseñaba una lengua que no era la suya. Desde el pasado, transformaba su vida, que se había iniciado en las montañas de Cochabamba y que ahora vivía esa otra forma de aridez que era la lucha contra los poderosos.

La asamblea de los trabajadores indígenas trascurrió lenta y la dedicación de Efraim fue sentida por sus compañeros. No tenía muy claro qué hacía, ni porqué lo hacía, simplemente quería demostrarse que podía hacer algo productivo en su vida, y poseído por una fuerza que lo impulsaba a estar cerca de los hombres que como él tenían la piel morena, el cabello negro y la mirada melancólica, que la tenían solo los que habían conocido el frió de la montaña, la rudeza del viento y el hambree. Terminada la reunión, le vino la sensación de siempre. Con aire de resignación, abandonó la sala y a los otros trabajadores y partió con la desdicha de siempre. Avanzó rápidamente con la precaución de siempre, sin mirar atrás, huyéndole a esa realidad que no quería afrontar, pero de la que a la vez huía, en medio de esa ciudad triste y llena de peligros.

Dos cervezas acompañaron su desolación hasta cuando fue interrumpido. Un hombre tan pequeño como él se sentó a su lado. Le pareció conocido, pero Efraim siguió bebiendo sin darle importancia. Se llamaba Mario y era un hombre de la política, quien además de felicitarlo, le invitó a participar en las reuniones del Partido Movimiento al Socialismo. Los ojos de Efraim brillaron. En su mente de indio surgía la imagen de la pobreza. Después de otra cerveza, terminó aceptando la propocision.

A diferencia de los otros miembros del partido, por primera vez se sentía a gusto. El trato era igual para todos y su opinión importaba. El objetivo era claro: Buscar la primera presidencia de un indio, para lo que tendría que trabajar en la campaña. A cambio recibiría un lugar importante en el Estado.

No fue fácil. Organizó extenuantes caminatas, pero no observó cambios y se desesperó. Tanto molestarse y trabajar arduamente para que todos se fueran a donde el imperialista corrupto de siempre. Llegó a odiar a la sociedad, tanta ceguera le era imperdonable, no le gustaba que votaran por la guerra y la desigualdad, y que eligieran a ladrones para el manejo del poder. Tanta mentira lo frustraba y enfurecía y lo puso a buscar algún medio que le pareciera efectivo, que con el tiempo se le presentó.

Fuertes enfrentamientos y bruscas advertencias alarmaron a los medios de comunicación, que fueron inmediatamente a la protesta. Siempre presentaban reportajes malos o información infiltrada. Efraim buscaba la oportunidad de hablar, pero los medios le negaban la intervención, hasta que la tuvo que forzar. “Son unos corruptos”—dijo Efraim—“Siempre aparecen detrás de esos finos trajes, ocultando con bellas frases la guerra que piensan desatarnos, simplemente nos toman como fichas en un juego de mentiras, en el que saldremos perdiendo. Solo quieren concentrar el poder y tenerlo todo ellos, los terratenientes, sin contar que en mi pueblo se mueren de hambre y se desdichan diariamente de vivir sin derechos. Solo quiero que piensen en ellos antes de regalar sus votos”

La noticia se trasmitió sin omitir palabra alguna, por lo que causó gran conmoción entre los indios. Los medios hablaban de un futuro prometedor al Movimiento Socialista, las encuestas dieron un giro y los últimos pasaron a ser los primeros. Efraim sentía mucha felicidad, pensaba que por fin se había dado a conocer y que al final habría justicia para las personas como él.

Pero por ser la felicidad un estado que dura poco, luego le dio paso a la tragedia, que vino reflejada en una carta. Efraim la abrió como cualquiera de las enviadas por su familia, mas esta le causó desmayo inmediato. Despertó luego de cuatro horas y en su rostro seguía reflejado el miedo que le produjo ver aquel papel, que decía:

Julio 13.
Le expresamos nuestras condolencias y compartimos el dolor por la muerte de el compatriota Efraim H. Mendoza.
ATT: FADB (Fuerzas armadas de derecha boliviana).

Esos fueron días de encerramiento y reflexión. No poder hacer nada por su país en momentos tan críticos lo desesperaba, pero la amenaza y la muerte le impedían salir. Se informaba por las noticias y desde allí acompañaba el buen momento del partido. Lo exasperaba tanta injusticia y falsedad en el mando que tenían, en una sociedad de porquería, que lo juzgaba por ser un indio, por lo que le parecía estar viviendo entre gente mala y sucia. Los días pasaron preguntándose por su origen. Volvió a beber. Que seria de el? estaba en manos de otros, pues no sabia qué esperar estando al margen de la sociedad. Solo estaba esperando que pasaran las elecciones.

Se cumplió su sueño. Ahora los indígenas estaban al mando. La esperanza se albergó en su corazón, junto con un miedo terrible por lo que iba a venir y la manera como lo iba a afrontar. Ideas y propuestas pasaban por su mente, pero todo se opacaba a causa de la amenaza. Entonces llegó aquella llamada. El mismo Presidente lo llamo a informarle que podía estar seguro de su bienestar afuera, que lo quería junto a él en su discurso y asi poder darle una noticia.

El calor hacia apacible el discurso. El Presidente daba gracias a todos por el logro alcanzado y prometía cosas cumplibles. El viento de la montaña le recordaba su niñez, las competencias con su hermano por las montañas desafiando los peligrosos escalones, recordaba su idioma quechua, recordaba a su padre al regresar del trabajo con el dolor de la droga embadurnada en sus harapos rotos, y recordó a su madre poniendo las velas para hacer luz mientras le enseñaba a el y a su hermano las virtudes y cultura de un indígena. El Presidente continuaba, estaba nombrando los cargos que otorgaba, cuando nombró a Efraim para ser Ministro de Defensa. Satisfecho por primera vez en su vida, Efraim abandonó la plaza con el paso lento de siempre.

Al día siguiente Efraim tendría una cita con un gringo. Seguramente le iban a ofrecer plata, y era en ese momento cuando Efraim tendría que recordar lo que significaba ser indio.

Texto agregado el 05-04-2006, y leído por 155 visitantes. (0 votos)


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