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Se encontraron a la salida de la sala de cervezas. Caminaron juntos hasta decidir la desviación de sus planes individuales. Ambos viraron por la esquina contraria, medio tambaleándose, hasta entrar a otra sala de alcoholes. Llevaban más de un mes sin verse. Por eso, las botellas de a litro, en el barullo del resto, se sucedieron una tras otra, como ataque de hipo. Lo mismo aconteció con los cigarros, que partieron en cajetilla y terminaron sueltos.

-“¡Te lo re-contra juro compadre, literalmente era una libélula. Sí, de esas que podís encontrar en el río, las que parecen helicóptero!”

- “¡Te volviste loco weón. El diagnóstico es definitivo: tanta pasta base te cagó la sesera, y ya córtala, mira que no te creo nada! ¿te sirvo más?” -le llenó el vaso otra vez y le puso el dedo a la espuma para que no chorreara-.

- “¡Es en serio gancho, y más encima caminaba con un ala quebrada, amarrada a duras penas con alambre. Tenía cuatro, dos en cada lado. Un par arriba y otro abajo. Me cobró con aperitivo y bajativo incluidos! La cara le brillaba con tanta crema. El rojo del lápiz labial hacía ver su boca como un pimentón de la feria. Hablaba de corrido y su mirada parecía buena. Tenía un olor intenso a orquídeas”

.......

En la mina lo único que queda para matar las horas son las shoperías. El día en que los amigos se encontraron pidieron unos churrascos para matar el hambre y amortiguar la curadera. Ají y mostaza salieron a la pista. Batir de mandíbulas y eructos también. Uno andaba con el turno de ‘los siete por siete días’. Mitad metido en la faena; un cuarto metido en la cantina y el otro para apenas dormir. El segundo era más aperrado aún: trabaja subcontratado, así que el descanso era una concepción extinta en su planificación.

- “Cuando se sacó los tacones, le siguió el corsé, allí le pude ver la silueta a las alas. Luego prendí la luz y me cagué de miedo con sus ojos. Se habían transformado en dos bolones negros del porte de una lúcuma. Tenían un brillo de piano lustrado. Así vista parecía una abeja, claro que con el poto más largo y enrollado hacía adentro. Larguirucha y medio curca. Sus antenas me hicieron cosquillas en el cuello, todo el rato que estuvimos juntos. Yo estaba ebrio de tanto pisco con Coca Cola. Fue simpático verla montada encima con su cabecita de membrillo. La verdad, es que hasta allí, hizo bien su trabajo, no tengo nada de qué quejarme. Es más, al verle su alita rota, me puse compasivo y le hice cariño un rato. Cuando me pidió que le susurrara cosas bonitas, lo hice sin chistar. Ni siquiera me sentí ridículo cuando me pidió que le tarareara una canción de Ubago”

- “¡Voh, te volviste loco! –dijo el otro que ya casi no controlaba el balanceo de su cabeza, y sin embargo se mostraba más entusiasmado y atento-.”

.....

En las noches del farwest nortino, las libélulas se vienen del río a la ciudad. Arrastradas por el viento. Se paran por toda la avenida Granaderos con sus carteras de charol rojo y negro. Les gusta pararse debajo de los postes de luz porque allí las imitaciones que les cuelgan de cuello y orejas, ruidosas como pandero, relucen como si fueran las joyas de la reina del cuento. Las lentejuelas del traje y las medias caladas, les da su qué y esa estampa de putas caras, con carné de sanidad al día. Algunas llegan de Salta y Jujuy, casi todas vienen de Ovalle. Se paran en la bajada de Chuquicamata a ver pasar los buses llenos de mineros, que traen los turnos.

-“Cuando estábamos en el privado le armé el tremendo escándalo. Tuvieron que venir los pacos. Me sentí estafado. Me acordé de las tallas en el camarín. ¡Sí weón, cágate de la risa no más, era un hombre disfrazado de mujer, uno de esos travestis del circo de los maricones que se paran en la avenida!. Cuando le vi ‘su cosa’ arrugada y marchita, me bajó una rabia incontenible. Parecía una pasa de uva blanca. Vomité como si tuviera la gastroenteritis. No aguanto el olor a mierda, gancho. Más encima no me quiso devolver la plata el maldito tábano. Allí fue cuando dejé la tremenda cagada, te juro que no me pude contener.”

-“¡Por las re-flautas compadre!, ¿y qué embarrada se mandó?”

-“¡Le quebré la otra ala, y que agradezca a Dios, que si no me lo sacan de encima, se las quiebro todas!”

Texto agregado el 09-05-2006, y leído por 667 visitantes. (13 votos)


Lectores Opinan
18-01-2007 Ese estilo tuyo que atrapa, ya sé bien que me encontraré con esa cortina de humo, con un algo de cerveza y la historia más insólita, cuando de bares se trata, pero me encanta, ya sé que sólo moveré el mouse para avanzar en el relato que esta vez me pareció más que fantástico por el simple hecho que nada fue predecible, el lector trata de adivinar, de adelantarse, pero nada. Aparte que el desenlace me parece brillante, porque no se encarga de aclarar nada y uno se queda con la imagen de la libélula y el travesti con cara de algo...Genial, un buen texto para una mañana de lecturas por la casa azul, se le agradece como siempre, compañero y se le dejan las correspondientes estrellas, que bien sé que te importan un carajo, pero que me gusta depositarlas por donde paso siempre y cuando la magia haya sido completa. FaTaMoRgAnA
20-05-2006 Gracias por la invitaciòn es muy bueno tu cuento.saludos aidamillanhidalgo
18-05-2006 Muy bueno, me gusta como cuentas las cosas de todos los días, de la gente que existe en este mundo. gamalielvega
17-05-2006 Eres un suceso para mí, te seguiré y gracia***** impresa
14-05-2006 ha , y gracias por la invitación , muchas gracias akiria
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