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Magnolia la seño que comía pared sin aderezo de ciruela aunque tenía un ciruelo frente a su ventana se levanto muy temprano, a eso de las doce al mediodía, en la hora sin sombra.

Tragando pared fue derribando sus demonios y no quedó más que un montón de polvo sobre las muelas caídas de la seño. Al mirarse en el espejo no vio su reflejo, no encontró donde poner el lápiz de los labios o la pestaña postiza, solo vio la pared roída como por un gigantesco ratón. Bajo la falta, con sus cabellos gruesos se enredaban con la crema depiladora las boronas de pared que caían de su boca y el tetero de las ocho de la mañana, con la camisa de cuello blanco para planchar y con la tarea de mandarín par su hijastra vagabunda, pero ella nada vio.

-Carajo! ( Gritó con tanta rabia que parecía que sus ojos se fueran a salir de sus orbitas…) yo me la comí, enterita y sin aderezo de ciruela, como quien se come el mas suave de los manjares..y.. Que?.

Un ladrillo menos, un espacio por donde se cuela la luz de la mañana, un muro por reconstruir…y sin mucho esfuerzo se fue dejando llevar por el viento de mayo; con virgencita, flores y cruces de mirto. Con sacacorchos para celebrar la tomada de la ultima pastilla y las gotas bajo la sombrilla. La pastilla hoy no hizo su efecto.

- ¿De que te ríes idiota?... De verme comer pared de cemento y cal, acaso de niño no tragabas tierra; y ahora te ríes de verme atrapada entre estas cuatro paredes blancas sin el más mínimo de respiro, mirando todo el día al agua filtrándose por la humedad de la pared del sur que da al jardín de los ciruelos. Arroz con almendras para el almuerzo, mierda se quemó la yuca. Un pedacito para aliviar el calor, ladrillito rojo para el sudor, piedrita verde para que se me pase la hora, esta mala hora y que no vuelva jamás. Me gustan las piedritas verdes, mas que las malditas piedras blancas, que son sosas y sin grasa por dentro, pero mi adicción mayor es el cemento, viscoso cemento que baja por mi garganta, cal dorada generadora de energía vital, tan vital como el sol sobre los malditos cerezos.

Aunque parezca muy extraño la seño comía paredes, derribaba muros a muelazo limpio, talvez tratando de abrir un agujero tan grande como para pasar por él el resto de riñón que le quedaba.
Si!! Riñón. Porque el corazón ya lo tenía frito con cebolla y pimienta amarga, pimienta de resignación. Seño te regalo un muro nuevo para comer, te lo regalo con salsa de rábanos o chiles verdes fritos, Adiós seño. Espero verte pronto por entre el hueco de tu infinita pared.



Texto agregado el 11-05-2006, y leído por 184 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
30-07-2006 Deberían hacer las paredes de hojaldre. Me inclino kaia
06-06-2006 como siempre me encanto aria
24-05-2006 Surrealista, pero disfrutable, como una pared sin aderezo de ciruela. Saludos! migueltr
 
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