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Era un cielo oscuro, tenuemente iluminado por la luna, escondida entre los nubarrones. Pero, no era la única fuente de luz, un par de pequeños puntos, uno en un fuerte rojo carmesí, mientras que el segundo es un bello tono verde esmeralda, danzaban irregularmente como si estuvieran jugando a esquivar las gotas de lluvia.

Por un momento, parecieron como las libélulas de primavera, pero algo diferente había sobre ese par. A veces se detenían, como tratando de observar sus alrededores y luego retomaban su baile silencioso.

El paseo de la gran Selena continuó, el disco plateado marcaba con su ruta el tiempo transcurrido. Los puntos continuaron explorando, hasta que algo captó su atención.

Sobrevolaban un amplio cuerpo de agua, sus ondas constantemente variaban su rostro, pero había algo más ahí. Inamovible, humedecido por la capa de lluvia, y que desprendía un delicioso olor a tierra mojada.

Los puntos se dirigieron lentamente hacia aquella protuberancia oscura. Conforme se fueron acercando, notaron la dulce fragancia de amplia variedad de los frutos de Gaia. Lo que más abundaba, eran los manzanos, los cuales coloreaban el paisaje con sus blancas flores.

En el centro de aquel diminuto terreno en medio de la nada, uno de los tantos manzanos sobresalía de sus hermanos, Sus frutos, también, eran grandes y hermosos. Ambos luceros se acercaron y tocaron tímidamente uno de sus frutos.

Su luz bajó de intensidad, y finalmente sus cuerpos tuvieron forma, humanoide de origen, pero con un par de alas que parecía ser de mariposa. Sus rostros eran finos y pacíficos, un hombre y una mujer, diminutos ante el tamaño del fruto, él vestido con una armadura de un fuerte color rojo, adornado con diminutas piedras preciosas, una corona dorada descansaba en su cabeza, acompañada de una hermosa melena sedosa del mismo color del sol. Ella, en un hermoso y largo vestido azul, haciendo juego con su cabellera ondulada y de una tonalidad rojiza como el caoba.

Ambos se tomaron de la mano y asintieron, su brillo creció aún más que antes, rodeando aquel imponente manzano. Algunas de las manzanas empezaron a flotar y su tamaño crecía aún más. La luz parecía que provenía del mismo árbol y pronto toda esa parte de la isla se iluminó.

Cuando la luz empezó a disminuir, un gran castillo rodeaba ese terreno, parecía construida en blanco mármol, la entrada era cuidada por una hermosa doncella, en vez de brazos poseía unas hermosísimas alas las cuales formaban, junto con el vientre, el arco que parecía ser la entrada del recinto. Su mirada al frente directo al norte.

El resto de esa construcción se observaban balcones, todos bellamente iluminados con orbes de diferentes colores. Sus ventanales eran pintados con hermosas fantasías y leyendas que recorrían generalmente en las bocas de aquellos gigantes conocidos como humanos. Y las columnas eran finamente retocadas con enredaderas que invitaban a formar un todo con aquel lugar.

Y en el centro de la estructura, permanecía intocable aquel manzano frondoso, sus frutas como guirnaldas decoraban solemnemente el jardín que allí se anidaba. Las dos criaturas se acercaron y cada una tomó una manzana y sobrevolando el resto de la isla regaron sus semillas y su jugo.

Como si despertaran de un sueño los árboles se movieron, un aura extraña rodeó todas las plantas, flores y matorrales, jóvenes doncellas salieron del interior de los troncos, vestidas con hermosos atuendos formados con hojas y flores primaverales.

De las plantas se escuchaban risas y flautas y los faunos le dieron color al silencio con su música. De la luz emanaron más puntos brillantes los cuales se unieron a la fiesta que ahí se estaba creando.

Finalmente la pareja se dirigió al jardín principal dando la bienvenida a todas esas criaturitas que jugueteaban por ahí. Sobresalieron las raíces y crearon dos asientos macizos, que acogieron a los dos, quienes con una sonrisa y un suspiro finalmente descansaron.

Con una fuerte voz, el hombre se levantó y dijo: “Criaturas de los sueños y esperanzas, de castillos en el aire y de ilusiones puras, yo soy Lord Oyeron y a mí lado se encuentra la hermosa doncella, Lady Titania, que este despertar sea el definitivo y podamos vivir en la alegría en la mente de los gigantes, siéntanse cómodos en este su nuevo hogar… el cual será conocido como: ¡AVALON!!”

Texto agregado el 19-05-2006, y leído por 87 visitantes. (0 votos)


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