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Inicio / Cuenteros Locales / gui / La porfía de la historia que no merece ser contada

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Me lo susurraba, a veces me lo gritaba, yo escuchaba y trataba de acceder a su voluntad, pero, en honor a la verdad, ella me parecía demasiado deslavada, sin gracia alguna, un asunto espurio que, para hacerlo digerible, debía sazonarlo con los mejores aliños y siendo así, se me desfiguraba, ya no era la misma cosa. -¡Escríbeme!- me decía con algo que se parecía mucho a una garganta desgañitada y yo me negaba a hacerlo porque consideraba que no tenía ningún mérito, que era un asunto demasiado insulso que no merecía ser retratado en el papel.

Llegó el momento en que la historia no escrita, aquella que permanecía en ciernes en mi memoria, se me apareció en sueños, se vistió de tules, danzó delante de mí para seducirme, pero bajo esa vestimenta lúdica, aún en el territorio de lo onírico, continuaba siendo para mí un episodio nimio, triste, opaco. Y me mantuve en mi posición, negándome a escribirla aún en esa imprecisa frontera en que se transita dormido.

Cierta mañana, mis manos se agarrotaron, como si yo no tuviese dominio alguno sobre ellas y en mi mente comenzó a oscilar como el péndulo de un reloj la frase: -esta vez lo harás, esta vez lo harás. Sacudí mi cabeza espantado y de inmediato mis manos se soltaron y obedecieron a mis órdenes. Aterrado por el acontecimiento aquel, temí que en cualquier momento, la historia aquella, me tomaría por asalto, me invalidara por completo para transformarme en un muñeco que quedaría a expensas de su voluntad.

Intenté pues, escribir esa maldita historia, mas, pese a todo mi empeño, ello no fue posible, no alcanzaba a elaborar un par de frases, para cejar casi de inmediato en el intento, era inútil, esa cosa que se negaba a desaparecer de mi memoria, era algo estéril, un territorio yermo que nada producía y que aún así, persistía en su enfermizo deseo de transformarse en rimbombante prosa. Y cual matraca infernal, retumbaba en mis oídos con sus acentos huecos y sus acontecimientos inacabados porque, de todos modos, tenía la compulsiva pretensión de brillar alguna vez en un texto, de saltar a la garganta y al acerbo de mucha gente para perpetuarse en acentos y ecos que no la merecían, no, no la merecían.

Comencé a temer dormirme pues sabía que en ese estado yo estaba inerme y a expensas de sus acuciantes demandas. Con mis ojos abiertos como pequeñas lunas oteando la noche, soportaba sus embates, sabía que por algún flanco se aparecería aquel diabólico pordiosero que exigía a grandes voces su limosna. Repasaba su amorfo cuerpo, lo desgarraba para mirarlo al trasluz, tratando de encontrar algún filón inexplorado pero no, no tenía remedio, era absoluta y rotundamente la historia que no se debe escribir y ello, simplemente, porque no era más que condensación de polvo, aserrín existencial, residuo inocuo.

He aprendido a vivir con esa historia que a veces es un horroroso arácnido que trata de emerger por mi boca, por mis narices o por mis uñas. Es terca en su ciega resolución, no claudica y sin que yo me lo proponga realmente, a menudo se filtra en mis escritos y trata de mimetizarse en ciertas frases. Lentamente, casi imperceptiblemente, ha aprendido a convertirse en una ligera emanación que se condensa luego en los contrafuertes de mi caligrafía. Ya no me susurra nada porque se ha hecho maestra en una diversidad de artimañas para materializarse, la más cruenta de todas, cuando se encarama sobre la grupa de otras historias dignas de ser contadas. Allí siente que es parte de ellas y eso le da sentido a su lucha. Pero eso no ocurre porque lo que realmente consigue es destruir aquella historia, transformándola en palabrería vana que se hace polvo antes de tocar el papel.

Lo peor de todo es que esa historia parece ser interminable y pienso que sólo la Nada la supera en su insustancial vastedad…












Texto agregado el 09-06-2006, y leído por 182 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
17-06-2006 Te entiendo, esa historia que ronda la cabeza, que no merece ser contada y que sin embargo no nos deja en paz. Sólo que vos supiste expresarlo. Besitos y estrellas. Magda gmmagdalena
13-06-2006 Antes te decía que me encanta cuando escribes tocando determinadas notas, pero olvidé decirte que también cuando "no son más que condensación de polvo, aserrín existencial, residuo inocuo." En realidad, es que me encanta como escribes.***** entrelineas
 
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