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Suficiente. Mi vida ha girado, desde hace quince años, bajo una misma rutina, un mismo camino sólo truncado los sábados y domingos. Mis pocas alegrías se las debo a triunfos innatos logrados por la escuadra escarlata. A este viejo ya le hace falta algo para vivir mejor. Cuando entré a la oficina creí que era lo que me hacía falta. Airecito, tomar el fresco. Pura verga. Al principio todos se portan de la manera más amable posible. Pinches lambiscones. Hola, cómo vas, hombre. Bien, bien. Primero te hacen creer que encajas y luego te encajan en el primer rincón que encuentran, aunque no sea de tu medida. Quince años en el mismo puto puesto. No te preocupes, acá los asensos son consecuencia de un pequeño trabajo. Claro, no cuesta mucho abrir las patas. Pero yo nunca lo he hecho. Comienzo a pensar que es necesario. Así es, todo tiene su precio. Que lo paguen otros. yo me quedo con lo mismo. Ahora que, no es mala idea. Me acuerdo cuando decía, puterías pa’ los jodidos. Estoy jodido, pero mi autoestima da para más que eso, así estoy bien. Aburrido, pero bien. Dos días de descanso a la semana. Uno, el sábado, para ver el fútbol, pero sin ir al estadio. El domingo para ir a casa de los viejos a escuchar sus reclamos y que me regañen, me repriman, como lo hacen en el trabajo. Malditas empresas gringas. Son chingaderas. Ser sacerdote hubiese sido algo mucho más emocionante. Tener mis queriditas y con el perdón de Dios. Qué Dios me perdone por haber desertado a la carrera a dos años de terminarla, acúsome pecador y chaquetero. Son las seis de la mañana, como todos los días, y me cuesta trabajo levantarme. Por un momento quiero sentir que lo tengo todo, que mi TV de veinte pulgadas es demasiado grande, que hay comida para dos semanas, y que de nuevo el Toluca va a ser campeón. Pero pinche tele culera, pinche comida echada a perder, podrida, el Toluca, sigue siendo esperanza. Me levanto y no hay agua caliente en la regadera. Como cada invierno, tengo que usar el calentador. Puta, hasta calentador nuevo me hace falta. Este ha de tener como diez años. desde que me dieron mi único y primer aumento de sueldo. Con el trabajo que me costó conseguirlo. Iba a tener Novia y necesitaba ingresos extras. Detesto tener que verle la cara a esos pendejos de la directiva, más a Meléndez. La extraña combinación de frío y agua caliente, que después de caer al cuerpo se convierte en hielo, es una mezcla no apta para menores, ni para mayores. La camisa blanca es algo de lo rescatable, puedo usarla hasta cinco días, toda una semana de labores, si me tomo la molestia de ensuciar las zonas aledañas al cuello y partes visibles. La última que me compré fue hace un año. Un suceso emocionante, ir de compras. Comprar unos calzones, dos pares de calcetines y sanseacabó. ¿en qué gasto mi dinero? A diario como en la calle y mi cocina está siempre sucia, bueno, si es que ese territorio, que abarca la estufa, se le puede llamar cocina, además, ni trastes tengo. Los impuestos llegan puntuales, cuando olvido pagarlos, gasto doble en traslados de un lugar a otro. Me ahorro cuatro pesos si los pago de paso al trabajo. Hoy de nuevo tomaré el subterráneo. Nomás de ver el asco en que se ha convertido la cocina, se me quitan las ganas de comer. Me encuentro con algún puesto en el camino, eso me basta. son siete estaciones hasta Pantitlan, luego transbordo a la línea 1 y de allí hasta Balderas. Que chingen su madre, mejor tomo el colectivo hasta metro Bulevar puerto Aéreo, de todos modos, hoy, parece, no hay tráfico en la Zaragoza. Sirve que me duermo o leo el metro, de las cosas divertidas de mi vida, que, por supuesto, no tiene nada que ver con el trabajo. Allí nunca me pasa nada bueno, no sé, caerme de las escaleras, ser atropellado, agarrar las nalgas de Leticia, la secretaria del jefe. Los ozonóboros se ven prometedores. Ja, ja, ja, ja. Ja, ja, ja, ja. Patrulla descompuesta, “ es lo malo de ser policía” está cagado. Pinche policía pendejo, se le descompuso la patrulla. A mí ni eso. Qué pinche hueva. Llegamos. “Gracias, don chofer”._____. No me haga caso si no quiere. El subterráneo está desierto, no hay gente en la taquilla y nomás necesito dos boletos. Pago con una de a diez y me con el cambio me compro un jugo de naranja. “Dos” “gracias”______ otra cabrona que está sorda. Me quedo jetón de aquí a Balderas. Aleluya, alcanzé lugar, el último. Puta, lugar reservado. “siéntese, madre” no importa, sé que no a va decir nada. “gracias, joven” “ no se moleste, para eso estamos” ahora tendré que dormir parado cobijado por la multitud que pisa mis zapatos. Qué chingaderas, hasta aquí me pisotean. Hmmm

Hmmm. Chingao, otra vez me pasé. Tendré que regresarme una estación. Menos mal que las oficinas quedan fuera del metro, no hay necesidad de caminar. Vale verga, el puto de Meléndez. Nomás eso me faltaba para que el día fuera más culero que otros anteriores.
- puntual como siempre.
-así somos los subordinados.
-entonces te seguiré golpeando
-si no me pagaran por ser masacrado, el trabajo no sería trabajo. ¿ qué hay de tu carro? Mira que tú no tienes necesidad de usar el subterráneo para llegar al trabajo.
- se descompuso. Así es esto de tener automóvil propio.
Al carajo con el tipo. Yo me paso, sí alcanzo el semáfo....

Dónde estoy. ¿Y el puto de Meléndez?

- si serás pendejo. ¿cómo se te ocurre pasarte cuando ya no alcanzas semáforo?
-¿qué tengo?
- una pata rota

Gracias a Dios, comenzaba a aburrirme.

Texto agregado el 30-12-2003, y leído por 215 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
30-12-2003 Animoso intento...por ahi se empieza. A lo mejor hasta consigues el ascenso. Un saludo. nomecreona
30-12-2003 Bizarro... bizarro... y bueno. flucito
 
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