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Inicio / Cuenteros Locales / Balthamos / La misma moneda I: El Nacimiento (II)

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Capítulo 1º El nacimiento (2ª Parte)

No sabía cuanto tiempo había pasado desde que se echó a dormir, pero se encontraba bastante mejor. El espejo había resbalado hasta estrellarse con el suelo y romperse en mil pedazos. Agarró un fragmento desde la cama y se miró. Esta vez le costó distinguirse, solo se podía ver el contorno. Había deseado que todo fuese una pesadilla, pero por desgracia, seguía dentro de ella. Y no podría huir.

Recordó a la extraña mujer que le había visitado. No sabía nada de ella. No sabía cuales eran sus sentimientos hacia ella. No sabía si odiarla por haberlo convertido en monstruo o estarle agradecido por haberle dado la vida. Eran dos sentimientos enfrentados y debería decidir a favor de cual luchar, pero ¿por cuál decantarse? Era tan difícil...

Se incorporó de la cama sin saber que hacer. Recorrió la habitación con la mirada buscando algo que le hubiese pasado desapercibido, pero no había nada. El catre, la puerta y una ventana cerrada por completo y con una pesada cortina. ¿No le había dicho que por nada abriese la ventana? Se acercó hacia ella y retiró las cortinas lentamente. Un débil rayo de luz se colaba entre los resquicios, era de día. Tal vez pudiese huir de allí por la ventana y dejar atrás a esa mujer y también los extraños sentimientos que le recorrían de arriba abajo haciéndole estremecerse.

Abrió la primera hoja de la ventana. La luz se desbordó a borbotones iluminando todos los rincones de la habitación. Tanto tiempo estando en la oscuridad sus ojos no estaban acostumbrados a la luz y tuvo que cubrírselos con el antebrazo. Tardó un poco en sentir como un dolor empezaba a florecer en su brazo, su cara y en cualquier parte de su cuerpo que no estuviese cubierta. El dolor empezó a aumentar hasta notar como se quemaba. No podía aguantar. Había visto arder a brujas en la hoguera alguna vez en su aldea y siempre le pareció una muerte horrible, no quería acabar igual.

Luchando contra el dolor logró cerrar la ventana y pudo observar su cuerpo. Habían aparecido quemaduras por sus brazos y su pecho. El dolor iba remitiendo, pero aun sentía como si el fuego le recorriese dejando un sendero de dolor y agonía por cada rincón de su cuerpo. Gritó. Se tumbó en la cama y intentó dormir, pero el dolor no le dejaba conciliar el sueño.

Realmente el ya no era Melban, ya no era ese ser que podía disfrutar de la luz del Sol, que podía mirarse en el espejo. Pero entonces no sabía quien era ahora, ni que era ahora. La habitación estaba ahora completamente a oscuras pero se dio cuenta de que podía ver perfectamente en la oscuridad. Ahora era un ser de la noche, pero ¿qué clase de ser? Finalmente el sueño ganó la batalla al dolor y cayó rendido entre las sábanas.

Despertó enredado en la cama, el cuerpo apenas le dolía aunque aun quedaba un espectro del antiguo dolor. Despacio se incorporó y observó su maltrecho cuerpo, las quemaduras casi habían curado. Increíble.

Alzó la mirada de su cuerpo y quedó sorprendido, allí estaba ella de pie apoyada en la pared con los brazos cruzados observándole con detenimiento. Vestía igual que la otra vez, lo único que la diferenciaba del día anterior era la sonrisa que se perfilaba en sus labios.

- Veo que ya has abierto la ventana, has tardado menos de lo que esperaba. Ya habrás imaginado que no puedes huir de aquí, tardarías más de un día en llegar a cualquier lugar habitado, el Sol te sorprendería y morirías abrasado

- Entiendo... - Contestó cogiendo de nuevo un pedazo de espejo, su reflejo ya había desaparecido por completo.

- Y bien, ¿quién eres?

- Ya no soy Melban, pero, antes de eso... ¿Qué soy? ¿Qué somos?

- Buena pregunta. Ya no eres humano, ahora eres un ladrón de eternidad, un ser de la noche, un maldito, un no muerto. Somos los reyes de la noche, los dueños de la vida eterna, somos los que morimos cada mañana para resucitar al anochecer. Tenemos muchos nombres, pero generalmente nos conocen por el nombre de Vampiros. Ya sabes lo que eres, ahora es cuando yo quiero saber quién eres.

- No se quién soy, eso ya lo tendré que investigar yo, pero por ahora puedes llamarme Luizzic.

- Pues así sea. Bienvenido al mundo de los vivos, o mejor dicho, de los muertos, Luizzic. Hoy has dado el primer paso, mañana empezarás a aprender el significado de ser un vampiro...



Fin del primer capítulo.

Balthamos

Texto agregado el 23-06-2006, y leído por 225 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
11-11-2006 Excelente! esta muy bueno/ es que el cambio de vida que tuvo fue muy drástico y lo único que ahora le queda, es aprender a vivir como un ser de la noche/ me gusta mucho como vas narrando esta historia… sweettsu
07-11-2006 Es un interesante capítulo que te va introduciendo en el tam pero aún falta mucho por despejar de momento sobresaliente!!!***** josef
03-07-2006 Repito lo dicho; genial inicia para este vampiro. El personaje de la mujer también resulta atrayente. Espero ansiosamente la continuación. Un abrazo Ikalinen
24-06-2006 Me tienes clavada con esta historia, como son de mi gusto mas para que me agraden, cuantos capitulos le haras? 100? jaja (que exagerada soy). La disfrutare desde el inicio, hasta el ultimo capitulo que le coloques, quiero saber mas detalles de Melban. Se me viene a la mente ese libro. Estas historias me fascinan. Tu siguele Dave (si le consigues novia a Melban que se llame como yo jaja) esme_ralda
23-06-2006 Me alegro que sigas con tu gótico mundo de chupasangres, Has mejorado. Espero pronto el tercer capítulo. Apasionante 5* eneas
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