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Los sapantas aparecieron de pronto y como eran prudentes, hicieron un medio giro y se ocultaron detrás de un enorme peluche. La pequeña dormía profundamente y mirándose entre ellos con sus cuencas vacías, comenzaron a comunicarse con ese lenguaje misterioso que sólo ellos manejan.

-Es una niña muy hermosa y durmiendo parece un verdadero angelito- dijo uno que parecía tener mil años, pero que representaba mucho más por lo deteriorado de su aspecto.
-Por supuesto que lo parece- dijo otro, que no estaba a tan mal traer, porque todavía conservaba la quijada en su lugar.
-Todos los niños parecen verdaderos angelitos cuando duermen, pero esperen a que despierte-dijo una sapanta que no estaba nada de mal, ya que sus mortajas le caían con elegancia por su esqueleto bien delineado.

Los tres sapantas se aproximaron al lecho de la pequeña y la contemplaron con toda la dulzura que podía quedarles en sus desmejorados semblantes.
-Bueno, el asunto es que estamos acá porque la niñita esta, celebra mañana su cumpleaños y debemos darle una sorpresa. Por algo somos sus antepasados- dijo el más deteriorado de los sapantas.
-Quizás podríamos cantarle el Happy Birthday- sugirió la sapanta.
-Estás loca- dijo el que no estaba tan deteriorado y que, a la sazón, se llamaba Doménico- con lo desafinada que tenemos la garganta por el poco uso, de seguro que matamos a toda la familia de susto. Yo canto como un coyote destemplado y tú no lo haces nada de mal porque pareces rechino de puerta.
-Tú siempre tan poco gentil- dijo la sapanta, que según constaba en su lápida, se denominaba Fiorella. -Por esa tontera que has dicho, prometo no visitarte en cien años a tu derruido mausoleo.
-Vamos, no se peleen, que por eso mismo es que somos almas errantes- dijo Gino Florentino, el más deteriorado de los sapantas y arreglándose su agujereada mortaja propuso que olvidaran los cánticos y se abocaran a la tarea de dejarle un buen regalo.
-Propongo escribirle un lindo poema- dijo y aproximando su faz a un espejo, pegó un tremendo brinco.
-¡Dios mío que estoy apolillado-exclamó Gino Florentino y se santiguó con los dos dedos que le quedaban de su mano izquierda ya que los otros se los habían devorado los gusanos.
La sapanta pestañeó con coquetería pero fue tan violento el ademán que se le despegaron los párpados y sus dos cuencas vacías quedaron a la vista. Ella sonrió y una hilera de dientes amarillentos destelló a la pálida luz de la luna. –Nada que no pueda arreglar un poco de maquillaje- se dijo y comenzó a recitar:

Bella muñequita
preciosa turquesa
dormida en tu lecho
pareces princesa…


Doménico ensayó unos pasos de baile pero se le desprendió una pierna y renqueando se aproximó a la camita de la niña y apegando sus descarnados labios en su mejilla, le dio un sonoro beso.

La niña abrió sus azules ojos y sin demostrar ni una pizca de miedo, le preguntó al intruso:
-¿Quién es usted, señor sapanta?
Doménico, sorprendido, le contestó con voz temblorosa –Sssoy un tataratío.
La chica se sentó en su lecho y sonriendo le tendió sus bracitos y le dijo: -Que gusto tener un sapanta tataratío. ¿Y ustedes quienes son?
Fiorella se acomodó sus cabellos, con tan mala suerte que se le cayó la mitad de ellos, pero tuvo la suficiente prestancia para sonreír.
-Yo soy una tataratataratía y vengo a saludarte también- dijo toda modosa.
-Gracias sapanta tataretutataratía-dijo la niña y le estiró sus bracitos.
Gino Florentino, a su vez, se presentó como un tataratataratataratataratío y también fue recibido con grandes muestras de alegría.
Después, sapantas y niña bailaron una animada ronda y aunque esto originó que los lúgubres visitantes se desarticularan por completo, la chica se durmió con una amplia sonrisa en su bella carita.

Al día siguiente, cuando su madre la despertó, la niña le contó que había pasado la noche jugando y riendo con los sapantas parientes y la madre, sin inmutarse, le limpió los mocos y le dijo:
-Te dije que no comieras tanta torta, sabía que ibas a tener pesadillas.
La niña le dijo que tenía pruebas de lo que afirmaba, ya que suponía que debajo de su cama quedaban los brazos, piernas y cabellos de sus amigos sapantas, pero lamentablemente, el ectoplasma se diluye con la luz del día, así que finalmente tuvo que convencerse que todo no había sido más que un entretenido sueño…




Sapanta= Fantasma, espectro, según la enrevesada jerga de Paula, quien está de cumpleaños y para quien he escrito este humilde cuentito…























Texto agregado el 17-07-2006, y leído por 180 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
20-07-2006 Cuando empecé a leer no sabía que era un sapanta, pero enseguida lo comprendí porque soy muy inteligente, jajaja. Hermoso cuento, los niños son tan inocentes que no sienten miedo. Besitos y estrellas. Magda gmmagdalena
17-07-2006 Está preciosooooooooooooooooooo. Me reí con la parentela italiana, menos mal que no llegaron los sapantas orientales montados en camellos y alfombras mágicas o los tatatatatataratatata andaluces, se hubiese armado la tremenda fiestoca multiracial. Lo imprimo y se lo leo, graciaaaaaaas, don Guido Pacheco (pura formalidad) anemona
17-07-2006 Me encanta como lo has escrito, un gran regalo de cumpleaños. pepelmanco
17-07-2006 Que bonita manera de desarmar el miedo a través de la fantasía y el chiste. Pienso que a Paula le va a encantar. loretopaz
 
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