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El hermoso mar extendido más allá del horizonte reflejaba la luz mortecina de un sol en lontananza. Las gaviotas en circundantes vuelos matizaban la tarde con sus interminables graznidos, las olas cual marineros fugaces besaban la playa y regresaban de nuevo hacia el interminable movimiento que produce su vaivén incansable. La tarde se ponía cada vez sola, e iba dando paso a la noche, las sombras crecían para perderse cada vez más en la arena. Sentado, regocijando los ojos en el centellante paisaje estaba Facundo, acunando fantasías y evocando recuerdos que hoy en sus otoñales años, parecía que hubiesen vivido tan lejos de este siglo. Había vivido su vida, había sido amado y había amado mucho, estaba agradecido por lo que había tenido, su adorable hija y el no menos adorado vástago, el mismo que llevaba su nombre para felicidad de Facundo. Recordaba las veces de tantos esfuerzos para hacer que la lucha de los suyos fuera una constante en su vida, y esto lo complacía, pues los dos heredaron su temple y labraron los surcos de sus propios sembríos...estos recuerdos también daban paso a la fantasía que había llevado a Facundo a la soledad de la playa, lejos de la caleta en la que había anclado el día anterior, le venía a la mente la claridad de los ojos de la mujer a la que había conocido en un bar de una noche cualquiera pero que se quedaron en su retina por siempre, la profundidad de su aroma que le supo a los años lejanos de amores furtivos y de los grandes amores, evocaba su tiempo de largos y trajinados caminos y miraba al mar que ya en la oscurecida noche podía divisar solo la espuma de las grande olas que besaban la arena y cual estelas blancas marcaban la ruta de sus infinitos recuerdos. Ensimismado estaba, cuando de repente alcanzo a ver la figura esbelta que ondeando su mano al viento invitaba a Facundo a caminar hacia ella. No dudó un instante para darse cuenta que era ella, la mujer con la que se había visto en el bar de una noche cualquiera. Caminó hacia ella sin dudar de la vida, recordó sus caminos, vislumbró su destino y se fue caminando sobre el mar de la vida cuando ya la vida se había transformado en un bello recuerdo de lo que había vivido...

Texto agregado el 31-07-2006, y leído por 172 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
02-08-2006 Ese final... es hermosisimo! 5*!!! aruald
01-08-2006 Lleno de melancolia CAREN
31-07-2006 Buenísimo, bien escrito y pensado Mi_Playa
 
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