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(Final)


De inmediato un coro de risotadas se escuchó en la estancia. En realidad, los cortesanos eran mucho más desdichados que el resto de la población, puesto que bastaba un simple capricho del desalmado rey para que sus cabezas rodaran hacia la nada absoluta, sin una tumba conocida ni un mísero nombre estampado en la piedra que certificara su inexistencia. Por lo tanto, todos sus actos eran meticulosamente realizados, ni una palabra demás, ni siquiera un pestañeo, un bostezo o una sonrisa que delatase alguna fuga memoriosa.

La votación, forzada por lo demás, favoreció al anciano. Por lo tanto, antes que el rumor de las voces se aposentara en la habitación, un fornido hombre tomó de un brazo a la frágil muchacha y la colocó de rodillas sobre una plataforma. El rey le ordenó a la muchacha que inclinase su cabeza y esta, obediente y resignada acató la orden. A un gesto del rey, el verdugo levantó su cimitarra y cuando estaba a punto de descargarla, se produjo un deslumbre tal que todos cerraron sus ojos. El rey, absorto, trató de levantarse pero no pudo hacerlo. Inmovilizado en su reluciente trono, contemplaba con mirada extraviada a los demás. Parecía como si su cerebro hubiese colapsado con dicho destello, perdiendo todas sus facultades. El verdugo bajó su brazo y soltó el arma y al igual que todos, ensimismado con la luz, comenzó a repetir lo siguiente:
-Ningún villano tiene poder sobre la memoria de los hombres. Reivindicados aquellos que yacen en tumbas innominadas y que sean liberados de las oprobiosas ataduras de la tiranía insana para que puedan reunirse con los suyos en las parcelas mágicas.
De los ojos de Tannisa resbalaron dos hermosas gemas y existe la leyenda que dice que se encuentran hoy guardadas en una diminuta caja de cristal. Fermián se levantó, con su mente límpida como las aguas del río y todos, sin ningún tapujo, comenzaron a cantar, a bailar y a reír, ya a salvo del tirano que con su obsesión por lo memorioso, paradójicamente, les había obligado a olvidar su condición de seres humanos.

Fermián fue elegido jefe y patriarca de esa comunidad y respondiendo a la confianza de toda aquella buena gente, gobernó con justicia y equidad, eligiendo de paso a Tannisa como su eficiente secretaria. Del rey, nunca más nadie se acordó y esa es la mejor moraleja de esta historia...

F I N















Texto agregado el 27-08-2006, y leído por 195 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
29-08-2006 ......BLE...... serendipio
29-08-2006 ALGO PRECIPITADO EL FINAL PERO MUY BIEN REALIZADO TODO EL CUENTO, UN TRABAJO MEMORABLE REALMENTE INOLVIDA………. serendipio
27-08-2006 Excelente final..bravo por tu historia...Hummm, me recuerda a una similar... churruka
 
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