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Inicio / Cuenteros Locales / adrianu / Me enseño las piernas y quede sonso

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Es la recepcionista de una oficina, ahí llego y reviso los programas, soy asesor de sistemas y al centro de computo, ella me lo señala con una esplendida mirada, aunque ya hace mucho tiempo que se cual es el camino; ella es la puerta de bienvenida a la oficina. Desde hace algún tiempo, cuatro meses, no más, he sentido un trato mas especial a mi llegada y, trato de descubrir cual es la causa. Como si a mi entrada, su mirada dulce se prendiera de un foco y dada su flaca esbeltez, busto pequeño y una elegancia como si fuera una ejecutiva, como digo, su mirada dulce se prende de mi y, no hay duda que ella desajusta mi aparato hormonal, cuando intencionalmente, según ella, cruza la pierna y me la enseña. Y me imagino que las mujeres saben más de ello pues ahí adentro, tienen un centro nervioso totalmente seductivo y maravilloso. Aunque me enseña mas de lo normal y, no alcanzo a ver su calzoncito blanco, intuyo el color, ella como si sintiera clavada mi mirada sobre ese lugar mágico.

No pudo decir que tengo una aureola sobre la cabeza ni que soy un “santito” pero la felicidad me embarga pues el cariño que develo del pecho de esa muchacha, me va tendiendo poco a poco una bella trampa. Bueno, se que dentro de poco será la hora de actuar, unos días mas o unos días menos y,…bueno, la piel de esas piernas y esos ojos, serán los artífices de una felicidad para un ‘futuro próximo’.

El problema es que “si”, yo me he llegado a interesar por la muchacha desde que veo como le pone atención al libro de lectura que siempre llevo. Ese detalle ha sido el artífice de armar una predisposición individual hacia ella porque ahora se que el interés de ella hacia mi, nació de mi predilección a la lectura. Cuando veo su pelo Negro inclinarse sobre la pasta del libro, y al mismo tiempo de profesarme un espectáculo fuerte. No puedo dejar de verla y ella al notarlo, se sonroja levemente y hala su falda como si no se hubiera dado cuenta.

Me la imagino, pasando sus largos y finos dedos por mi corbata de ceda gris clásico tras una camisa bien planchada y blanca. Solo porque no soy presuntuoso, no me digo que muy bien puedo ser su “príncipe azul”. Y besar unos labios penetrantes…de unos ojos que jamás quiero que se cierren. Y claro, por supuesto que me la he imaginado bailando conmigo, pues llena todos los requisitos de clase y de “amor” que puede encontrase en una mujer.

En una ocasión; ya poco después de la hora de cerrar, la encuentro parada frente a su puesto. Las luces estaban tibias y las almas que bien nos hubieran importunado, hacia segundos que se habían ido. Casi quede parado frente a ella, así que le evite dar pasos hacia mi. Simplemente cerró los ojos. La tome por los hombros y baje mis manos por su brazo, lucia un escote amplio atrás de su espalda y, llegue a sus manos. Suspiró. La bese en sus labios relucientes y enamorados por el deseo de estrechar más nuestros cuerpos.

Retire mi rostro, y la bese en la mejilla diciéndole: -“llevo puesta la argolla de mi matrimonio”. Simplemente me sonrío, bajo la Mirada y sin mayor alboroto, separo sus manos y brazos de mi camisa con corbata gris. También suspire… me di la vuelta, doy unos pasos yéndome, y antes de salir por la puerta de vidrio, ella me llama: -“mire…solo una cosita más”

-¿Si? le contesto. Y ella con el rictus que no la abandono nunca, termina diciendo.

-Me encanta su sonrisa, bye !



Texto agregado el 23-01-2004, y leído por 399 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
23-01-2004 Divina tentación y sabia retirada, jajaja. Un abrazo Pinocho
23-01-2004 mucho, mucho, mucho coqueteo, ya lo decía yo. jajajaja, muy buena tu narración. un beso LaPatineta
23-01-2004 Jejeje mucho coqueteo eh jaja; lindo texto besitos AnaCecilia
 
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