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Porque veas Sancho lo que en el hombre significa ser romántico, te digo, que para ello, se necesita estar obligado a ser "siempre rebelde, individual, inconforme, sentimental. Y no esperar a que la razón lo impulse, sino el sentimiento"(1).
El hombre que no reúna en su alma estas propiedades, Sancho, puede darse por muerto o por nunca haber nacido; pues un buen caballero, es aquel que eternamente sufre, tanto el propio sufrimiento como el sufrimiento ajeno. El hombre nació para vivir, y vivir, tenlo en cuenta Sancho, es sufrir.
Por tierras de Castilla, "no ha mucho tiempo que vivió un hidalgo de los de lanza en astillero" que actuaba y respondía al grito de Espronceda: criatura mortal que pensaba en suceder y que con la pluma y el fusil quiso darse a entender. Era un hombre que se confesaba a sí mismo su dolor sublime de existir, su paso angustioso por el devenir del tiempo, su terca tarea de rebasar a la Historia.
Confesarse, Sancho, significa vencerse y vencer lo invencible; significa ponerse en la frente un estigma para mostrar al mundo que nada ni nadie podrá apartarlo nunca del camino: ni veredas ni sombras, ni risas ni tristezas, ni muertes ni vivencias.
Sancho, mi devoto escudero, sabes que "va velera (nuestra barca por la vida), hollando y dividiendo vencedora"(2). Y tanto él, con su pluma y delirio, como nosotros, con nuestra lanza y fantasía, luchamos juntos por lo que tiene sentido y aún merecimiento. Romántico es aquél que no se conforma con lo que la vida es capaz de darle. Luchamos contra ella y por ella: contra la vida, porque no busque halagarse en lo mezquino; y por la vida, porque sabe que lo que hasta ahora tiene no es lo último que puede ella concederse; siempre habrá otras muchas cosas que arrebatar, otros caminos que matar, otras estrellas que mirar, otras noches que soñar, otros senos que besar.
Sin embargo, la vida es triste querido Sancho, tan triste que se parece al lento andar de tu jumento y al creciente divagar de Rocinante. La vida está llena de mediocridades que aspiran a la inútil pena y que huyen de la transparente libertad. Libertad que denota ser exento en todo y para todos: libre de morir viviendo; libre de vivir muriendo.
Sostener la injusticia es sufrir la mentira y, tolerar la mentira, es decirse cobarde, es vestirse de mierda, es vivirse olvidado.
"Yo amaba todo: (sintiendo) en mi pecho un secreto movimiento. (...) imaginando sueños de gloria"(3). Mi creencia, Sancho, no es lo que Dios ha hecho, sino lo que nunca se ha atrevido a hacer. Arrojarse con virtud valerosa, no importando si el valor de la fe conduce la victoria a la derrota, o si de la derrota podría nacer la victoria. Recuerda que el Caballero de la Blanca Luna, pálida y pura, en la playa de Barcinos dejó mi cuerpo humillado en la arenas, haciendo de mi caída la más victoriosa de mis derrotas.
Aunque se sienta el alma perdida, sabe que el corazón sigue batiendo.
No hay cosa alguna de la que el hombre se sienta seguro, nada de lo que ha sido permanece, nada de lo que permanece será para siempre.
Hay que sufrir el dolor insufrible. Hacer del amor un frente de guerra, una defensa inexpugnable. Llenarse de amor de mujer. Tener sed del dolor de amor. Buscar tu dulce Teresa, mi Dulcinea hermosa. Guardar su aroma en las manos, quedarse entre sus brazos. Luchar contra el hado, contra prejuicios y juicios, contra lo ya establecido. Luchar "cual olas que azotan con violenta cólera, impetuoso torbellino"(4), el indiferente entendimiento de las rocas.
Sólo el que siente con pasión el correr de la sangre por sus venas tiene segura su vivencia; sólo el sentimiento Sancho, incomparable amigo, es capaz de llevar al hombre a su plena conciencia. A donde quiera que él mire, todo le producirá una explosión de fuego en el alma, un grito de rabia en los ojos, un cosquilleo de sueño en las manos. "Hay una voz secreta, un dulce canto que el alma sólo recogida entiende"(5).
Sierra Morena mi sublime agonía, su Luna llovida; su tierra perdida, mi muerte a su orilla.
Recuerda Sancho, que más allá de lo perdido, se encuentran la memoria y el olvido, que son defensas de la muerte y de lo no nacido. "Memoria acaso triste de un perdido cielo, quizá esperanza de futura gloria"(6). El hombre no puede contra el Tiempo, viejo caduco que regala sólo sombras; horas perdidas y lloradas; quimérica esperanza.
La memoria es un defecto, tú bien lo sabes Sancho, pues hay sobrevivencias que nadie osa recordar; y el olvido, otro tanto, que nos hace enterrar hermosos cursos. Olvido y Memoria, dos opuestos que por más que los separen, siempre formarán un mismo ente: memoria para olvidar, olvidar para recordar.

Todo esto, Sancho, no es mas que la muerte, "sombra que descansa en tu camino"(7) y que nos lleva a donde no hay más nada. Tumba de la muerte y de la muerte olvido.
Sancho, no te acongoje el morir, pues así has de vivir. Además, "¡que haya un cadáver más, qué importa al mundo...!"(8).



NOTAS

(0).- Las palabras subrayadas son, así lo creemos, las constantes del Romanticismo
en Espronceda.

(1).- Juana de Ontañón en su prólogo a las Obras poéticas de Espronceda. Porrúa,
pág. IX.

(2).- José de Espronceda, "Canto a Teresa" en Obras poéticas. Porrúa, pág. 88.

(3).- Ibid. pág. 88.

(4).- Ibid. pág. 88.

(5).- Ibid. pág. 88.

(6).- Ibid. pág. 89.

(7).- Ibid. pág. 90.

(8).- Ibid. pág. 91.


BIBLIOGRAFÍA

- Espronceda, José de: Obras poéticas. 4a. ed. (Prólogo de Juana de Ontañón).
México. Porrúa. 1986. (Colecc. Sepan Cuantos. No. 202).

Texto agregado el 10-10-2006, y leído por 146 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
12-10-2006 Hermoso, tan hermoso como si lo hubiera escrito Cervantes. margarita-zamudio
 
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