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La condena del otro



“Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.

Jorge Luis Borges (1).



Leer “La condena” de Franz Kafka a una distancia de más de noventa años (escrita en 1912), significa sospechar sobre un episodio particular (compromiso matrimonial con Felice Bauer) en la vida del autor y, reiterar, otro tanto, en el “problema fundamental” (relación de éste con su padre) que lo persiguió hasta su último día; mas es posible, por otro lado, de lo leído no haber descifrado nada en concreto. Muchas de las ideas que hoy creemos vislumbrar a lo largo de sus escritos, tal vez al mismo Kafka ni siquiera se le hayan ocurrido; en cambio, muchas de las intenciones del autor seguro que nos pasan desapercibidas al darle nosotros mayor importancia a detalles quizá menos relevantes.

Sin embargo, en uno de los Diarios, con fecha: 11 de febrero de 1913, Kafka reconoce que para desentrañar su cuento “La condena” hay que “pensar en todas las posibilidades, aún desconocidas, de la narración”(2). Partiendo de este supuesto, nos enfocaremos al “amigo” del personaje principal Georg Bendemann, quien es, según la observación nuestra, un amigo inexistente, ideado por Bendemann como una forma de refuerzo psicológico que le permita sobrellevar el peso que implica la abrumadora figura paterna.

Georg Bendemann, como ya dijimos, personaje principal de “La condena”, no es otro que el mismo Kafka; y, en cuanto a Frieda Brandenfeld, novia del personaje y con quien se ha comprometido, es Felice Bauer, compañera de Kafka en el tiempo que se escribe dicho cuento. Los datos anteriores fueron proporcionados por el mismo autor en el Diario citado, cuando establece que existen analogías intencionadas entre los apellidos de los personajes ficticios (Bendemann y Brandenfeld) con los verdaderos (Kafka y Bauer). Una vez obtenidos dichos datos y sabiendo además que este cuento fue “escrito de un tirón, durante la noche del 22 al 23”(3) de septiembre en un lapso de ocho horas sin despegarse del escritorio, es fácil suponer que este relato es, si no en su totalidad al menos sí en su profundidad, biográfico.

La historia inicia en el instante en que Georg Bendemann se encuentra cerrando una carta que será enviada a un amigo de la infancia que vive en San Petersburgo.

Aquí es donde principian nuestras dudas: ¿Existe realmente un amigo en San Petersburgo? ¿Fue cierto que se escribió esa carta? ¿Por qué ese amigo no tiene, a lo largo de la historia, un nombre propio? ¿Ese amigo puede ser sólo fantasía de Georg Bendemann? ¿O más que una fantasía, no se trata de un alter ego de Georg y, por ende, del propio Kafka? ¿No se trata de un amigo íntimo imaginario en el que se proyectan todas las aspiraciones inalcanzables para Gerog o para Kafka?

No se intenta jugar al psicoanálisis, mas es importante no olvidar la frase de Kafka: “naturalmente, recordé a Freud en un pasaje”(4) refiriéndose a “La condena”. Lo interesante sería descubrir qué pasaje es el que le recuerda a Freud o el que realizó pensando en Freud. Por lo tanto ¿qué puede esperarse de un autor que nos dice que hay “posibilidades aún desconocidas” dentro de la narración y que conoce, aunque puede no estar de acuerdo en algunos de sus aspectos, la teoría psicoanalítica?

En la Carta al padre, Kafka anota que su propio carácter se ha hecho, por la grave influencia que ejerció sobre él su padre, “inseguro, inconstante, dubitativo”(5); en El castillo: “La fuerza de un ambiente descorazonante, el hábito de las decepciones, la impetuosidad de las influencias imponderables que se ejercen a cada instante, era lo que daba miedo; y era con este peligro que él debía intentar el combate”(6); en el cuento “Descripción de una lucha”: “No hubo nunca época alguna en que pudiera convencerme por mis propios medios de mi existencia”(7); de nuevo en la Carta al padre: “Como no estaba seguro de nada, necesitaba a cada paso una nueva confirmación de mi existencia”(8). “Lo que esencialmente me destruye es la continua opresión de la angustia, la fragilidad, el desprecio por mí mismo”(9).

Frases tan desalentadoras como éstas se pueden encontrar más todavía si se estudiara toda la obra de Franz Kafka; no obstante, las que se han escrito y las que irán apareciendo en esta hojas, pueden ser suficientes para comprender que un hombre con esta clase de pensamientos y con una compleja lucha interna (lucha que lo llevará a la tuberculosis) a lo único que puede aferrarse con seguridad, buscando un refugio en qué atenuar su obsesión, es a la fantasía, a la invención. Como producto de ello, Franz Kafka crea a Georg Bendemann, y Georg, inventa al amigo.

Se sabe que por esas fechas, en que se escribe “La condena”, Kafka estaba comprometido con Felice Bauer, lo mismo que Georg con Frieda Brandenfeld; en el relato, Georg se encuentra vacilante en si comunicarle o no al amigo su próxima boda, mostrando una inquietud depresiva. Esto nos hace pensar que la carta mencionada bien pudiera no haber sido escrita, si no, ¿cuál sería el caso de presentar una actitud tan dudosa?, ¿acaso un amigo imaginario, inventado por nosotros mismos, no conocería de antemano y a la perfección todos nuestros actos pasados y presentes?; aún suponiendo que la carta fue escrita, entonces, lo único que Georg escribe en ella son las pocas líneas que Kafka nos descubre, y que más que una información a un amigo parecen, más bien, una auto-confirmación hecha apresuradamente, como un modo de reafirmar su situación.

En el breve espacio en que aparece el personaje de Frieda [¿será una negación inconsciente del propio Kafka el hecho de presentarnos a Frieda (Felice) en poco menos de nueve pequeños párrafos? Además, no existe descripción de ninguna clase sobre Frieda y lo único que conocemos de ella es su voz recordada por Bendemann] es para reclamarle a Georg su incertidumbre, cosa que obliga a Georg a justificarse con argumentos tan poco consistentes. Una situación análoga ocurrió durante la relación de Kafka con Felice.

Volviendo a la Carta al padre, Kafka escribe: “La posibilidad de casarme, (…) el susto más grande de toda mi vida”; “(era) la prueba más decisiva, más duradera y más amarga”; “los intentos de matrimonio se convirtieron en el más enorme y esperanzado intento de salvación”; aunque: “en este campo todos mis intentos se frustran”; “la debilidad, la falta de confianza en mí mismo, la conciencia de culpabilidad; todas ellas se concentraron para hilar una trama entre mi matrimonio y yo”; “a partir del momento que decido casarme pierdo el sueño, la cabeza me arde día y noche, no puedo vivir más, doy vueltas desesperado de un lado a otro”(10).

Todo este dilema acerca del matrimonio, se ve reflejado en Georg, quien cuenta con un “amigo” que es en todo distinto a él, así como a Kafka: es un individuo que se mantiene soltero (cosa que Georg y Kafka dejarán de serlo muy pronto); es independiente tanto moral como económicamente (Kafka se encuentra supeditado al trabajo burocrático y Georg al trabajo de su padre); viaja por el extranjero (Kafka y Georg no lo harán nunca) y maneja su vida según le dicte su propio criterio (ni Georg ni Kafka tienen libertad de criterio).

Si fuera válido hacer un balance entre Kafka y los dos personajes de ficción, se revelaría que Georg supera en alguna medida a Kafka a pesar de la gran similitud de caracteres y, en lo tocante al amigo, vemos que es un ser colocado en un nivel mucho más elevado que en el que se encuentran Kafka y Georg.

Georg Bendemann, como hijo, se sacrifica por su padre, es atento con él; el padre puede descansar gracias a que el hijo lleva el negocio. En cambio, Kafka escribe, dirigiéndose a su padre: “Jamás te hablé con franqueza, nunca te acompañé al Templo ni te visité en el Franzensbad, nunca tuve interés por los problemas familiares y jamás me ocupé del negocio o de otros problemas tuyos, transferí la fábrica y luego te abandoné, (…) soy incapaz de mover un solo dedo por ti”(11).

Finalmente, regresando a la acción del relato de “La condena”, Georg guarda la carta en el bolsillo después de haberla cerrado y al momento se dirige a la habitación de su padre. A partir de este punto, inicia la verdadera trama del cuento, donde el papel que juega el amigo adquiere relevancia: “el amigo que es el nexo entre padre e hijo; es su máxima comunidad”(12).

La intención del hijo al llegar con su padre no es otra que la de informarle que por fin ha decidido comunicar al amigo su compromiso con Frieda, enseñándole, con cierta reserva, sólo “un extremo de la carta”(13). Es curioso ver cómo antes Kafka se ha preocupado por crearnos un ambiente sofocante en el cuarto del padre (donde, al parecer, es el único lugar, dentro de la casa, en que se desenvuelve): en pleno día el aposento se encuentra oscuro, con la ventana cerrada, en un día caluroso; introduciendo así, al lector, en la guarida donde se conserva la figura de ese padre que tanto le intimida. Georg dice: “Mi padre es todavía un gigante”(14) y más adelante: “En el negocio es otro hombre; con qué solidez está aquí sentado, con los brazos cruzados sobre el pecho”(15); al leer estas líneas es imposible dejar de tener presente la famosa Carta de Kafka: “como padre eres demasiado fuerte para mí”(16), “tu sola presencia ya me oprimía”(17), “yo permanecía indefenso ante ti”(18), “ante tu presencia (…) yo me turbaba, tartamudeaba”(19).

“El desarrollo de la historia muestra luego cómo, a partir del nexo de unión del amigo, el padre se destaca y se alza como antagonista de Georg”(20). ¿Cómo?, ¿de qué manera sucede?, haciendo el padre la pregunta más desconcertante del relato: “¿Existe realmente ese amigo tuyo en San Petersburgo?”(21). Georg, desconcertado (¿por verse descubierto?, ¿o es que el padre se ha vuelto tan senil que ha perdido por completo la memoria?) trata de defenderse, mas la presión que ejerce sobre él es apabullante; más tarde, el padre de Georg sigue: “…te encierras en el escritorio, nadie puede entrar, (…) para escribir tus falsas cartas a Rusia. Pero por suerte un padre no necesita aprender a leer los pensamientos de su hijo”(22). Ante tales afirmaciones, Georg no tiene escapatoria y lo único que le queda por hacer es imaginarse al amigo, “muerto” en Rusia, “entre los escombros de los mostradores, de las mercaderías destrozadas”(23); ya que la función de un amigo ficticio ha dejado de poseer toda razón y, debido a una “Revolución” ha perdido el vacilante derecho a una existencia plena.

Más adelante, sigue una serie de humillaciones por parte del padre a Georg relativas al matrimonio; al haber mostrado que el amigo era tan sólo un pretexto en qué apoyar la inseguridad con respecto al compromiso de Georg, decide ahora, atacar (en la figura de Frieda) su idea de casarse, para que no crea que ni aún casándose se liberará de él: “Porque ella se levantó las faldas así y así, te entregaste totalmente”(24).

(Kafka sufrió un episodio similar. En la Carta al padre recuerda la reacción de su padre al comunicarle éste su compromiso matrimonial: “seguro que ella se puso una blusa llamativa como saben hacerlo muy bien las judías de Praga, después de eso decidiste casarte inmediatamente”(25).

Ante una imagen paterna como esa, un hijo extremadamente sensible escribe: “habría supuesto que me aplastarías bajo tus pies sin que quedaran restos míos en alguna parte”(26). “Ante tu presencia yo siempre me recluía en mi cuarto, entre libros, amigos absurdos e ideas extravagantes”(27).

Ante una amenaza paterna como esta: “Ten cuidado de equivocarte. Sigo siendo el más fuerte”(28), al hijo no le queda otro escape que el que implica la orden de la condena y morir ahogado.

El resto, es sólo un vacío:

“Ahora que se fueron los dos, he quedado solo.
Dejaré de soñarme”(29).




Notas


(1). Jorge Luis Borges en su epílogo a El hacedor, en Obra poética 1923-1977, Alianza Tres/EMECE, pág. 170.

(2). Franz Kafka: Diarios 1910-1923, Lumen, pág. 185

(3). Íbid, pág. 182.

(4). Íbid.

(5). F. K.: Carta al padre, Quinto Sol, pág. 24.

(6). F. K.: El castillo, Premiá, pág. 32.

(7). F. K.: “Descripción de una lucha” en La Condena, Alianza, pág. 29.

(8). F. K.: Carta al padre, pág. 52.

(9). Íbid, pág. 65.

(10). Íbid, pág. 64.

(11). Íbid, pág. 8.

(12). F. K.: Diarios 1910-1923, pág. 185.

(13). F. K.: La condena, pág. 14.

(14). Íbid.

(15). Íbid.

(16). F. K.: Carta al padre, pág. 10.

(17). Íbid, pág. 14.

(18). Íbid, pág. 18.

(19). Íbid, pág. 22.

(20). F. K.: Diarios 1910-1923, pág. 185.

(21). F. K.: La condena, pág. 15.

(22). Íbid, pág. 18.

(23). Íbid.

(24). Íbid.

(25). F. K.: Carta al padre, pág. 62.

(26). Íbid, pág. 11.

(27). Íbid, pág. 8.

(28). F. K.: La condena, pág. 19.

(29). Poema de Jorge Luis Borges: “Ein traum” de La moneda de oro en Obra poética 1923-1977, pág. 500.



Bibliografía


Borges, Jorge Luis: Obra poética 1923-1977, (2ª ed.), Madrid, Alianza Tres/EMECE, 1981.

Kafka, Franz: Carta al padre, Quinto Sol, (sin fecha de imprenta).

-----------------: El castillo, (3ª ed.), (Traducc.: María José de Chopitea), México, Premiá, 1990, (Colecc.: La nave de los locos).

-----------------: La condena, (9ª ed.), (Traducc.: J. R. Wilcok), Madrid, Alianza, 1990, (Colecc.: Libro de Bolsillo, No. 399).

Texto agregado el 17-10-2006, y leído por 197 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
26-10-2006 Minuciosa lectura de quien considero autor de la mejor obra literaria: "la metamorfosis". Felicito tu preocupación por escritores de esa talla... aukisa
 
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