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Éramos tres, Yo mi Otro Yo y su Yo. ¿Creías que acaso tu otro yo no poseía a su otro yo? Pues si, si lo tiene y lo he comprobado pero no es de lo que quiero contarte, sino una experiencia junto a ellos, pero sin ellos: el día en que mi yo decidió abandonarlos.
Era una mañana en el que el sol se vio totalmente tapado por unas nubes que parecían querer burlase de nosotros y disfrutar de su travesura de dejarnos sin la luz de cada mañana. Desperté y como siempre lave mi cara, mis dientes, y comprobé al mirar al espejo que mi otro yo y su yo aun no se habían despertado. Sin ellos mi día no podía comenzar, como eran las 5 y nadie notaria que sin ellos estaba decidí que para despertarlos lo ideal seria un paseo.
Salí a caminar por las calles sin un rumbo concreto, las calles eran un desierto, y solo unos pocos vagabundos estaba ahí, en busca de saciar la sed en el desierto defectuoso como es la cuidad en la cual pocos encuentran un ojito de agua. Todos conocemos a este mundo, no quiero detenerme mucho en su descripción.
Fue entonces cuando llegue a la Plaza Mayor, un valle entre la altura montañesca de los edificios. Te vi, estabas ahí sentado en un banco de madera percudido por la intenperie a la que estaba sometido a diario, y tuve la impresión que el banco y vos estaba fusionados, eran uno solo, ambos se mostraban muy desanimados y sin esperanza. Y a la vez sentí que no estabas allí, que ese banco no pertenecía a la plaza sino al sitio más triste dentro de ti. Tus ojos no miraban las hamacas, los árboles, el arenero…, tu ojos miraban la tristeza que en tu corazón había.
Y al mirarte por segunda ves, esa vez en la que uno mira con los ojos del alma, me perdí. Poco a poco, como hipnotizada por tu raro encanto, llegue hasta vos, y me senté a tu lado para contemplar tu perfil, y volví a perderme en tus líneas, en tu parpadear suave y lento, en tu respirar profundo.
Hasta que tus ojos encontraron los míos y con una mezcla rara de miedo y seguridad tomaste mis manos, acercaste tu rostro al mío, y suavemente tus labios y los míos se fusionaron.
Y en ese preciso momento, mi yo decidió que ya no necesitaba mas a su otro yo y su yo. Ahora solo estábamos vos y yo, y nada mas que eso importaba. Vos me necesitabas mas de lo que creías.
Los abandone, a mi otro yo y su yo, como quien se desase de un par de pantuflas viejas. Sin dolor pero con agradecimientos, por ser mis huellas.
Aun me miran recelosos e intentan volver a mi con todas sus fuerzas, pero en el fondo saben que no podrán contra vos, que en tu pequeñez eres grande y has ocupado su lugar y has llegado a iluminar mis rincones en penumbras.
Yo habito en vos, y vos has instalado tu morada en mi y he logrado ser tu tendido de cables de electricidad...

Texto agregado el 23-10-2006, y leído por 186 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
17-09-2008 Como todos tus escritos, me gusto mucho Kisierate
27-12-2007 me gusto.. auqneu no me gustomucho abandoar a mi y a su otro yo.. creo que al enmorarse no hay que perder la individulidad.. y de cierto modo eso fue lo que entendi. !.. pero muy lindo te doy ***** Amaris
31-03-2007 me gustó bastante el tema, el dejar las personas que podemos o inconscientemente queremos ser por un amor. Besos y cariños. brianmolko
03-03-2007 muy bueno..pero..fue too..muy corto el nudo ale-xandra
23-10-2006 el tono es muy poetico y se me haria dificil leerlo como un relato. Pero esta bien escrito, salvo algunos errores de redacción, pero minimos. madrobyo
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