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Estaba a 8 minutos de recibir la visita de los “Espíritas Tupyara”, o como algunos los denominan, “los brujos del brasil”. Luego de mi baño caliente con sales de mar, me encuentro recostado en cama y tratando de concentrarme en el nombre de mi médico espiritual.

Mi definición agnóstica siempre me hizo ver estos temas desde lejos, no compartidos, y con mucho de excepticismo.

Es cierto que accedí a las desesperadas peticiones de mi madre: “No tienes nada que perder, los médicos “-normales- no saben que hacer contigo. ¿Por qué no probar? ¿Qué puedes perder?, ¿quieres permanecer permanentemente postrado ahí? Ya escribí por ti, y nos han respondido”, me decía. “Sólo tienes que seguir sus instrucciones. Por favor, hazlo por mí”.

¿Tendré que abrir la ventana para que entren? (a esas alturas ya mi interés en el asunto era serio, y estaba frente a los desvaríos producto de mi ignorancia en el tema).

Apenas podía moverme, y con un esfuerzo logré abrir la ventana.

¡Está ladrando el perro!... uff!, esto podría alterar la “conexión” ¿les molestará a estos etéreos seres?

Otro esfuerzo (doloroso, por cierto). Luchando contra el avance del tiempo (ya cerca de 4 minutos para la operación)… ¡ya está! El perro encerrado en la cocina.

Cosa extraña: no se mueve un alma en casa, todo a oscuras, y aparentemente están durmiendo. Eso es extraño en esta familia, de horarios tan desordenados (me refiero a mis hermanos y yo), más aún a tan temprana hora de la noche. Pero bueno, era el cumplimiento de parte de las instrucciones.

Recostado de nuevo bajo blancas sábanas, con el agua lista para su proceso de “fluidificación”, trataba de concentrarme en el nombre de ese médico, que se supone vendría a tratarme “a distancia”. Pero, venían como relámpagos muchos otros pensamientos, en estos cortos minutos.

Las oraciones no. Eso si que no puedo. ¿Cómo voy a entrar a rezar ahora?, A lo mejor hay quienes conocen y manejan “otras energías” y debo “conectarme” con ellos, pase. Pero rezar… no. No me sale del corazón. Me concentro en el nombre nuevamente.

Y… ¿Cómo me acuesto? Esto era un problema para mí, ya que había menciones en la carta, para todo tipo de afecciones, que indicaban la posición a tomar. Sin embargo, aún no se sabía siquiera qúe es lo que yo padecía. Es más, mis dolores van desde el pelo de la cabeza, hasta el último dedo de los piés. ¡Bueno! Pensé. me quedaré mirando hacia el techo, “de cúbito dorsal”, de acuerdo a las posibilidades descritas.Al fin, creo que dará lo mismo.

Hay algo que sí está claro para mí: si llego a sentir “alguna intervención física”, un tirón, un apretón o algo similar, estoy seguro será producto de “afloramientos” desde mi subconsciente. Ya me metí información en la cabeza que quizás no debía.

Si no hubiese hablado con esas señoras que los espíritas habían “operado” previamente, quizás no estaría en esta situación. Fueron parte del proceso de hacerme aceptar esta opción.

“Que me tiraron de la cadera”, “que me hicieron un tajo, quedando una cicatriz”, “sentí un tirón en la rodilla”, “Me extrajeron líquido de la articulación”. No se cuantas expresiones como esas, que, de seguro, ahora estaban listas para salir del inconsciente. Está claro. Si siento algo de eso, seguro será sugestión.

Sigo pensando en ese nombre que me dieron, al fin, si hay que conectarse con algo o alguien, será esta concentración la que establecerá el lazo... (Creo yo).

Pienso en tantos monjes, que de dedicar su vida a ciertas actividades y experiencias con el trabajo de sus mentes, pueden por ejemplo hacer “telekinesia”, conectarse “telepáticamente” con otro. Con entrenamiento adecuado, quizás se puede llegar mucho más allá.

Está bien, acepto que en todo esto hay algo que desconozco, pero a estas alturas, la curiosidad se suma a las razones que me lleva a aceptar el estar en esta situación.

Ya casi con seis meses sin poder caminar, sólo un “arrastrar los pies”, muy dolorido, al tomar 8 indometacinas al día., puedo abrir mi mente con la esperanza al frente de mejorar “algo”. Y más que mi dolor propio, me duele el dolor de mi madre. De su desesperanza.

Un minuto para las once de la noche. A pesar de estos pensamientos, procuro mantener la concentración, en este nombre que no dejo de repetir en mi cabeza.

¿Qué sucede? No entiendo…. ¿Qué me está pasando?

Se me duermen los pies, y sube…. Mis piernas… no las siento. Estoy dejando de sentir mi cuerpo y esto sube desde mis pies.. ¡Esto me asusta!, mejor me paro…

No puedo moverme. ¡Es extraño!, ¡esto nunca me lo contó nadie!… me estoy mareando…. ¡todo da vueltas en mi cabeza!...

Ya no siento nada, estos minutos han sido extraños… pensé que iba a ocurrir algo. ¿Qué hora es? ¡La una y media de la mañana! ¿Pero cómo? Hace unos minutos recién miré mi luminoso reloj y faltaba uno para las once… ¡que extraño!, he perdido dos horas y media sin darme cuenta...

Hoy es viernes. Han pasado ya tres semanas, y tres sesiones “espirituales”.Luego de la primera, las otras dos sesiones no sentí nada, ningún mareo, esta es la última que me “intervienen”. No espero algo especial. Al fin y al cabo, acepto que ocurrirá lo mismo, algo pasará con dos horas de mi tiempo que no recordaré. Lo único que importa…

¡Es que ya estoy corriendo de nuevo!

Texto agregado el 05-11-2006, y leído por 708 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
06-11-2006 Qué buen relato!!! Realmente llevadero, y el final con todas las luces! Me gustó mucho. chantal-deveraux
 
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