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Inicio / Cuenteros Locales / Balthamos / La misma moneda X: Abandonando la soledad

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Capítulo décimo: Abandonando la soledad

Se cayó en el camino, no podía seguir. Hizo otro esfuerzo más y logró arrastrarse hasta la sombra de un árbol. Ya hacía mucho tiempo que había abandonado la ciudad, después de eso había vagado de pueblo en pueblo durante algún tiempo alimentándose cuando tenía hambre y matando después. Pero los recuerdos de la batalla volvían a su cabeza una y otra vez y su parte humana luchaba contra su parte de vampiro. No podía continuar traspasando su mal al mundo, no podría vivir con esa carga en su consciencia. La noche se iba acercando y le daría a Luizzic las fuerzas que necesitaba para seguir, pero también le daría las fuerzas necesarias para alimentarse si alguien se cruzaba por el camino. Ahora imploraba a todos los dioses que no encontrase a nadie, porque como Melban estaba debilitado, si Luizzic se alimentaba se haría con el control.

“Deja de luchar contra mi, Melban. Sabes que tarde o temprano tomaré las riendas, además, en estos momentos me necesitas. Tu no puedes seguir así.”

“Te dejaré el control si me prometes que no te alimentarás más de humanos, entonces ya no habrá lucha entre tu y yo.”

“No puedo prometerte eso. Si lo hiciese envejeceríamos, nos marchitaríamos y seríamos débiles. Puedo lograr vencer en esta lucha, pues día tras día tu estás más débil. No necesito tus promesas. Esta batalla la he ganado yo.”


El Sol cayó y Luizzic se levantó con las energías renovadas. Seguía muy cansado, pero al menos el podía andar. Cargó su pesado equipaje y continuó su camino, de su fardo sacó una ballesta y la tensó. Había oído algo, no era ninguna persona, pero al menos serviría de aperitivo. Se quedó quieto y al poco tiempo un joven jabalí asomó su cabeza al camino y empezó a cruzarlo buscando mejores bocados al otro lado del sendero. En cuanto estuvo en medio del camino, Luizzic hizo un ligero ruido y la bestia se giró inmediatamente, justo cuando su mirada se clavó en su rostro, la saeta de Luizzic se le clavó entre los dos ojos tumbándolo inmediatamente. Ya tenía cena.

Arrastró al jabalí al borde del camino en un buen lugar donde sentarse y con un cuchillo empezó a despellejarlo. Luego podría vender la piel y los colmillos en algún pueblo. Cuando esto lo tuvo listo comenzó a cortar la carne, bebiendo con sed la sangre que se derramaba. Una vez desangrada la criatura y cortada la carne guardó algunos pedazos y los demás se los comió crudos. Ni de lejos su sabor se acercaba al de la sangre humana, pero de algo serviría. La carne también fortalecía a Melban, pero era un riesgo que debía correr.

Caminaba hacia el norte, sin saber bien porqué. Los días se sucedían e iba pasando el tiempo. Llegó el invierno y lo pasó en las cercanías de un pueblo, alimentándose por la noche de aquel valiente que se atreviese a abandonar el calor de su hogar y por el día de cualquier cosa que pudiese cazar. Volvieron las buenas temperaturas y continúo avanzando hacia el norte. Volvía a caer el ocaso y de nuevo le encontró en el camino Luizzic despertó. Decepcionado por no encontrarse en alguna población no pudo hacer otra cosa que proseguir.

Y siguió andando hasta que el ruido de las ruedas de un carro le obligaron a detenerse. Sus afinados sentidos le decían que el vehículo aun estaba lejos, pero con un poco de suerte le daría tiempo a preparar algo para los viajeros. Buscó a su alrededor hasta que encontró una pesada roca que pudo arrastrar al camino. Hecho esto corrió a esconderse pues el carro se acercaba rápido.

Cuando el conductor vio el obstáculo frenó rápidamente a los caballos y alertó a los viajeros que iban dentro. Del interior surgieron cuatro soldados bien armados temiéndose una emboscada y permanecieron vigilantes mientras el cochero apartaba la roca. Se escuchó el sonido de una ballesta e inmediatamente uno de los guardias cayó con el cuello atravesado. Antes de que el cuerpo cayese al suelo Luizzic ya había amartillado la ballesta y tenía preparado un nuevo dardo. Pero los guardias eran buenos y ya se acercaban cuidadosamente en su dirección, en cuanto disparase le verían y tendría que luchar. Surgió raudo y disparó su saeta directa al corazón de uno de los soldados, pero este le vio y se apartó, aun así la flecha le alcanzó en el hombro. Luizzic tiró el arma y desenvainó su sable corriendo al encuentro de los soldados.

Trazó un arco descendente con su arma que uno de los guerreros bloqueó y el puño izquierdo del vampiro le golpeó con fuerza en el estómago, el guardia no pudo hacer otra cosa que inclinarse dolorido. Se tuvo que defender del ataque de otro de los soldados y aprovechó el impulso que el arma rival llevaba para desviarla contra el hombre al que le había pegado con el puño y este pereció bajo la hoja de su compañero. El hombre con la flecha en el hombro se unió al combate mientras Luizzic se protegía golpe tras golpe. En cuanto tuvo una oportunidad sacó una daga de su cinturón y se la clavó al soldado de la flecha en el muslo de la pierna y acto seguido le golpeó con la mano en la herida de la flecha. Cegado por el dolor dejó caer su arma y se llevó las manos a la herida, un solo segundo después el sable plateado le atravesaba y el vampiro interponía el cadáver con el soldado que quedaba. Sacó el sable del cuerpo y atacó al soldado, en un uno contra uno no tenía oportunidad alguna. Bloqueó un par de ataques hasta que la velocidad del sable encontró la carne que buscaba la necesitada plata.

Se desembarazó del último de los cuerpos y se giró hacia el carro. Un aterrorizado cochero le observaba apuntándole con un arco mientras le temblaban todos los músculos de su cuerpo. Estaba a punto de disparar cuando la puerta del coche de caballos se volvió a abrir para que un hombre lujosamente ataviado saliese buscando el motivo de porqué sus soldados tardaban tanto en regresar. Vio los cadáveres de sus hombres y se giró para mirar al cochero, sus ojos vieron una imagen que su cerebro no podía asimilar. El conductor palidecía y se agitaba mientras un hombre le mordía en el cuello y bebía ávidamente de la herida. Eso fue lo último que vio, instantes después una delgada hoja se deslizaba entre sus costillas buscando sus órganos vitales.

Después de saciar su sed se acercó a su botín y lo primero que vio fue el escudo real pintado en la puerta del coche de caballos. Hurgó en el cadáver del hombre adinerado que en el viajaba hasta encontrar la bolsa con el dinero y después entró en el vehículo donde solo encontró papeles, salió fuera y se acercó al asiento del conductor, tal vez debajo encontrase algo, pero ahí solo halló la pobre paga del hombre y una botella de aguardiente. Rodeó el carro buscando algo más, en la parte de atrás había un cofre que abrió rompiendo el cerrojo de un golpe y a parte de algo más de dinero solo encontró algunas ropas del viajero y más papeles, tras mirar los papeles descubrió quien era el hombre acaudalado. Era un cobrador de impuestos, por tanto debía llevar el oro recaudado en alguna parte. Encima del vehículo no había nada, pero si debajo, escondido en la parte inferior viajaba el cofre cargado de oro. Los problemas económicos del vampiro habían acabado.

Borró como pudo el escudo del carro y eliminó toda huella del anterior dueño y continuó su viaje hacia el norte. Melban despertó ese día a la entrada de Ciron, lujosamente ataviado y conduciendo un carro cargado de oro. Prefirió ignorar de donde lo había sacado Luizzic, porque una vez hecho ya no había vuelta atrás. Las gentes del pueblo le miraban extrañados y temerosos, hacía dos años que no estaba allí y su rostro ya había sido olvidado. O eso creía, hasta que Arckor apareció con una sonrisa pintada en su rostro.


Balthamos

P.D. Con este texto hago 100 escritos en la web de Los Cuentos. Quería celebrarlo con otro de los capítulos de esta novela que estoy escribiendo y aquí está el resultado.

Texto agregado el 07-11-2006, y leído por 263 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
27-11-2006 KE TAL RELATO AMIGO IMPRESIONANTE:)+++++++ PUCCA_PSICODELIC
16-11-2006 hermoso5* neison
13-11-2006 Primero de todo felicidades por tus 100 escritos y segundo darte la enhorabuena por este capitulo, es genial, lleno de escalofríos. Para ti mis estrellitas. Un beso de una jaenera. currilla
11-11-2006 me uno a la opinión de Eneas, y añado no dejes de continuar con tu novela... churruka
11-11-2006 Es una historia muy buena, excelente, tu imaginacion y narracion a esta historia han sido rebuenos, ciertas partes hasta escalofrios dan ... Melban y Luizzic parecen ser ya dos seres independientes, osea uno desea dominar al otro .. lucha existencial en un mismo cuerpo ... me recuerda a ciertos personajes donde la sicologia de sus personalidades, chocan y se revelan entre si. Genial Dave.••••• esme_ralda
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