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Aturdiéndolo como si fueran ruidos ensordecedores, el silencio lo acompaña. Una sensación lo invade, una extraña sensación de estar rodeado de personas, observado por millones de ojos.

Siente miedo, Teme que el más mínimo movimiento pueda ofender a aquellos que le hacen compañía en aquella solitaria habitación. Le aterra también, que si hiciera el intento de llamarlos, que si quisiera conversar con ellos, estos se podrían enojar, o molestarse y abandonarlo…

Esas extrañas presencias, que lo persiguen de aquí para allá, es lo que le da fuerza para seguir…pero, ¿Seguir que? ¿Porque quiere seguir? Atormentándolo estas preguntas son repetidas una y otra vez por aquellas voces desconocidas, a las que tanto odia…pero teme perderlas…

El silencio, tan frío, tan ensordecedor, que en los primeros minutos, es como el ansiado momento para relajarse, donde la inspiración llega como enviada por alguna musa lejana, que lo encontró en un sueño y allí se quedó porque necesitaba de ellos para existir…

El silencio sigue igual, herméticamente cerrado, y mientras los minutos pasan, se llevan consigo toda fuente de inspiración. La musa yace ahora lejos, tal vez volvió a sus sueños, a su hogar.

El reloj no para, igual que la tierra no deja de girar alrededor del sol… y cada terrible minuto que pasa destroza su esperanza… las extrañas presencias no lo abandonan, al contrario crecen cada vez más, en cantidad. Los pares de ojos invisibles que lo están observando se han triplicado, la voces han ido aumentando su intensidad, hasta casi convertirse en gritos, y sus risas esperan a que el se levante, y fracase de vuelta y reírse, reírse mucho de el, reírse y burlarse hasta volverlo loco…El lo sabe, por eso no se levanta, no mira a los costados, inhibido por esa extraña compañía. No se mueve casi no respira… sabe que esta solo. Completamente solo…

Recostado ya sin saber donde, cierra los ojos…su cabeza da vueltas… tiene deseos irreprimibles de gritar, de callar las voces, pero no puede…

Las voces siguen…no callan, sometiéndolo a el, en un estado de total desesperación.

El silencio sigue martirizándolo… Las voces callan, ahora solo se escuchan risas, carcajadas burlonas. El no sabe porque ríen. El hizo todo bien, en realidad no hizo absolutamente nada por miedo a que las presencias extrañas se burlaran de el, se burlaran de su fracaso…

Pero las risas están ahí burlándose de el, burlándose de su fracaso, ese fracaso que no se ve, pero es el que se alcanza, por el mismísimo miedo al fracaso…

Las voces, las risas callaron, todo calló. Las miradas burlonas, desaparecieron también. El se apagó. No quedaron cenizas, se incineró su existencia, esa existencia que nadie notó… Las voces callaron para siempre… las extrañas, detestables, pero necesarias voces desaparecieron, junto con las miradas… el reloj, maldito asesino de sueños y esperanzas, dejo de funcionar.

La noche se hizo eterna y el silencio cada vez se escucha mas… el vacío lo rodea… lo rodea a él nomás…

Pero ni en el peor de los infiernos, ni en el de la soledad, ni aun cuando la muerte lo ha venido a buscar, puede escaparse el mismo, del silencio fatal, que lo aturde y lo aprisiona, pero ya no le hace escuchar, esas voces asesinas que anunciaron el final, o el comienzo del suplicio, o el principio de aquello que no se escucha, que no se siente, pero está, y es aquello tan infinito, que nunca, pero nunca se va a acabar…

Texto agregado el 13-11-2006, y leído por 59 visitantes. (0 votos)


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