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El hombre, hundido entre un montón de botellas de cerveza, calvo, colorado, entre sorbo y sorbo despachaba toda su artillería de ideas al otro, más corpulento, más joven, que intercalaba copas de cerveza con rollitos de mortadela que se lanzaba, desde la altura de su brazo estirado, a la boca. Corría un viento suave y fresco en la orla, y la noche prometía horas de conversación fluida. Había un tercer sujeto, pero se mantenía callado, con su vaso en la mano, mirando hacia un lado, tal vez examinando cada una de las mujeres que pasaban por entre las mesas por la vereda, hacia los locales de bailes. Este tercer sujeto parecía estar más preocupado de las curvas, del color de la piel de cada una, de los labios que imaginaba besar, que de la conversa en serio del colorado. - Sí pues, mi amigo - declaraba el ciudadano colorado - mucho se habla de las enfermedades que trajo el siglo pasado, el sida, tantos cánceres, y hasta el cólera, y de las curas también, claro, tantos avances científicos,el antibiótico, las cirugías, mi Dios, pero ahora casi no se habla de eso de los nazis, fascistas y por qué no también comunistas y otras pestes del siglo pasado por las cuales murió tanta, pero tanta gente de Dios, hijos de Dios, pues mi amigo - insistía el colorado -.


El otro, el corpulento, no le prestaba demasiada atención al contertulio, por que tenía un fuerte dolor a los tobillos. De cuando en cuando se agachaba para sobárselos, así, como si tuviese frío. Rodó una silla desocupada, la colocó en el cuarto de la mesa que estaba vacío, y ahí puso los pies, en diagonal, "para que se deshinchen", explicó. Una vez finalizada la solución de los pies sobre la silla, el colorado continuó :


- Sí pues compañero - añadió- son cosas extrañas esto de la política, a mi todavía nadie me explica por qué en este país están prohibidos los nazis, los fascistas y sin embargo no está prohibida la militancia comunista....que de muertos de lejos son los que más cargan....


El corpulento sonrió, tomó otro rollo de mortadela y se lo llevó a la boca, saboréandolo, y bebió un poco de cerveza. Después de reacomodó en su asiento y aprovechó un silencio del colorado, que se estaba acomodando los botones de la camisa, para soltar una frase de su opinión :


- Es que ellos están junto al pueblo, en todas sus luchas, hasta la victoria, siempre, venceremos, patria o muerte, camarada, avanzar sin transar, los burgueses al paredón y sus mujeres al colchón.......


Ahí tanto el colorado como el corpulento estallaron una carcajada que recién llamó la atención del tercer sujeto, que en ningún instante dejó de observar a las muchachas que pasaban. Y habían muchas.


- A mi tampoco me gustan las religiones - explicó, sin preocuparse ni un poco de caer en otro tema , - especialmente porque están siempre prohibiendo lo mejor que nos dio Dios a los seres humanos : el sexo -

Y las miraba una a una : primero les registraba el tamaño, las proporciones del cuerpo, la silueta, luego les miraba el rostro, la armonía de sus facciones, la boca, el color de los labios, se imaginaba besándola, luego iba al pecho, al color de la piel, el aroma que despediría por el cuello, a la forma de los senos, los imaginaba moviéndose al aire, les suponía la forma de los pezones, el tamaño de la aureolas, el lado exacto que estaban apuntando los dos botones. Su estudio continuaba hacia abajo, en el estómago, veía si ejercitaba, o no, los abdominales, la forma del ombligo, de ahí viajaba al vello púbico, el color que luciría, el largo de esa cabellera , el tamaño de la v , todo eso imaginaba, la forma de las piernas, que en todo caso estuvieran levemente arqueadas para afuera, acaso llevaba cicatrices en la piel, en las pantorrillas, y luego cuando pasaba, les miraba la espalda, los hombros, verificaba la ausencia de granos, el color de la piel, que fuera parejo, el arqueo del trasero, la musculatura, que nunca se toparan las carnes de las piernas en su nacimiento bajo las nalgas. Todo ese ejercicio lo hacía en segundos, muy pocos segundos, apenas en lo que demoraba en pasar por su frente. Cuando venían en ramillete, se detenía sólo en una , que él escogía a partir de las proporciones del cuerpo.

Los otros dos no parecían muy importados con la abstracción del tercer sujeto, como si lo conocieran de sobra.


- Pero no estamos aquí para hablar de política porque si no vamos a bajar el nivel de esta reunión, señores, que al fin y al cabo la noche está comenzando y si algo quiero es ser feliz aquí con ustedes mis amigos, amigos de tantos años, y no vamos a perder el tiempo en hablar cosas que no podremos modificar.....


El corpulento tomó la palabra aprovechando que el colorado hundía la cara en el jarro de cerveza.


- Pues a mi no me interesa la política, me interesa la religión que joroba a las personas con el tema de los pecados - dijo - y ahora está el problema de los musulmanes, que son todavía más fanáticos...


El colorado no contestó nada. Clavó su mirada hacia el horizonte, hacía el mar, que, de lejos, y gracias a un efectivo sistema de iluminación, se notaban claramente las olas pequeñas reventando una tras otra llevando su espuma a la orilla.


Fue en ese instante que pasó rasante el avión comercial, en procura del aeropuerto para aterrizar. Esto no era en nada extraño, salvo que la maniobra la realizó en contra del sentido habitual, que no era de mar a tierra, sino todo lo contrario. Pero no se percataron de ese detalle. Apenas les dio tiempo para pedir más bebida y más mortadela, esta vez con trozos de queso fresco. Ahí fue que pasó en una idéntica operación otro avión comercial. El estruendo de las turbinas esta vez alteró a los tres contertulios. " Los aviones están aterrizando en el sentido opuesto ", dijo, sin atribuirle al hecho mayor importancia. Pero no acabó de formular ese comentario cuando vieron bajar al tercer avión.

- Pero si no han pasado ni tres minutos y han aterrizado tres aviones...


Hasta que comenzó una seguidilla de aterrizajes y ningún decolaje que nunca antes se había visto en la ciudad. Por lo menos treinta maniobras en los treinta minutos venideros obligó a alertar a toda la ciudad.


- No será el loco Osama que está metido en esto - dijo el corpulento, nervioso - que había dejado de beber para ocuparse de lleno al extraño movimiento de aviones, mirando alternadamente al cielo y al horizonte como si él fuese un ingeniero experto.

Pero no tardó mucho para que el dueño del bar en que se encontraban los sacara de dudas y les diera la última noticia. Esperó los segundos de tregua y silencio que se daba el intervalo entre un avión y otro para hablar :


- Amigos - dijo el dueño del bar - quiero que me perdonen por ser mal educado con ustedes, que son mis amigos y están conmigo todo el año entreteniéndome con sus interesantes conversaciones. Pero estos milagros no acontecen todos los años y quiero pedirles que se retiren para sus casas...


El colorado, el corpulento y el tercer sujeto lo quedaron mirando, incrédulos de tan descarada grosería . Se quedaron inmóviles, desconcertados. Pero no les llamaba tanto la atención el que les pidiera que se retiraran, sino el por qué el dueño del bar, que conocían hace tantos años, hacía algo semejante.


- Por problemas climáticos que impiden un tráfico aéreo seguro - explicó el hombre - todos los vuelos que van desde Maceio a Natal están siendo desviados para acá, sin previsión de reanudación de operaciones. En otras palabras, en pocos minutos este lugar estará abarrotado por turistas, según sé, de Brasilia, y de otras ciudades.


- Entendí - dijo el colorado- ahora en lugar de mortadela colocarás jamón de pierna ahumado y harás otra carta de precios, y te harás rico en tres días. Estarás esperando que venga a tu bar algún diputado con su comitiva y ellos consuman en sólo dos noches, lo que nosotros en un año.


- ¿ Diputado ? - respondió el dueño - la verdad es que no, con que llegue un chofer del diputado me basta y me sobra : ellos también ganan, y mejor vamos terminando esta conversa, que el estruendo de los aviones vuelve la conversación insoportable.

Texto agregado el 04-12-2006, y leído por 53 visitantes. (0 votos)


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