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DIECISEIS

Pero esa negra araña también me mantuvo vivo para después de esos treinta años entregarme a ti, yo hubiera estado muerto o destrozado, tal vez muerto en vida en un exilio al que nunca podría acostumbrarme, tal vez habría terminado con mi vida, pero no fue así, y la tela de la araña de Patria y Libertad me preservó para pasar esos años negros de dolor, tortura y muerte y después de una edad cósmica entera hacerme aparecer ante ti, y empezar a sentir entonces esta angustia, esta angustia que ya no pasará hasta que, de rodillas ante ti, sienta que tú, como encarnación de esa otra patria, sufriente y perseguida, pones tu mano en mi cabeza y me haces llegar ya, pero ahora, por favor, ya, el consuelo y el perdón, a cambio yo te serviré por el resto de nuestras vidas, a cambio de esa mano en mi cabeza el chofer Vásquez te conducirá por caminos de felicidad por el resto de nuestras vidas, perdóneme a mí también, señora Antonia, yo no quería, yo sólo obedecía órdenes, si no manejaba el jeep mi teniente me fusilaba con sus propias manos, y yo he sido siempre humilde y obediente, usted sabe, perdóneme, pero déjeme decirle que el arquitecto Vásquez, mi primo, ese sí, era un fascista de verdad, y también el patrón de la agencia, de Magic Travel, ¿se acuerda?, la de los tures, a propósito, y perdóneme que me aparte del tema principal pero hace tiempo que no contrata un tur, ¿o será porque supo que todos eran unos fachos de mierda?, no creo, usted siempre lo supo, pero también sabía desde el principio que, en el fondo, muy profundo, eran todos buenas personas, y usted sabe reconocer a la gente buena, aunque estén envueltos en tela de araña, como esos dos, a mí también me quiso desde el principio, aunque nunca me quiso contratar de doméstico todo servicio puertas adentro, pero yo no pierdo las esperanzas, ya le dije, yo me pago las imposiciones, piénselo, siempre estoy disponible para usted, y no soy mañoso para comer, usted sabe, un platito de lentejas, un charquicán caído de cuando en vez y yo feliz como pato en el agua, te das cuenta, Antonia, con estos gallos no se puede ¿quién les dio vela en este entierro?, ellos no son de aquí, pero como han estado cesantes de tures y lunas de miel no encuentran nada mejor que venir a meterse en este baile, al que nadie los ha invitado, y menos al picante del chofer Vásquez, pero seguro que a ti no te molesta que se ponga a intrusear donde no lo llaman, siempre tuviste debilidad por ese gallo, desde el principio, te advierto que no voy a dejar que se paseen por aquí como Pedro por su casa, estas letras son mías y para ti, para nadie más, ni siquiera te las voy a mandar por e-mail, ya he tenido malas experiencias al respecto, tú sabes, así es que los voy a echar de aquí, si tú me lo permites, pensar que mañana te voy a llevar mis últimos escritos y van a ir con estos gallos metidos entremedio, que vergüenza, no lo pude evitar, sólo porque respeto el arrepentimiento del Vásquez no lo borro como se merece, pero ahora tomo yo la palabra de nuevo, ya parece que se fueron, no quiero decirte palabras de amor con gente merodeando alrededor, me he acostumbrado a hacerlo discretamente, sin testigos, si ni siquiera te tomo la mano cuando hay público comprometido cerca, aunque este último tiempo me he ido poniendo más osado ¿o no?, al fin y al cabo ya tantos saben de nosotros, los edecanes, tus amigos miristas, que al final también lo son míos, Carlos López te decía “después de esto podemos decir que lo hemos visto todo”, y no es para menos ¿verdad?, la princesa mirista con el dragón fascista, debe ser difícil de creer, pero es así, sólo que el dragón no quiere comerse a la princesa (salvo a besos), el dragón no quiere hacer sufrir a la princesa, sólo quiere protegerla y hacerla feliz, pero también la hace sufrir, el dragón no quiere ser más dragón, pero quién puede quitarle la apariencia de dragón, la fama de dragón, el olor a dragón, por muchas declaraciones públicas de mea culpa que haga, por mucho sincero arrepentimiento, por mucho dolor en el corazón, no hay caso ¿verdad, princesa?, sólo tú verás al príncipe bajo las negras escamas del dragón, sólo tú, con tu dolor, tu amor y tus lágrimas lograrás lavar esa sangre oscura que, sin quererlo, cayó sobre mí, y sobre los muros y las calles y los campos de Chile, y que no ha logrado secarse, y yo sé que tú tienes la capacidad de darme ese consuelo y ese alivio que yo no puedo ni podré darte nunca a ti por tus sufrimientos, princesa mía, no hay consuelo, no hay reparación posible, no hay nada que yo pueda hacer, nada que nadie pueda hacer en este país para reparar el daño causado, no podrá la historia borrar nunca tu dolor, tu sufrimiento, y yo sólo puedo darte amor, sólo mi amor, todo mi amor, y nada más.

Texto agregado el 21-12-2006, y leído por 157 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
23-12-2006 hermosisimo, como todos los capitulos anteriores... honesto... vulnerable... pero te dejo algo que mi madre me enseño: para que te quieran, tenes que quererte a vos mismo... creo que fuciona con el perdon tambien. beso.lau. aruald
22-12-2006 "...sienta que tú, como encarnación de esa otra patria, sufriente y perseguida..." Me impactó especialmente. Un abrazo. Lili lilianazwe
 
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