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Me senté a ver pasar el tiempo tras la ventana rota de mi absurda existencia;
tras el vestido color guinda que él se llevó entre sus sueños y me sentí
inmensamente pérdida, cual hormiga en medio de un aguacero por que no
pude encontrarlo a él y por que no supe si lo decimos como debe ser. Sé
bien que se bebió lo mejor de mí, que pisoteó lo que hasta entonces yo
creía cierto pero no fue su culpa, fue mía por permitírselo y aún hoy se lo
permito. Si lo pensara bien, sabría que en realidad ya no existe, nunca
existió pero su recuerdo siempre vuelve. Vuelve como noche, como día,
como eterno devorador incansable de mis sentimientos y lo único que hago
es quedarme allí, impávida, sufriendo sus embestidas y muriendo en cada
golpe un poco más. Lloro, lloro de impotencia por que sé que lo volverá a
hacer y lo que es peor, dejaré que suceda y aunque no lo olvidaré mientras
comparte su cama conmigo y su cuerpo me lleva al mismo paraíso, rodeando
mi desnuda cintura con las manos, buscando con su lengua los botones de
mi pecho y penetrando lo impenetrable entre mis piernas que es todo su
pensamiento, al menos trataré de hacerlo.

Trataré de creer en él por que las heridas y los golpes siempre sanan, aún
cuando los que me propicia al alma, duelen más y por más tiempo. Volveré a
besarlo con pasión mientras me castiga con su indiferencia y me golpea con su
puño y sé que no lo merezco y sé que poco le importa y me besa, como nadie
me ha besado en la vida, reconozco que me ama, entre gritos desgarradores
que le suplican se detenga, reconozco que lo amo; y sus ojos se llenan de
lágrimas que buscan el perdón pero que son efímeras e hipócritas. No tarda en
volver a sonreír, tan sólo lo que el moretón tarda en aparecer en mi rostro y se
siente fuerte, poderoso, dueño y señor de una situación que a mi modo de ver, no
tiene pies ni cabeza y menos un soberano. Oculto mi rostro entre los brazos para
que ya no me lastime más la cara, el cuerpo recibe su furia, esa que lo lástima a él
también y me prendo a sus miedos, a su inferioridad y me muerdo los labios por
que ésta vez no voy a gritar; me quedaré allí, sin proferir palabra alguna que lo
haga enfurecer más, sin meter las manos por que ya no tenga fuerzas, dejaré
que me mate ésta vez, para no seguir matando el amor que nos tenemos.

Texto agregado el 09-01-2007, y leído por 119 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
12-01-2007 uh que texto fuerte, che espero que sea solo ficcion, no se si el amor justifica esa actitud, por supuesto que uno puede dar la vida por amor, pero no de esa manera...saludos morrison86
 
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