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Gilberto había desparramado tres sobrecitos de azúcar sobre la mesa, dibujaba, marcaba líneas con el dedo que se habrían entre los granitos blancos. Había hecho un verdadero chiquero sobre la mesa. Había servilletas arrolladas por todos lados, en el pocillo del café, sobre sus faldas.
Qué es esto Gilberto – dijo Nicolás, recién había llegado.
Nada… estoy un poco nervioso
Nicolás se sentó, se quitó el saco. Había olor a café, mucho olor a café.
Qué es ese olor
Olor a café
Si, ya sé que es olor a café, pero que…
Una moza nueva volcó el frasco de café en piso, ya la echaron
Con las manos, el hombre de las mejillas gordas barrió la mesa y tiró los granos de azúcar, las servilletas, los sobrecitos del azúcar, al piso. Pidió un vaso de whisky y encendió un cigarrillo.
No se puede fumar – dijo Gilberto
No importa – siguió fumando.
Se acercó la moza, Nicolás largó una bocanada de humo, ella lo miró sorprendida, no dijo nada, se fue.
Por qué estás nervioso Gilberto
Es que... – titubeaba al hablar – no sabés lo que me pasó… se me volcó el pimentón en el baño
Qué, que hacías con el pimentón en el baño, pero es eso para tanto
Es que dicen que si se vuelca el pimentón en el baño después no se puede… - la nuez de Gilberto descendió cinco centímetros después volvió a subir. Un silencio rebanó de lleno la conversación.
No se puede qué, Gilberto, hablá claro – dijo Nicolás moviendo las manos con los dedos hacia arriba.
Gilberto bombeo con el puño.
Dejate de pavadas, lo único que falta es que la próxima vez que vayas a… – y Nicolás hizo el mismo movimiento de bombear con el puño – estés pensando en el pimentón que se te volcó en el baño

La moza pasó junto a la mesa, rozándola con sus caderas en un movimiento descuidado.
Nicolás desvió su atención hacia el andar de la chica.
Viste el trasero que tiene esta – dijo
Gilberto no pareció prestarle atención, continuaba nervioso, jugaba con bollos de servilletas.
Sabés qué – dijo el hombre de las mejillas gordas – me acuerdo de algo, prendele un par de velas a San Pantaleón – Nicolás cito un santo al azar – es el santo contra los conjuros malditos, seguro que te salva, y la próxima vez que vayas a –hizo el gesto con la mano – seguro que andas diez puntos
De verdad
Si, de verdad, segurísimo, de que me llamo Armenio
¿Armenio?
Es mi segundo nombre
No sabía… - Gilberto pareció tranquilizarse, miraba la mesa con los párpados casi cerrados, la mirada fija en un bollo de papel que hacia girar con los dedos – pero de donde sacó una estampita de San Pantaleón – dijo con una cara de igual a la que tienen los tipos tímidos en el momento del vals en los casamientos.
Yo te la doy – dijo el otro
Ahora Gilberto pareció recuperarse, de a poco, levantó un dedo y miró a la moza. Pidió un café.
Tiene buen trasero es verdad
Nicolás le guiñó un ojo. Tenía la barba crecida. Los pelos alborotados. El cuello de la camisa oscurecido.
Como Natalia – dijo Gilberto y rió
Si, como Natalia – asintió Nicolás – se lo mirás guacho
Qué querés que te mienta
El hombre de las mejillas gordas iba a decir que si, que prefería que le mienta, pero viendo que Gilberto se estaba recuperando de su mal humor solo dijo:
Está bien, somos hombres, yo se lo miraría a tu novia, además, no sé…
El otro parecía entusiasmado, le había metido dos sobres de azúcar al café y lo revolvía con vigorosidad. Cada tanto recogía los granitos sueltos sobre la mesa y, con el dedo, se los llevaba a la boca.
Creo que lo único que me gusta de Natalia es el culo
Gilberto sacó una cucharadita de café, juntando los labios le dio un sorbito. Arrugó la cara. Agarró otro sobre de azúcar y lo volcó en el pocillo. Después, siguió revolviendo frenético.
Es muy… - continuaba Nicolás – no se… te está todo el tiempo encima, que tomá mates, que tomá facturas, que te sirvo esto, que te sirvo lo otro, encima… - Nicolás levantó la mirada y observó con cierto asco a Gilberto revolviendo con frenesí el café, después continuó – encima uno no sabe que hacer, porque esos son, son gestos de bondad, viste, te atiende bien, te trata como un rey, pero a mi me rompe reverendamente las bolas y no da, no da, para despreciarla porque quedás como el culo
Gilberto le había metido otro sobrecito de azucar al café y volvió a revolver el pocillo como con una turbina.
¡Gilberto! – gritó Nicolás – que cuernos estás haciendo, eso debe estar un asco, no me estás escuchando
Quedás como que sos un desagradecido, una mala persona, un arrogante en todo caso – agregó Gilberto mirando a Nicolás a los ojos.
Claro – dijo el otro, casi susurrando – claro – dijo mas fuerte – quedás como un mal tipo que desprecia a una pobre mina que te trata con todos los modales y la buena educación
Te ahoga
Me ahoga
Vos, seguro, me conseguís la estampita – preguntó Gilberto
Nicolás estiró el cuello hacia atrás, abrió los ojos, se quedó inmóvil, después dijo :
Si, Gilberto, yo te la consigo, Gilberto, así no se puede hablar
Natalia tiene un muy buen culo, esos culos tipos cascarudo, bien redondos, bien firmes
Sí, eso es lo que me atrae a ella, a veces pienso que es solo eso; sabés que, me siento culpable, no culpable, despreciable por eso de que prácticamente me gusta solo su culo
El fin último y primero de las relaciones entre el hombre y la mujer es… encamarse
¿Tan así?
Eso me dijo una vez mi analista
Nicolás levantó las cejas, expandió el labio inferior – debe ser…
Los psicólogos alivian las cosas viste, hacen todo más fácil
Eso promueve la impunidad, moral sobre todo, reducen la culpa.
No te pongas profundo – dijo Nicolás, con la misma cara de asco con que antes miró al pocillo edulcorado.
Gilberto sonrió, hizo círculos con el pocillo y se tragó el café de un saque – he tomado cosas peores – agregó
El hombre de las mejillas gordas tamborilleaba con los dedos sobre la mesa.
La moza pasó rozando con las caderas la mesa, una vez más.









































































Texto agregado el 07-02-2007, y leído por 119 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
07-02-2007 Realmente muy bien llevado. La conversación da ritmo a un texto que pasa volando. Felicidades y 5 estrellas. jau
07-02-2007 de donde seras nazareno que me conoces tan bien para hacerme leer tu cuento... natalia es mi 2ºnombre... ahora escribe uno de mujeres...saludos oesterheld
 
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