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MIYUKI


Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914, el Gobierno Japonés, recrudecía las hostilidades sobre Kiong Ki. El imperialismo nipón había extendido sus implacables brazos por casi toda Corea y, en otra parte del mundo, abría un nuevo frente contra los alemanes.

El cuerpo de mi pequeño Yemin, yacía amortajado en el interior del austero cajón de madera, alineado junto al de su hermanastra Jeong Ji y al de mi amado Sonu Nam.

El ejército invasor había asaltado la región, derramando barbarie y odio a su paso. Mi mente, aun noqueada, no podía recordar el motivo que me llevó río abajo en aquella fatídica mañana. De rodillas, frente a la funesta composición de féretros, alimentaba mi odio con la angustia y el escozor de un alma que no halla paz. ¡No tenían derecho! ¡Quién suponía una amenaza para ellos en este pueblucho de pescadores! ¡Qué mal podría hacer un niño de siete años con un puñal oxidado, sostenido con sus débiles manitas! Debió suponer toda una amenaza para una cuadrilla de blanquecinos japoneses, isleños paletos alistados por unos odres de sake y algunos cientos de yenes. No sé qué consideran que son, hombres desde luego… no.

Tres años se mantuvo el escozor en mis mejillas, por la sal de mi llanto; y mis sueños estuvieron turbados por ladinas pesadillas. Mi antaño sedoso cabello, tornóse pajizo; y mi expresión gélida como las aguas del Naktong. No obstante, la vida en la ciudad se me hizo algo más llevadera, al trasladarme junto con mi tía Woo.

Pyeong Chang era una urbe dislocada en sus ritmos; no existían mañanas ni tardes, sólo el constante ajetreo de comerciantes y recaderos. En cambio, yo cumplía religiosamente mis cometidos, encargos, portes y pagos para la tienda de textiles de Woo. Al caer la tarde, gustaba de pasear entre los abetos y perseguir a las ardillas, a través de los parques periféricos que bordeaban la población; y en estos menesteres, invertía mi tiempo de ocio. Me hacían compañía, sin yo desearlo, un anciano que sacaba de paseo a su jilguero enjaulado; y un apuesto señor, al que observaba a menudo leyendo con intensidad, como si le fuera la vida en ello, gruesos libros de llamativas cubiertas…y me reencontré con el amor. Fue en una de mis andanzas voyeurs, cuando me descubrió y me invitó a que me acercase. “La isla de coral”, se titulaba aquélla novela que se apresuró a resumirme. Las siguientes tardes volvimos a encontrarnos, rodeados de literatura y verdor vegetal. Me prestó algunos libros, que yo devoraba tumbada en la hierba, a pocos metros de él. Siempre sintió compasión por mi historia, lo sabía por sus miradas, pero jamás intentó ahondar más de lo que yo le permití. Y una de esas tardes, con el sol todavía vivo, se le escapó un beso…y bien lo recibí, puesto que lo estuve deseando, realmente, desde el momento en que lo vi.

¡Cómo nos amábamos entre los arbustos! ¡Pasión ingenua! Sabíamos que el anciano escuchaba nuestros espasmos, pero lejos de amedrentarnos, nos excitaba. Llegué a quererlo con locura, era mi panacea particular, un soplo de vida que había estado esperando impaciente.

Mas una tarde no acudió a la cita acostumbrada, y debajo del árbol donde solíamos leer encontré una carta de mi querido salvador. No volvieron a encontrarse nuestros cuerpos sino en el funeral que me preparó Woo; pues, tras leer la misiva maldita, no pude más que arrojarme al vacío desde una solitaria peña gris, al tiempo que el anciano inclinaba su cabeza, incrédulo:

“Ni tan cerca del amor, ni tan lejos del odio
hallarás tu sentir hacia mí.
Ni juegos, ni ausencia en mi memoria
hicieron mi nombre omitir.
Es Miyuki, no lo niego,
jamás te lo supe decir;
soy sargento retirado…
y temeroso de ti”


FIN

* Nota: Miyuki es un nombre genuinamente japonés.

Texto agregado el 24-02-2007, y leído por 379 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
08-11-2007 Conmovedor, tan trágico como la história de su propia nación, mutilada y arrasada siempre, aún hoy. Verídico y cierto. 5 admiraciones. kuroq
11-05-2007 Una unión de tragedias, la histórica y la interna del personaje, relatado de manera sobria e inteligente. churruka
28-04-2007 Qué bien lo cuentas, xungo, qué bonito y de chica...en fin, kisses de sumo (por lo de los abrazos), youtoo tooyou
28-02-2007 Un auténtico lujo de historia, perfectamente hilvanada. Te felicito por el trabajo de investigación que hace creíble el relato. Muchas felicidades y 5 estrellas. jau
26-02-2007 muybonito tu cuento y también triste...es tan difícil separarse de quien queremos bien...me dan ganas de llorar...mis estrellitas*****ah! cómo nos amábamos entre los arbustos mmmm nocheluz
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