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Inicio / Cuenteros Locales / DonBombillo / ¿Quién mató a la gomela?

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Siempre me ha gustado caminar sobre las figuras de los departamentos que se pueden encontrar en el parque Nacional, me gusta pisar a Cundinamarca, escupir a Antioquia, limpiar a Santander e ignorar al Vaupés.

Hace dos noches salí a caminar por este parque, eran como las ocho y el día había sido largo, las sombras negras de árboles frondosos se entrecruzaban ante mis ojos y la oscuridad intensa se apoderó de mi universo conocido, caminé sin saber si pisaba planta, pájaro muerto, mierda o flor. Cerrar los ojos me daba igual, estaba acompañado solo con lo que creía era mi cuerpo. Por un momento dejé de pensar en la nada densa, en la noche negra, en esa noche. y una imagen roja y negra se me insertó entre los párpados de una manera tan real que era imposible escapar, gritar o correr. Porque… ¿Para qué correr?

En medio de un claro la luz de la luna se proyectaba como un rayo que violaba la negra masa de nada, acerqué mi mano al poderoso tubo de destellos luminosos que atraían un infinito numero de insectos y de nuevo la imagen que segundos atrás se me colaba entre ceja y ceja aparecía, pero esta vez a todo color. Tres dedos ensangrentados, entumecidos, la palma de mi mano izquierda abierta como una flor de mayo y mi mano derecha sujetando fuertemente la vena para no dejar escapar eso que llaman sangre.

Cerré mis ojos y los abrí de nuevo tratando de hacer una especie de “reseteo” mental. Y ante el foco de luz mis dedos se convirtieron en dedos, las uñas en uñas y la sangre se suponía correr por dentro de mis venas intactas. La imagen recurrente me desencajó no debo negarlo, en ese momento solo pude quedarme sentado bajo el rayo de luz.

Y me sentí inmóvil, preso, capturado e interrogado. Ahí la imagen atacó de nuevo en secuencias ahora mas rojas, mas sanguinolentas, habían gritos y una fuerte voz que llegaba del fondo de los árboles me decía:

- ¿Porqué lo hiciste?
- ¡ Dímelo!
- Acaso yo que te hecho.

No había respuestas, solo había una imagen recurrente de unos dedos ensangrentados, de un rostro, de sangre, de caos.

Traté de esperar a que amaneciera para salir de ese lugar pero el frío se me colaba por entre los huesos hasta la médula y seguí caminando y luchando contra las imágenes que cada vez se apoderaban de mi mente. A las tres y media de la mañana me encontré caminando por la carrera séptima hacia el norte, con mis pantalones mojados hasta las rodillas y un fuerte dolor de cabeza producto de una precoz resaca, sin un peso en los bolsillos y con un rasguño en mi brazo izquierdo justo debajo de mi muñeca. Mientras seguía mi camino hacía el norte comencé a adentrarme en las calles llenas de prostíbulos y bares de mala muerte, hombres en las esquinas con cara de sueños frustrados me susurraban al oído cosas como:

- ¡Chicas chicas!
- Siga sin compromiso
- ¡Dieciséis chicas extrovertidas!
- ¡Cumpla sus fantasías!
- ¡Chicas, chicas!
- ¡Chicos, chicas!

Pero yo solo quería llegar pronto a casa, a las seis y media de la mañana llegué al portòn por donde diesiseis años había entrado a mi casa. Me sentía atormentado, cansado y con un terrible dolor de cabeza que nunca había parado.

Ayer me levante muy tarde, como pude me bañé y salí al paradero del bus para tratar de llegar en menos de quince minutos desde la calle ciento veinte con carrera trece a la calle cuarenta y cuatro con séptima.

Siempre suelo leer los titulares de los periódicos del kiosco de la seño de la esquina. Cuando esperaba el bus un anuncio en letra roja en tipo y tamaño de media página decía:“¿Quien mató a la gomela en el parque nacional si era tan buena novia, hija y hermana?”. Una foto de cuerpo entero y de perfil de la susodicha acompañaba la frase. Era mi novia.
En ese momento el bus que me llevaría al sur se aproximaba, lo paré y me subí; apenas mi mano descargo las monedas en la cajuela metálica, pensé que todo podría ser una confusión que esa no era mi novia, me senté al lado de la ventana y cada vez que pasaba por un puesto de revistas lo único que veía era el anuncio en letras rojas que no alcanzaba a leer completamente, imágenes me gritaban en rojo tipo numero cuarenta y cinco:

-¿Quien mató…Parque Nacional…gomela…buena…mató…mató…gomela…buena novia….

En el paradero de la séptima con cincuenta y siete en medio de la nada un hombre negro de tres metros estrelló el periódico contra mi ventana y la imagen quedó frente a mis ojos. Era ella. La mujer de la foto me frunció el ceño y me grito:

- ¿Porqué lo hiciste?
- ¡ Dímelo!
- Acaso yo que te hecho.

Y de nuevo pude leer: “¿Quien mató a la gomela en el parque nacional si era tan buena novia, hija y hermana?” y la imagen se seguía recriminando.
Tomé entonces mi celular y marque el teléfono de mi novia, pero después de sonar y sonar una voz de ultratumba me respondió:

- Correo de voz, tendrá cobro a partir de este momento, después del tono deje su mensaje.

Intenté tres veces llamarla y tres veces ocurrió lo mismo, el bus continuaba bajando por la carrera séptima y la imagen de la noche anterior se fue armando en mi cabeza por partes, en secuencias desordenadas que luego se fueron acomodando con orden cronológico.

El bus seguía bajando por la carrera séptima y los periódicos me seguían gritando y no pude aguantar y no pude aguantar. Si, fui yo, yo mate la gomela, yo maté la gomela, yo maté la gomela. Por eso estoy aquí señor juez y esta es mi declaración.


Texto agregado el 01-04-2007, y leído por 245 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
22-09-2007 Un texto que se mueve entre el sueño y la pesadilla. fue unplacer leerte. UN saludo!***** josef
14-09-2007 Un buen Thriller. Interesante. The_Libertine
05-05-2007 cuando se lee entre lineas, tal pareciera que es un acto de salvaciòn ARIA
03-04-2007 Exigente en términos de ambiente, suspense y psicología; la idea del parque Nacional como un mortuorio lugar, me encantó. Me gustó el movimiento por las calles y las direcciones que transcurren en un bloqueo mental de un suceso que quieres exprimir para saber en qué termina. Me gustó la mezcla de la locura con el amarillismo de los periódicos, tal vez estos sean un factor predisponerte para volvernos algún día, realmente locos kaia
01-04-2007 Bien, gustó..Se disfrutó la lectura..Buena trama y suspense. churruka
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