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Inicio / Cuenteros Locales / La_columna / Instrucciones para duplicar un reflejo (En un viernes de consideraciones generales, a quien corresponda) –Por El_Galo

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En primer lugar, se concibe o estimula una idea, delirio u obsesión en particular. Luego, se seleccionan y agrupan las primeras palabras en búsqueda de materializar tales argumentos. Algunas se vuelven preponderantes mientras que otras son velozmente desechadas. Acto seguido, se articulan y concretan los primeros textos. Culminada esta etapa, se evalúa, modifica o descarta la composición modelada. Finalmente, el trabajo se exhibe concluido: la fórmula, a los ojos del constructor, simula efectividad.

Nace la necesidad de la promoción. Así, se opta por un medio de difusión en particular y se presenta allí el resultado de lo previamente redactado. Alguien menciona una división genérica, otros se amparan en la pluralidad de estilos. El texto es leído. Se oye un primer aplauso. Casi al unísono, otro. Y la producción en serie comienza. La fórmula es nuevamente aplicada. Cual Henry Ford posmoderno, la réplica indiscriminada de un modelo literario funcionalista se convierte en postulado de irrefutable autoridad. Alguien acerca un espejo oval a la mesa colmada de martillos, sierras y clavos para composición literaria y proyecta, sobre una virgen hoja de papel, el reflejo nítido del primer escrito culminado. Una vez. Mil veces. El papel pierde su pureza: importa el aplauso.

El fervor se vuelve continuo. Pero hay una cuestión que se mantiene oculta: detrás de cada choque de palmas, el lector comienza, con felina clandestinidad, a devorar al escritor. Igualmente, el proceso es lento e indoloro, y de ahí que dicho sometimiento se asemeje a un delicioso atardecer de cadenas doradas. Aunque ambos son extremos de una balanza perfecta, es el autor, el supuesto creador, quien aliviana su contenido y vuelca el favoritismo hacia un único espacio: el opuesto, aquel que es propiedad del consumidor de palabras. Allí, en ese instante, se visualiza por completo la determinación antes simulada. Se establece un vínculo similar al que une, en una relación simbiótica, a narcotraficantes y drogadictos. Así, todo aquello forjado como independencia, grito desafiante al mundo de los hombres y las cosas, resulta desterrado por el propio esclavo liberado.

Los casos abundan: en una librería de títulos recientes o en una página de internet. El soporte técnico es lo que menos interesa. Por fortuna, esa gran mayoría no hace a la totalidad, y es allí donde nacen aquellas gotas de esperanza cuyo celestial destino es el de lavar a tanta trivialidad hecha texto. Pero la lluvia, a veces, es sólo llovizna, y hay desiertos banales que nunca se humedecen por completo...

La autoimitación adopta la fisonomía de un cancerbero que pugna por morder su propio cuerpo. Es allí donde, tristemente, aquello que distingue a toda obra sensible como un momento de existencia irrepetible, como un acontecimiento singular; perece. Se extingue lo que Walter Benjamín definiera como “aura” a manos de una reproducción, un reflejo multiplicado cuyo único fin es el de sostener el ego rudimentario que caracteriza a cierta especie de escritores decadentes. De esta forma, se promueve el nacimiento de una obra que, de ser editada de manera simultánea, bien podría ajustarse a un único escrito, y cuyos capítulos no serían más que torpes desviaciones encubiertas de un primer texto modelado.

Los casos abundan: las pruebas se desnudan sin pudor frente a nuestros ojos. Pero, para suerte de la imaginación, la pereza y la conveniencia siempre mueren sin alterar poderosamente las significaciones posibles. Autores y libros perecen bajo el imperio, a veces oportuno, del olvido. Y en eso se basa todo lo expresado hasta aquí: en el final. En el ocaso, la descomposición orgánica de cuerpos y páginas, y la tierra plagada de gusanos heroicos que la vuelven fértil. Por eso, una mención y un obituario a tu nombre, plagio de tu primera sombra. Porque hace meses que tu probable ingenio se volvió trampa. Y porque hace días que la daga de la indiferencia lleva talladas, en sangriento esperanto, las iniciales de tu nombre en su acero eternamente honesto e implacable.


Patricio Eleisegui


El_Galo


Texto agregado el 27-02-2004, y leído por 459 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
04-03-2004 Excelente. Y creo que hace referencia a cierta gente que abunda por estos lugares... Aunque no lo asuman. Crudeza y talento. Originalidad. Un placer leerlo, como siempre. El_Martillo
04-03-2004 Resumiendo, que todos nos autoplagiamos. Densa columna. margarita-zamudio
03-03-2004 Como todos, lo siento. Esto hay que sentarse; despierta curiosidad y hace preguntar...donde hay que firmar?. Me ha encantao; es jodidamente buena esta columna. Esa relación simbiótica, es tan cierta...Un saludo. de frente y sin sombrero. nomecreona
29-02-2004 muy a lo Córtazar, has plasmado en tu columna, inteligencia, delicadeza y poesía. Vas llevando por los surcos de un aparente objetivismo para culminar en una intima revelación. Me parece que tomas el tema de la creación como un verdadero escritor (de los grandes) me has dejado con la sensación de encontrarme frente a una gran obra. Saludos y admiración. CaroStar
28-02-2004 Felicitaciones ,que estoy segura de deber reiterar en una segunda lectura. NINIVE
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