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Los vendedores de humo



El único objetivo del Turismo es cansarse.

Todos los domingos por la mañana entro al túnel del tiempo, que me lleva al siglo XVII, es decir al Mercado de Brick Lane, donde los desesperados del este se encuentran con los del oeste. La pobreza de los vendedores compite con la de las mercancías que ofrecen, discos de vinilo imposibles de escuchar, bicicletas destartaladas, revistas amarillas de humedad.
El frío les muerde las manos, les quema las narices.
Hay una atmósfera brutalmente triste y sin embargo me atraen como esos vicios incontrolables.
No recuerdo quién, comparó el mercado de Brick Lane con un hormiguero, decía - Cuando pateas un hormiguero todas las hormigas huyen despavoridas en todas las direcciones, la gente en los mercados hace lo mismo, se mueven sin rumbo, cruzan las calles en zig zags interminables, guiados por la curiosidad, empujados por el deseo de poseer,
Se acercan a un puesto levantan algún objeto, piensan que quizás lo necesitan, discuten interminables minutos el precio y lo abandonan sobre mesas o se meten la mano en los bolsillos buscando el dinero para pagarlo y se lo llevan.
Este domingo vi entre la multitud a un grupo de turistas, que se me antojo que tendrían que ser rioplatenses, me acerqué a ellos para escuchar sus voces y comprobar de donde venían. Eran tres parejas de argentinos o uruguayos, uno de los hombres se estaba quedando relegado, tenía la altura que tienen muchos hombres, ni muy alto ni muy bajo de estructura robusta y con una cara que contradecía la fortaleza que sus movimientos emanaban, los vi golpeándose los hombros con hombres de otros continentes, a quienes jamás conocerían. Ignorándose mutuamente juzgándose por las vulgaridades de las apariencias.
Hacía varias semanas que no sabía nada de lo que estaba pasando en Buenos Aires, no quería que ellos se enteraran que soy argentino, los seguí a cierta distancia, tratando de escuchar las conversaciones, pronto entendí que éste era un ejercicio inútil porque en los mercados todo se limita a nombrar poca cosa, mira esto o lo otro, qué lindo o no me gusta.
El hombre se dio cuenta que lo estaba siguiendo y comentó a sus amigos
- Estoy matando este año, me siguen las mariposas en cualquier parte del mundo-, dijo en castellano.
Los otros dos me miraron, se rieron con él, de mí.
Reconocí la picardía porteña, desilusionado me fui en busca de algo indefinido a encontrar algún objeto que atrape mi atención y coincida con la limitada capacidad de mis bolsillos.
Necesitaba poner en movimiento los deseos de consumir, el placer de discutir el precio, iniciar esos diálogos con desconocidos que comienzan con una sonrisa y terminan con un acuerdo.
-Cuánto quieres por esto?
- 15 libras
-Demasiado esto no vale ni la mitad pero te doy 10 libras
-No, eso es lo que yo pagué, necesito ganar algo dáme 12 libras.
- Bueno.
Mientras me entretenía con mí monólogo, veo caminando hacia mí a Raúl Stori, el Tano. Hacía bastante tiempo que no nos veíamos, nos abrazamos fraternalmente.
Raúl propuso tomar un café, caminamos juntos un trecho y entramos a la primera cafetería que encontramos, en la esquina de Brick Lane y...
nos sentamos para compartir nuestras naderías, cuando veo entrar a las tres parejas de Turistas rioplatenses.
Le conté a Raúl que uno de ellos pensó que yo me había enamorado de él porque los había seguido un trecho en el mercado.
- Necesito escuchar esas voces porteñas.
- No -, dije de malhumor
- No te preocupes les digo que sos sordomudo, poné la mejor cara de no entender nada que puedas. Sonreí a todo -, dijo guiñándome el ojo derecho.
Se levantó y tropezó con la silla donde estaba sentado uno de los hombres.
Se dio vuelta y les dijo
- Perdón-, en castellano
El grupo se quedo congelado no atinaban a responderle
- Son de Buenos Aires? -, preguntó el Tano Stori, tomando una silla y sentándose entre las mujeres y los hombres
Sonrío a todas las direcciones mientras hablaba, el grupo había quedado petrificado.
El Tano, magnífico, siguió sin enterarse de nada. Señalándome con el dedo mayor les dijo
-Perdón-, manía que había adquirido en Londres, antes de cualquier cosa el largaba un perdón. Es de buena educación solía decirme cuando yo me burlaba
- Quiero presentarles a mi amigo
Seis pares de ojos se clavaron en mí con un dejo de desesperación y ahora qué? se preguntarían.
El hombre vanidoso que se había hecho el gracioso momentos antes se puso rojo al reconocerme. Se tranquilizó cuando escuchó al Tano que seguía presentándome.
-Lamentablemente mi amigo tiene dos problemas que se nombran con una palabra: es Sordomudo-
Viniendo hacia mí, me levantó del brazo, movió mi silla al lado de la suya y me hizo sentar.
-Se llama Nicéforo, Nicéforo Basi. Entiende todo porque no es sordomudo de nacimiento sino que cuando joven su hermano que estudiaba medicina en Buenos Aires, le hizo una broma macabra , mientras el dormía puso un esqueleto a su lado y cuando se despertó, Nicéforo vio a la muerte, asustado gritó de miedo, esto fue lo último que dijo. Después se quedó sordomudo del terror.
- Pobre - dijeron las tres mujeres mientras los hombres mantenían un silencio monástico.
De pronto yo había ganado la simpatía de las polleras mientras que los pantalones aún no podían decidir mi sexualidad. Sería un maricón?
Porqué los había seguido?
Cuando una de ellas preguntó a Raúl
- Nicéforo es un nombre raro, de dónde viene?
- Su abuelo era admirador de Leandro Alem, el fundador del Partido Radical-
- Entonces?
- Alem se llamaba Leandro Nicéforo Alem, el Nono convenció a su hija para que llame a su hijo Nicéforo, en homenaje a ese ilustre argentino.
Ella insistió - Tu amigo, qué hace?
Raúl diestro para la mentira contestó,
- Nosotros somos vendedores de humo.
- Qué es eso?
-Hacemos fuegos.
Yo me mantenía serio reprimiendo las carcajadas.
- Somos vendedores de humo-. Repitió
Nos miraron en silencio buscando respuestas a sus dudas, tratando de imaginar quienes éramos, qué queríamos, estaban esperando algún indicio que les permitiese saber de qué la íbamos.
Una de las mujeres simpatizó con nuestra desfachatez, - Un sordomudo y un charlatán trabajando de vendedores de humo, dijo con una sonrisa burlona.
Acariciándose la mano derecha con su mano izquierda, como si estaría dispuesta a cortarnos a pedazos con algún bisturí mágico entre sus dedos nos preguntó,
- Cómo se comunican?
- No nos comunicamos, yo hablo y el trabaja ignorándome. A veces tratamos de dialogar con gestos, también lee mis labios otras nos escribimos mensajes.
Mi estómago se estaba retorciendo del dolor que me producía contenerme a tanto disparate.
Los hombres seguían esperando una apertura, algo que nos acercara, algún indicio que denunciara nuestras simpatías, desde fútbol a Freud, qué pensábamos de la última ola de crímenes entre los jóvenes adolescentes en Gran Bretaña o los crímenes del canalla ese de Blair.
El Tano continuaba el delirio en el que me había metido, ocupándose de parecer lo más posible a nada.
- Qué es eso de vender humo?, se animaron a preguntarnos.
Transformamos madera en carbón, prendemos fuego a la madera y quemamos la parte exterior y lo dejamos encendido. Lentamente, se va consumiendo hacia el centro. Esto produce mucho humo, entonces lo ponemos debajo de pescados que están colgados entre dos postes unidos por sogas como si fueran calcetines, el calor del humo los cuece y ahuma al mismo tiempo.
A veces usamos el sistema finlandés porque es mucho más rápido, cocinamos los pescados dentro de un barril de metal. Prendemos fuego de leña debajo del barril y cuando está a una temperatura bien alta agregamos agua, aserrín, azúcar y fresas, el humo que se produce dentro del barril cocina el pescado.
Le sacudí el brazo al Tano, pretendiendo que necesitaba explicaciones, empezó a gesticular con las manos como si se estaría comunicando en nuestro peculiar idioma, yo me negué a entender moviendo mi cabeza desconcertado, el Tano furioso saco un lápiz y un papel de su valija y comenzó a escribir.
Me paso el papel y pude leer, callate hijo de puta?
Le contesté en el mismo papel, si estoy lo mas callado que he estado en toda mi vida.
De alguna manera los hombres comenzaron a distenderse, a tener confianza en que éramos un par de desgraciados anclados en Londres. La historia del pescado ahumado los había alucinado, perdieron el temor que el Tano les había infundido y se lanzaron a decir pavadas.
Desde qué alto es el Big Ben hasta cuantas putas tiene Picadilly Circus...
De pronto todos se reían menos yo
-Tú amigo, es puto? - se animó a preguntar uno de los hombres.
- Que yo sepa no, porqué me pregunta eso? Es usted puto- dijo el Tano pretendiendo estar enfadado
Las mujeres se rieron a medida que el hombre se paraba con la intención de darnos lecciones de violencia, los otros dos lo agarraron de los brazos tratando de calmarlo.
- Che, pará que estamos en Londres.
Yo estaba dispuesto a salir corriendo, pero el Tano que se estaba divirtiendo como loco insistió.
- No me gusta que ofendan a un discapacitado indefenso, porqué me lo pregunta?
-Te lo pregunto, porque me estuvo siguiendo en el mercado.
-Qué? le tocó el culo o el pito?
- No me tocó nada.
- Entonces qué?
- No sé, me pareció que quería algo más que caminar atrás mío.
- Hubiese sido bueno para su ego?
El hombre transpiraba mientras contenía los deseos de terminar esto a las trompadas.
El Tano cambió de conversación, dirigiéndose a una de las tres mujeres
- Tu nombre es, dejame pensar un minuto dijo mientras se refregaba la frente con ambas manos para ayudarse a pensar
- Bettina.
Ella se sonrojó,
- Sí, es mi nombre. Cómo lo sabe?-. dijo ella desconcertada.
- No sé, esa manera de sentarse con las piernas cruzadas.
Los tres hombres perdieron la paciencia, el Tano comprendió que tanta intimidad molestaba.
- Qué quieren?
- Nada, quería escuchar voces rioplatenses, preguntarles sobre mi Buenos Aires querido.
Ellos respiraron mientras ellas se rindieron a la seducción del Tano. Era hora de irse.
El Tano me agarró del brazo y levantándome les dijo
- Bueno, nos vamos, si necesitan algo aquí está mí teléfono-, pasándoles un papel donde había escrito un número cualquiera.
Yo saludé a lo japonés, nos fuimos lentamente hasta la salida del café, una vez en la calle, salimos corriendo. Los tres hombres se levantaron y comenzaron a perseguirnos al doblar la esquina de Princelet Road, el Tano se paró a enfrentar a esos tipos.
Jadeando les preguntó - ¿Qué les pasa, porqué nos siguen, acaso están desesperados?...
Antes que pudiese terminar, uno de ellos lo agarró del cuello mientras que los otros dos se tiraron encima mío.
El Tano sin aliento les pregunta - Qué mierda les pasa.
- Devuelvan lo que nos afanaron, o los reventamos.
- A nosotros no nos engañan, pendejos hijos de puta.
- Afanar?
- Sí.¿Qué nos afanaron?.
- Nosotros.
Las tres mujeres venían caminando.
- ¿Qué hacen? gritaban.
- Estos ladrones nos robaron.
- ¿Qué? Preguntaron las tres al mismo tiempo.
- No sabemos, pero estoy seguro que corrieron porque nos robaron.
La gente comenzó a juntarse alrededor nuestro, sin entender qué estaba ocurriendo, murmuraban hipótesis extraordinarias.
Escuché a alguien acusándonos del crimen de ser extranjeros.
Las mujeres gritándoles a los hombres que nos dejen tranquilos, que no habíamos hecho nada.
- Sabía que te habían gustado estos guachitos. Le recriminó uno de ellos a Bettina.
Junté fuerzas y me saqué a los tipos de encima, le di un empujón al que estaba sujetando al Tano y se liberó.
Mientras nosotros nos acomodábamos la ropa desprolijada por la acción incomprensible de los turistas, ellos buscaron en los bolsillos, en las carteras, en las bolsas, en las bolsitas, las cámaras digitales, el dinero, las tarjetas de créditos, las de débitos, tenían todo, nos les faltaba nada.
La gente que nos había rodeado, adivinaron que era todo un mal entendido, que el incidente tendría un final feliz, se dispersaron aplaudiendo..
El grupo de Turistas rioplatenses nos pedía disculpas. Teníamos que entender que nadie corre sin razón, que en Buenos Aires sólo corren los ladrones y que cuando vieron con qué rapidez queríamos irnos eso indicaba una sola cosa: que les habíamos robado.
- Se equivocaron, pero ya que nos dieron la idea no los desilusionaremos.- dije con bronca.
Los seis casi gritan ¡Milagro! pero la sorpresa que les causó mi voz los confundió. Extendí dos dedos de la mano pretendiendo que eran el caño de un revólver como cuando éramos chicos, apoyándolo en la frente de uno de los hombres le dije - Sacate los mocasines.
El obedeció, el Tano los levantó y los tiró en la alcantarilla.
- Chau-, dijo Raúl y nos fuimos.


Londres -Jafre 2007

Texto agregado el 23-04-2007, y leído por 642 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
30-08-2008 buenisimo, hasta me dieron ganas de comprar humo. efectosecundario
17-10-2007 Muy bueno. No te privas de nada. Una narración impecable, buen desarrollo de los diálogos. Y el toque de ironía sin igual. 5*s Shou
18-06-2007 Que historia.Muy bueno, el mudo y el tano son para una serie.***** luna-azul
13-06-2007 jajjajajaja..me encantó. IRONICO e inteligente relato. mariasol
01-06-2007 Jaja muy bueno… una historia que tiene mucha chispa, contada así por alguien que esta lejos de su patria, y desde allá la mira y la comprende, y tambien aprendió a saber como somos de este lado del mundo, me encanto amigo. Un beso y no extrañes mucho.***** lagunita
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