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Inicio / Cuenteros Locales / gui / Rodrigo, el doctor y caballero andante de clínicas y hospitales.

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¿Cómo se imaginan ustedes a Rodrigo? Vamos por parte. Me refiero a Rodrigo el doctor, ese gentil, risueño y gran levantador de copas que agasaja todo lo que se le viene en gana con una prodigalidad que le envidiaría Dionisio, no el perro, el otro, el dios griego. Le conocí en esa célebre fotografía en que aparece apoltronado en un edén coronado por dos montes que dibujaban un hermoso telón de fondo. Me llamó la atención, en primer lugar, que fuese médico. Yo, que trabajé en la salud por varios años, sé que los profesionales de esa área son personas muy entregadas a su quehacer y que raramente se desmarcan a otras actividades que no sean seminarios, cursos de formación profesional o conferencias generalmente relacionadas con el ámbito médico. Uno que otro de los que conozco habrá destacado por sus dotes oratorias, por sus afanes gremialistas, por su marcado acento humanitario, pero que yo sepa, ninguno o muy pocos son los que han seguido el camino de las letras y entre estos pocos, tenemos el privilegio de contar en nuestras filas con este hombre bonachón, galante con las damas, elegantísimo con su corbata de humita (así las llamamos en Chile) y siempre dispuesto a compartirnos sus entretenidas anécdotas con su lenguaje coloquial, chispeante y colorido como esos deleitosos néctares que dice guardar en su bodega. Uno se lo puede imaginar operando a un paciente de apendicitis y disfrutando ambos de un vino de buena cepa, muriéndose de la risa con otro al que acaba de extirparle las amígdalas y jugando a las cartas con ese enfermo que está grave y que quiere torcerle la mano a la suerte, ganando aunque sea una simple partida de poker. Sus policromas incursiones literarias están allí, en una repisa que huele a medicamentos, junto a los analgésicos, tónicos de todo tipo, suero, yodo, vendas, algodón e instrumentos quirúrgicos.

Y como buen cirujano, sus cuentos son redondos, exactos, nada sobra y nada falta. Son lecturas ilegibles, eso si. En esto no podía escapar a la desastrosa y atávica costumbre que tienen todos los médicos, al parecer, descendientes directos de Champollión, ya que sus maravillosos conocimientos al volcarlos sobre el papel se transforman por arte de birbirloque en simples y desastrosas patas de gallo. Pero sea, que bastantes vidas han sido garrapiñadas de las manos huesudas de aquella con la que tiene que lidiar a diario nuestro buen amigo y a la cual, de seguro, sabe manejar a su santo y reverendo gusto, ofreciéndole algún vinillo que está de muerte.

No me extiendo más en esta modesta semblanza para que ustedes conozcan por si mismos a este simpático y particular doctor, caballero andante de clínicas y hospitales, sanador de cuanta Dulcinea le sale al paso y además buen catador de esta vida gustosa que le tocó asumir y por supuesto degustar con esa colección de deliciosos vinos que atesora en su morral… ¡Salud Doctor!

Texto agregado el 02-03-2004, y leído por 348 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
06-03-2004 Què bueno ! Un abrazo a los dos ! shou
05-03-2004 ¡que bonito ha quedado esto, estimado!, su pluma ha dibujado una semblanza con muchísimo afecto. un abrazo a ambos hache
04-03-2004 Del sonrojamiento a la palidez, solamente hay una fracción química en una hormona. Y leyendo esta reflexión del maestro GUI, he pasado varias veces de una a otra. En el poco tiempo de rodar en estas páginas he tenido la suerte de encontrarme, día a día, con una serie de personas que tienen, con su habilidad en el escribir, la capacidad de curar tanto, o más, que un médico. Y cuando me encuentro medio deprimido, no tengo más que entrar en esta deliciosa página, y leer a tantos y tantos contadores de historias bellas, tristes, poéticas, humorísticas, malcriadas y serias, para quedar, en poco tiempo, curado y listo para seguir la tarea. Gui fue una de las primeras persona que tuvo a bien analizar mis pequeñas historias, comentarlas y decir lo que está bien o mal. Y yo de leerlo a él para aprender. Gracias amigo Gui por esta semblanza, y gracias a los que la han comentado de esa forma positiva como lo han hecho: Poniéndome colorado unos, al meterme en una barrica de vino o ponerme pálido al dejarme pellizcar por otros. A cada uno mis respetos (les agradeceré por separado) y, para todos: Una cena que empiece con Cava de Cataluña, siga con un maravilloso tinto chileno Cabernet Sauvgiñón, un mendocino Malbec y un Fino de Jerez. Que no falte un Pisco chileno para terminar la juma con un buen reposado mexicano. Y que nos recojan a todos abrazados y celebrando. ¡Salud maestro Gui y mis amigos cuenteros!. rodrigo
04-03-2004 Caí en tu bio, pues iba a agradecerte el comentario de "Desde el comedor", y ya que está, echemos una pasadita para despuntar el vicio, y veo que te apareces con Rodrigio, amante del Cabernet Sauvignón. Con él ya nos hemos tomado unas copas, ya que somos COLEGAS, sí señor, has descubierto otro, que no usa el bisturí, usa sus manos, sí, para palpar, pulsar, sostener, medir, y acompañar a la vista al oído y al olfato, en esa tarea de médico pediatra que me va durando desde los 70. Escribo desde que estudiaba, y algunas cosas de la profesión andan por allí. Amo a Chéjov, de quien puse una foto y un cuento (era médico además), y estoy preparando algo muy profesional y coloquial, llamado "Pase de Sala", donde intentaré reflejar, en ambos lenguajes, la realidad de una recorrida por la sala de pediatría de mi hospital, con más de 30 internados. Un abrazo albertoccarles
03-03-2004 gran retrato a la tinta! lo conozco poco aún pero me parece un fantástico homenaje polkas
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