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LA CORRIENTE DE LAS AGUJAS


Volvían a salir bajo un cielo azul. La escala forzada en Dakar les había permitido descansar un poco. Toda la tripulación había aprovechado para visitar la isla de Gorée. El cocinero había ido a ver la exposición de arte africano contemporáneo y había adquirido una escultura de veinte centímetros que representaba a un náufrago de ébano agarrado a un pedazo de madera flotante. Su cara devastada por la angustia, el miedo y la mano crispada, desproporcionada en relación con el conjunto, pidiendo socorro, se agarraba a la esperanza, una esperanza mayor que el miedo a morir, la esperanza de una vida mejor y elegida en otra parte lejana.

Ahora los motores ronroneaban y el comandante ponía al día el diario de navegación en la cabina, con aire satisfecho. Uno de los marineros hacía su ronda, revisando las amarras de los contenedores. Paul trabajaba en la cala en averigüar el cargamento de Mercedes. Trabajo largo, lento, pero indispensable. Si se perdiera un contenedor, si un sólo coche fuera arañada, el comprador era capaz de devolverlo todo y allí era toda la tripulación que recibía la paliza de los proveedores y la hoja amarilla para señalarse a la oficina de desempleo. Y luego el paro, espada de Damocles cuya sombra les perseguía en el barco, en la cala, en el puente, en torno a las amarras, a los pernos, a los atornillados. Sin respiro comprobar, volver a comprobar, atornillar, desatornillar, tender, aflojar los cables. Sobre todo ninguna pérdida, ninguna avería.

Paul terminaba su comprobación cuando oyó unos pasos. Se detuvo y prestó oído. Nada. Volvió a dar la vuelta a los Mercedes. Pasó en los paseos 1 y 2, al acecho del menor ruido y es en el tercero paseo que vió un pie deslizarse debajo de uno de los coches. Se acercó, se inclinó para observar y allí vió dos ojos grandes, y que lo fijaban. Expulsó la idea absurda de que hubiera podido ser la estatuilla del cocinero:
--¡ Sal de allí!

El pasajero clandestino se arrastró para alcanzar otro paseo. Paul rápido se puso de pie, corrió para incorporarlo. El pasajero clandestino se puso a correr, buscando desesperadamente con la mirada un lugar donde ocultarse. Paul lo alcanzó. El pobre tío seguro que no había tragado nada desde hacía varios días, y cateó al querer bifurcar hacia otro paseo.
--¡Te he pillado, cabrón! se exclamó Paul.
--No me haga... dañ... Señ.... Las palabras se desmayaron en su boca al mismo tiempo que se hundía en los brazos de Paul. Paul llevó al clandestino a la enfermería e informó al comandante quién llegó inmediatamente.

Una vez restablecido el pasajero inesperado, les explicó cómo en Dakar consiguío subir a bordo cuando la tripulación descendía en tierra. Creía que el barco que enarbolaba pabellón francés subía hacia esta tierra de Jauja. No sabía que el buque iba rumbo a Ciudad el Cabo, y luego a China.
--En Ciudad el Cabo entregamos arroz y productos de lujo y cargamos alerones de tiburones, es que a los chinos les encantan, le explicó el Comandante.
--¡ A China?! ¡No a Francia?! dijo el clandestino, preguntando y exclamando al mismo tiempo, no quería creer en su desgracia.
--¡Pues no! ¡Dentro de tres meses volveremos a Francia, pero antes se lo habremos entregado en Dakar ! Pero de momento....Formas parte de la tripulación.
--No tengo papeles...
--¿Pero tiene un nombre?
--Adama
--¿ Adama qué?
--Adama Kikossé, comandante.

El comandante envió a Adama a trabajar en la cocina. En esta ocasión, Adama se excedió, reveló talentos inesperados de cocinero para la mayor felicidad de la tripulación. En el comedor anoche Adama y la tripulación hablan de sus países respectivos.
--Sabes Adama, le dijo el comandante, te representas a Francia como a la tierra de Jauja, pero allí también hay gente que vive en la miseria.
--La miseria de allí no puede ser tan dura como la de aquí.
--¡Tu crees, eh! ¡Pues, sepa que nosotros en este barco podemos encontrarnos en paro cuando volvamos si uno sólo de estos maravillosos Mercedes que nos hacen tanto soñar tiene un único rasguño!
--¡Ay! Eso no es justo, comandante. ¿Entonces viven eternamente en la angustia?
-- Es eso más o menos. El error no está permitido y es este temor que hace que seamos tan serios en el trabajo.
--¿Y le agrada vivir en el temor , comandante?
--Eso...Sabe, eso forma parte del trabajo, así de claro. Eso nos mantiene alerta.
--¿Eso les mantiene alerta? ¡Ja, ja, ja!
--¿Por qué te ries Adama? ¡No es nada divertido!
--¡ Ja! ¡Pues lo dice usted mismo, "no es divertido!" . Yo que él, vendría toda la carga al mercado negro y haría de nuevo mi vida en un lugar de África o en las islas del Caribe.
--¡ Qué ideas Adama! Soy comandante de este buque, ya te acuerdas;tengo responsabilidades.
--¿ Y cuánto se le paga para arriesgarse? ¿Cree que el armador al calor de su chalet en las Bahamas, se está arriesgando?!
--¡Eso no tiene nada que ver! Él compra los barcos y ofrece el servicio a proveedores de transporte quienes prestan sus servicios a clientes potenciales.
--A ver si le entiendo bien: quiere decir que todo el mundo se está arriesgando.
--Claro.
--¿ Pero quién es responsable si hay un problema con el cargamiento?
--Eso depende. Si eso viene del barco es el armador, y el proveedor de transporte en una menor medida puesto que fia del armador por las cuestiones de seguridad. Si eso viene de una mala amarradura de la mercancía por ejemplo, entonces es sobre el armador que recae la culpa.
--¿Quién lo hace recaer sobre el comandante y su tripulación, verdad?
--¡Exactamente! Ves que no tenemos interés en hacerlo en un dos por tres. Nuestro salario y la vida de nuestras familias dependen de nosotros.¡Vaya, Adama! ¡Bastante discutir, ya es hora que haga una vuelta al mando; el Segundo y el equipo llegan para cenar! Y gracias por el mafé, estaba rico.
--Hasta luego comandante y¡ Piense en lo que le dije¡
--Sí, claro. ¡Voy a preparar el nuevo rumbo para secuestrar mi propio barco! ¡Ja, ja, ja!
Paul, el cocinero y el segundo entraron en la cámara de oficiales en el momento en que el capitán lanzaba su última réplica.
--¡Secuestrar el barco! ¡Está muy buena aquélla! rió a carcajadas Paul.

Subió el comandante en la cabina de control la sonrisa en los labios y la mirada perdida en las estrellas. Le gustaba este cambio de cielos al viajar, pasar del hemisferio norte al hemisferio sur. Y olvidarse del Léon y de Hercules para descubrir al Cuervo, la Vela, la Brújula y tantas otras. Pensaba en estos proveedores de sueños que son los astrólogos y la estupidez de sus comentarios.El cielo había cambiado a través de los siglos y seguían dando los mismos comentarios. El comandante no creía en estas cosas que sirven para alejar al ser humano de su propio destino es decir el que se elige y no el que se le impone. Ya habían bastantes obstáculos en la vida para ir en busca de otros imaginarios en las estrellas.

--Dime Adama , ¿No serás tú él que le daría tales ideas al comandante?
--Yo, lo que digo... Conozco a gente... Una llamada telefónica y en dos días... Estarán allí... ¡Para descargar el barco! ¿Pagan hasta el último céntimo, sabe? ... Podrías rehacer tu vida en un paraíso fiscal, Suiza... si te gusta la nieve... o las islas Caimanes... por si te gusta la vela, Cocinero... ¡Realiza tu sueño!
--¿ Y a nuestras familias, qué? ¿A nuestras mujeres y a nuestros niños? Preguntó Paul.
--¡ Ni tienes Paul!
No, no tenemos,añadió el segundo, pero el comandante,sí.
--¿Y qué Paul? ¡Mujeres hay por todas partes!
El comandante hacía balance del día con el equipo cuando Paul le pidió:
--¿Entonces Comandante, este secuestro?
--No me diga, este Adama es un ratero...
--Es verdad que nuestra carga vale oro en estas regiones, replicó Paul.
--Claro Paul, algunos millones aquí no llegan a unos mil euros a casa . ¡Vaya, dejen de soñar marineros! En un mes estamos en el mar de China y la piratería en estos parajes es moneda corriente.
--Bien iría yo a terminar mis días en las islas Fiyis! ¿Qué?¿Ustedes, no? Luego el cocinero prorrumpió en risa
En Ciudad el Cabo, el desembarque de las mercancías se desarrolló sin problemas. El comandante había permanecido a bordo, esperaba a una visita. Pero al día siguiente cuando la comida, el comandante parecía impaciente. Adama no dudó en pedirle:
--¿ Qué es esto que le preocupa, comandante?
--Anunciaron riesgos de fuerte temporal en nuestra ruta mañana. Y por aquí, sabes, no hacen regalos. ¿Conoces las olas malvadas?
--No.
--Rodan así en la Corriente de las Agujas. Son imprevisibles:verdaderas paredes de agua que pueden rasgar un buque. E incluso sin aviso de temporal.
--¿ Entonces pasamos más al sur comandante?
--No deseo tomar riesgos con este cargamiento. Sí, yo creo que vamos a bajar hacia el sur, a pesar de tener un poco de retraso.
--¡ Al sur toda, comandante! se exclamó Adama.
--Pero digame comandante, si va a tener retraso, ¿su mujer estará impaciente?
--¡Qué indiscreto Adama!
--Pues yo, en mi familia eran « griots » de padre a hijos. Y como no me pintaba en este papel, entonces me largé en cuanto pudé.
--Y esta vez,¡ sí que te largaste Adama! Pero guardaste algo del « griot ». Todo el mundo escuchó tus historias y se pone a soñar ahora. Me pregunto si al fin y al cabo no eres más peligroso que la Corriente de las Agujas.
--¿Le das noticias a tu mujer?
--No tanto como estoy a bordo y sólo cuando vuelvo a casa. Los pies en tierra firme le doy noticias del ancho mar pero nunca cuando estoy dentro.
--¿Supersticioso? dijo Adama con una sonrisa malévola.
--No... en fin, si... un poco. Es largo a veces el viaje, entonces uno se pone a soñar y siempre es cuando llega un lío. Y tú, ¡con tus cuentos!...
--¡Y usted con su honradez!
--¿Qué honradez? Pero finalmente si todo el mundo hiciera lo que tú sería la anarquía. Ya te hubiera reducido en la peor esclavitud o peor todavía...
--Y qué cree que estén haciendo los que juegan en la Bolsa con miles de millones todos los días en Nueva York, Londres o París. ¿Se preocupan de ustedes, de su carga, de su futuro? ¿Son honestos ellos? ¿Cree que tienen esta espada de Damocles en sus cabezas? ¿Cree que si pueden hacer una OPA sobre su competidor van a molestarse, a tener los escrúpulos que les pinchan los ojos y les pican la nariz?
--¡No mezcles todo Adama! Y luego, yo, tengo escrúpulos.
--¡Escrúpulos! ¿Sabe de dónde viene la palabra « escrúpulo », comandante? De « piedrecilla ». « Como tú piedra pequeña como tú ...» ¿no conoce esta canción? Fue una amiga española que me la enseñó. « Escrúpulo » es un miedo muy cristiano porque a los cristianos les gusta buscar al ser perfecto y por eso tienen tanto miedo a todo lo que les parece fuera de lo que llaman la perfección. « Escrúpulo », es sinónimo de miedo, sí comandante de "miedo"; miedo a nada, miedo a todo. ¡Qué raro! Yo no me lo imaginaba miedoso.
--¡ Qué no lo soy! ¡Si no cómo hubiera podido ser comandante!
--Miedo a desagradar a sus padres, miedo a no hacer así como el hermano o el primo o incluso la hermana; miedo a ser juzgado como pequeño jugador, miedo a....
--¡Basta!
Adama imperturbable siguió:
--¿ Y si hiciera lo que siempre soñó?
--¡No! Y además no es con un cargamiento de coches que me va a ofrecer un magnífico hotel al lado del mar.
--¡Ya estamos! Un hotel en los mares del Sur.
--¡No te rias!
--Qué va, comandante, qué no.
--Si hubiera dicho a mis padres, marineros de padres a hijos, que quería convertirme en hostelero!....

Adama dejó paso al silencio, dejándole tiempo al comandante para que se enroscara en su sueño y dejarle proseguir su monólogo en voz alta:
--¡Pero me habrían desheredado, Adama, a mí, el mayor! No podía sino pasar a ser comandante ya que mi padre era capitán..... creo que se murieron felices, contentos de su vida y de haber contribuido al éxito de sus hijos .

Entonces Adama siguió las huellas que había dejado el comandante:
--Pero el hijo se quedó soñando en la playa dorada con su « Vahiné »... Tan bonito, tan tranquilo y dulce su sueño comandante que bien me dejaría implicar.
--¡ Nosotros también! Declaró el resto de la tripulación que venía a cenar y había oído el final de la conversación entre Adama y el comandante.
El comandante se recompusó y dio las gracias a Adama y al equipo. No se habían burlado de él. Se pusó la gorra y salió al puente.

Pocos minutos después subió en la cabina de control. La tripulación cantaba canciones de marineros que no vuelven : « Good bye, farewell, Good bye, farewell... ». La mirada perdida sobre el horizonte donde la luna se refleja en los mares tranquilos, el comandante sonrió al tomar de nuevo el mapa para volver a dibujar la ruta de los próximos días. Luego se dirigió hacia la caja fuerte, sacó cinco bolsitas de terciopelo negro, que abrió delicadamente uno a uno: los diamantes brillaban por todos sus destellos:
--¡Con eso, sí, se puede soñar realidad, Adama!

Glosario:
Griot: [GRIO] cuentero africano de tradición oral.
Vahiné : tahitiana
Mafé: plato africano conocido también como « pollo al cacahuete », ¡delicioso!

Texto agregado el 08-05-2007, y leído por 214 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
29-05-2007 Será por lo bien contado, será porque soy un enamorado del mar... Será por ambas cosas... No lo sé, pero disfruté mucho el relato. De cinco estrellas; estrellas como las que adornan el cielo de esa playa dorada. borarje
10-05-2007 Es como una curiosa parábola, y está bien contado. sereira
09-05-2007 Que buen relato, bien armado, tan bien como el mismo barco y sus ataduras pas la carga, sueños con dineros no propios, un sicologismo interesante ya que revela los sueños de cada uno, lalucha entre el bien y mal sin saber como determinar en donde el bien y en donde el mal. el final, increible, muy bueno, además que lo dejas abierto y por donde pueden fluir tantas historiias como sueño tenga vada uno d elos tripulantes y el GRiot.***** curiche
 
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