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Inicio / Cuenteros Locales / gui / Sombras en las tinieblas (Parte I)

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No, no es difícil matar a alguien. Cuando uno tiene un objetivo claro y eventualmente, aparece un obstáculo, no queda más remedio que proceder. Entonces, no se está asesinando, sino, limpiando y allanando el camino para lograr ese objetivo. Claro, puede intimidarlo a uno la sangre, los gritos, las súplicas, la resistencia. Pero luego, cuando el tipo está inmóvil, tendido en el piso, ya no es un ser humano, sino una criatura faenada, un montón de carne y un atado de huesos de los que hay que deshacerse a como dé lugar.

Petrovic fue esa bestia despostada que tuve que acarrear a mi automóvil y luego, correr a toda velocidad hacia el barranco más lejano. Borré toda huella, nadie sospecharía jamás de mí. No fue la idea, cometer un crimen perfecto lo que me envaneció en ese momento, ya que, en rigor –ya lo dije- no lo fue. El asunto concreto es que me apropié de ese dinero y esas joyas, que es lo que importa. Si Petrovic no se hubiese cruzado conmigo, ahora estaría viviendo su existencia vulgar, pero vaya a saber uno si, por algún designio misterioso, yo tenía que ser un ocasional ángel de la muerte y –visto de esa forma-, ¿quienes somos nosotros para cuestionarnos esas cosas?

El asunto es que transcurrido un par de meses, algo extraño comenzó a suceder. El fallecido, un hombre corpulento, de nariz prominente y reluciente calva, comenzó a aparecérseme en sueños. Pensé, con mucha razón, que era mi conciencia, que lo violento de la situación se anidaba en mi subconsciente y ahora buscaba cauces y afloraba de esta forma. Al principio, pensé que era eso.

Pero más tarde, ocurrió algo que comenzó a aterrarme. Simples objetos: una taza, un libro, una figurita de porcelana, colocadas frente a una fuente luminosa, devolvían sombras que no correspondían a ellas, sino a formas en extremo siniestras. A veces, me parecía ver el perfil tan particular de Petrovic, esbozando una carcajada, en otras ocasiones, era una mano que adelantaba un sentencioso dedo, de pronto, era la anatomía gruesa del occiso, amenazándome desde las paredes...

(Concluye)






































Texto agregado el 12-05-2007, y leído por 141 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
15-05-2007 Me ha gustado mucho la forma fría, racional en que se expresa el asesino. Corro a leer la segunda parte. Un saludo. galadrielle
14-05-2007 Que bien!!!! Volviste a las andanzas... Petrovic... anemona_
13-05-2007 Esto me queda super mcbien esta noche en que me quedo sola en casa, menos mal que con el cable no sentiré tanto el miedo. Pero creo en todas esas cosas y mas... Vic 6236013
13-05-2007 genial!! mis estrellas!! ;P bso Maggie_Lee
 
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