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De la Biblia, la ignorancia, Antonio, Ofelia y Efraín


Ofelia Zamudio agoniza. Un fuerte dolor en el abdomen le consume la vida. Sufre y su dolor, inmenso, sólo es disipado por su fe. La que mueve montañas. Con su Biblia aferrada al pecho recita salmos que sabe a la perfección. A su lado un nochero y en él un vaso y una nota. En la pared a su espalada un crucifijo. Al frente una puerta de madera pintada de blanco. A su izquierda, una gran ponchera de aluminio llena de vómito. La habitación está sola. La casa está sola. Ofelia está sola, muriendo.

Con la cabeza hacia el hombro izquierdo, boca a abajo y con una pierna recogida, reposa el cuerpo de un hombre muerto sobre el pavimento de la calle de los Pesares.
La mirada ausente de cadáver estaba cargada del algo particular, tristeza, quizá.
Marcaron la silueta, se tomaron unas cuantas fotografías, y se llevó a cabo el levantamiento. Otro muerto mas. Solo algo particular, causa de la muerte: herida con crucifijo en el abdomen que causó desangramiento. El cuerpo está golpeado.


- Buenos días, permítame presentarme querida señora. Soy Efraín Julio y vengo a hablarle de una persona muy especial. De alguien que por amor vino a salvarnos. De un hombre, que a pesar de ser Dios, murió como un puerco criminal. Sabe porqué doña? Por amor. Le vengo a hablar de Jesucristo.

La señora empuja tratando de cerrar, pero el pie del personaje que habla está atravesado entre el marco y la puerta metálica.

- Si señora, de Jesucristo. Y no me voy hasta que usted oiga lo que tengo que decirle. Es que mire, yo era alcohólico y mujeriego, yo era desempleado y estaba lleno de deudas. Mi vida era un asco. Yo era un pecador.

La señora piensa de inmediato en su hijo. Un borracho.

- Aunque no lo crea, es cierto. Aquí donde me ve, yo era hombre de dos botellas de ron en una noche. Y no solo eso, la droga y las prostitutas! Estaba perdido.

La señora piensa en las novias de Toño. Todas tan care putas.

- Pero señora, he encontrado el camino. Hoy mismo celebro cinco años de no beber. Estoy casado y tengo dos hijas. Si, señora, Soy un hombre nuevo, he encontrado el camino.

Ofelia piensa que Toñito debería tener hijos y volverse juicioso.

- Y no solo eso señora. Tengo el placer de decirle que desde que Jesucristo entró a mi vida, el trabajo abunda y las oportunidades son muchas. Si señora, yo me arrepentí y Dios me lo dio todo. Porque Él es grande. Él es todo. Él dio su vida por mi, él me salvó en su cruz.


La Puerta metálica se abre rápidamente. El olor es horrible. Piensa lo peor. Es tarde. ¡Y él bebiendo malditasea!. ¡Todo por estar bebiendo!. ¡Todo por sus novias que eran unas care putas!, ¡Todo por no tener hijos ni volverse juicioso!. Continúa, acelerado, y al entrar al cuarto principal encuentra el cuerpo de su madre ya bastante descompuesto y con una mueca horrible. Su boca, muerta y rancia, chilla de dolor en silencio. Toño vomita en una ponchera que estaba al lado de la cama. Y llora, lo llora todo. Maldice, toma el Cristo de la pared y sale de la casa.
Con pasos tan pesados que penetran el pavimento sale decidido. Y piensa. Su madre, y las visitas de Efraín. Y la llegada de Jesucristo a su casa. Y como su madre leía la Biblia. Y como le rogaba que fuera juicioso y se organizara. Que como Efraín, se convirtiera. Con la imagen de Jesús crucificado aferrada con todas sus fuerzas, mas la fuerza inmensa de la venganza, busca a Efraín. Tiene en su bolsillo, una carta de su madre. En realidad un pedazo de cartón de cigarrillo en donde, con kilométrico azul ella había escrito sus últimas palabras. Aún no se atreve a leerlas. Sabe que todo es culpa de Efraín, sabe que es si no mata a Efraín va a tener tiempo de recordar que es su culpa realmente. Sabe que cualquiera puede ser un borracho si no llega nadie a casa con Jesucristo. Borracho, hoy en día, es mejor profesión que la mayoría. Ser un borracho, hoy en día, es mucho mejor que anunciar la Biblia. Dar un libro escrito hace miles de años a ignorantes que nunca han leído nada. Y sigue, con pasos aún mas decididos, se dirige a la calle de los pesares. Allí seguro estará Efraín.
El timbre. Nadie responde. Grita. Nadie responde. Grita aún mas fuerte. Le dicen que Efraín aun no llega. Espera. Decide leer la carta. Cada palabra le quema, cada frase lo mata. Y cuando termina, no puede mas que golpearse con el crucifijo, golpearse fuerte, y finalmente, enterrarlo en su abdomen. Se retuerce y muere.

Efraín llega con la Biblia bajo el brazo. Ve el cuerpo de Antonio. Ríe, acaba de llegar de reportar a Ofelia muerta. Piensa en su casita, en la casita que Ofelia puso a su nombre para que se la administrara a Antonio cuando ella lo salvara. Y tomando su arma en las manos, la alza, la besa y la vuelve a poner bajo su brazo pensando: ¡que librazo!.


Ofelia toma del vaso con la mezcla que había preparado Efraín y lo bebe.


El detective revisa los alrededores y encuentra un cartón blanco con algo escrito. Lo levanta y mira la inscripción. –Mijo, esto lo hago por usted, porque como Jesucristo, yo le doy mi vida, por amor, para salvarlo-.

samot.
Hace como dos meses. S.Santa2004.

Texto agregado el 05-03-2004, y leído por 526 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
12-03-2004 muy bueno... me gustan las descripciones... un abracito mariquevedo
07-03-2004 No tengo nada en realidad contra dios...ni a favor. Pero en verdad me enferma esa gente que lo prostituye todo en busca del lucro. Me encanta este cuento...y es la primera vez que voto 5 estrellas sHiTLeY
 
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