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Inicio / Cuenteros Locales / hippie80 / Arena blanca, bikini azul.

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Aquello era el colmo. El profesor de biología había traspasado todos los límites de la tolerancia y su última idea genial era que el curso realizara trabajos de investigación.
A mí, junto a mi compañera de banco, nos correspondía investigación biológica marina, lo que significaba ir al mar a obtener muestras diversas y luego confeccionar un informe científico.

Dicho aquello, el profesor dejó la clase libre para que planificáramos el modo de realizar tan genial actividad.

- Es completamente ridículo – le dije a mi compañera – aún no es primavera, no iré al mar a congelarme de frío, además los peces y las algas deben estar en periodo de hibernación. Nuestra única salvación es declarar la huelga estudiantil.
- Qué exagerado – respondió riendo mi amiga – no creo que sea tan grave ir a la playa en busca de algunas muestras marinas, además es verdad que aún no es primavera pero hacia mediodía siempre se despeja y sale el sol.
- Mira, yo sé que a ti te agrada el mar y la playa, pero eso no significa que yo deba seguir al pié de la letra todas las locuras del profesor.
- Oye, no te quejes tanto, ir a la playa para cumplir con un trabajo escolar no es el fin del mundo, además si nos queda tiempo después de recolectar muestras, podríamos nadar juntos un rato, ¿no te parece?
- ¿Nadar?, tú estás delirando, el agua debe estar heladísima, un oso polar no pondría un pié en el agua.
- Está bien, está bien – responde entonces ella algo molesta – si no deseas ir conmigo puedo ir con otra persona. No me arriesgaré a una mala calificación sólo por tu capricho.

A esto último no contesté, pero la culpa de todo la tenía nuestro brillante profesor de biología, no tan sólo nos encargaba un trabajo ridículo sino que también me hacía enojar con mi compañera y ella es buena en biología y química, materias que no me agradan en lo absoluto. De manera que respecto al trabajo de investigación, no tenía alternativa ni tampoco podía causar problemas a mi amiga de curso de modo que con tono heroico le dije:

- Bueno, ya lo he pensado un poco, iré contigo a la playa a recolectar tus queridas muestras marinas.
- Qué bien, eso que dices es mucho mas sensato. Le diré a mi papá que nos lleve el próximo sábado en la mañana a la playa en su camioneta y así podremos trabajar con tranquilidad.

En los días siguientes acordamos con mi compañera, encontrarnos a la nueve de la mañana del día sábado en la entrada de la ruta de la costanera de nuestra ciudad, allí acudiría ella junto a su padre.

Y aquella fría mañana de sábado me presenté con puntualidad al lugar acordado, ella y su padre también llegaron al punto de encuentro sin retraso. Subí rápidamente a la camioneta y enseguida ella me presentó a su padre. Era un tipo muy cordial, bastante alto y algo grueso de contextura, lo que me llevó a concluir que su hija no había heredado sus cualidades físicas, pues mi compañera era del tipo delgada y de mediana estatura.

El viaje fue bastante breve y nos internamos unos diez kilómetros por la ruta costanera, hasta encontrar, según el padre de mi amiga, el lugar ideal para recolectar muestras de biología marina. Para mí, el lugar era horrible, el cielo cubierto de nubes grises y el mar luciendo un tono incoloro, triste y melancólico. Era la imagen perfecta de un mundo desolado, carente de vida, de música, de calor.. entonces pensé que ningún ser viviente aunque fuese unicelular, se atrevería a vivir en aquel lugar.

Pero por su sonrisa, pude deducir que mi amiga no opinaba lo mismo, ella se veía feliz y optimista como su padre el que finalmente dijo con orgullo :

- Bueno chicos, yo debo volver a la ciudad, regresaré por ustedes antes de las dos de la tarde y nos encontraremos en la playa del norte.

Enseguida, su hija le dio un beso de despedida y luego mirándome fijamente a los ojos me dijo :

- Cuida a mi hija eh?
- Sí señor, yo la cuidaré – respondí nervioso – no tenga cuidado.
- ¿Sabes nadar?
- Sí señor, sé nadar.
- Si mi hija cae al mar, ¿iras a desafiar las olas y salvarla?
- Absolutamente señor, lo haré, además ella se sienta junto a mí en clases y ...


- Ay papá, ya deja de molestar – dice mi compañera interrumpiéndome - , sólo ven por nosotros a la hora acordada y no nos deje aquí en la playa sin almuerzo.
- Está bien, entonces me marcho sabiendo que mi hija está bajo buena protección.

Dicho lo último, él se acerca a mí y estrecha mi mano en señal de despedida, pero con tanta fuerza que me provoca el primer dolor de aquel desdichado día. Luego se marcha a la ciudad en su camioneta, suerte que envidio profundamente.
De inmediato y ajena a consideraciones conflictivas, mi compañera se acerca a la playa para hacer las primeras observaciones, se libera de sus zapatos y descalza alcanza el agua del mar con sus pies.

A ella la conozco hace ya dos años y simpatizamos desde el primer momento que nos conocimos, la mayor parte del tiempo se sienta a mi lado y sólo abandona su lugar para ir a conversar con sus amigas de curso. Ellas son tres, Verónica, Glenda y Marcia, cuando ella se reúne a su grupo, se puede decir que son cuatro y ellas son sin duda, las más atractivas del curso.
Mi compañera tiene cabello largo de color castaño y en las mañanas cuando el sol entra a través de los cristales de la sala de clases, su cabello destella tonos de cobre rubio y oro. Si está de buen humor, su cabello cae libre cubriendo sus sienes y oculta sus oídos hasta traspasar el límite de sus hombros. Esta condición que enmarca su rostro armoniosamente , sumada a su sonrisa sincera y abierta , la hace lucir muy hermosa y atractiva.

Por el contrario, cuando está de mal humor, en un gesto violento e involuntario, toma su cabello y lo ordena detrás de sus oídos, lo cual da a su rostro un aspecto divertido y cómico debido a que sus oídos no son del todo pequeños. Habría que ser muy valiente y arriesgado para decirle que cuando se enoja parece una “coneja furiosa”, lo cual sería exponerse a lamentables consecuencias. Otro síntoma particular es cuando ella se inclina sobre el banco de estudio y su rostro casi toca la madera donde descansan los cuadernos, eso es un indicativo de que está furiosa.

Diferente es cuando está triste, cuando eso sucede sus cabellos cubren el iris de sus bellos ojos castaños-verdosos como un manto de pudor, y es muy difícil lograr mirar su estado emocional a menos que una lágrima ruede por sus mejillas. Afortunadamente, casi nunca está triste, pues es una chica muy optimista y alegre.

Y es así como la veo ahora, alegre sacando muestras del mar para poder realizar nuestro trabajo de investigación. Posee un increíble talento para encontrar cosas interesantes en la orilla del mar o entre el agua que queda posada entre las caprichosas rocas. Yo sólo cumplo la función de ayudarle, traigo los depósitos donde deja las muestras, rotulo las mismas para catalogarlas y en un cuaderno anexo me pide escribir, la temperatura media del agua y la profundidad del habitad de las especies.

Ella es realmente buena para esto, pero todo eso no me consuela, me deprime la tristeza de la mañana, el cielo cerrado de nubes, la ausencia de las aves marinas... incluso, extraño su sonrisa, si al menos sonriera por un instante, pero ella está absorta en su trabajo y su aspecto es grave y lejano.

Luego, egoístamente intento culparla de mi desdicha y le digo :

- Me dijiste que el día sería soleado y quizás podríamos ir a nadar. Nada de eso sucede
- Yo dije que tal vez hacia el mediodía pudiera abrirse el cielo y salir el sol, pero eso no lo puedo asegurar. Es temprano aún.
- Es un lugar horrible, aunque esperemos toda la eternidad, jamás podremos ver el sol.
- Bueno, no investigamos sobre el clima sino sobre biología marina, si no sale el sol o si llueve es lo mismo. – contestó ella con tono más molesto – debes pensar más positivo.
- Tu me prometiste que....
- No, yo no he prometido nada, yo no te prometí ni el sol ni un mar de ensueño, sólo hablé de trabajar y de una pequeña posibilidad.
- Está bien, perdóname, quizás te esté molestando porque me siento muy mal y deprimido. Además, no deseo que te enojes.
- Entonces no provoques mi enojo – respondió ella con cierto alivio – tampoco deseo enojarme.
- Entonces, a trabajar...

Pero mi última frase sólo se debía a cierto temor que tuve en caso que mi compañera llegara a enojarse, sólo quería evitar eso, pero de trabajar...nada. El resto del tiempo me quedé mirando el cielo y sus grises nubes, cómo viajaban rápidas hacia el horizonte para perderse más allá de la curva de la atmósfera y llegué a pensar que el cielo podría despejar gracias a los rápidos vientos que provienen del Este y empujan las nubes, pero había demasiada nubosidad, era en realidad, un sueño imposible.

Me resigné y dejé todo en el olvido y me puse a trabajar con mi compañera, a ayudarle en su labor, después de todo, ella había sido muy noble hasta ese momento. El trabajo me hizo bien, y me sentí mejor, tanto que el tiempo transcurrió sin que me percatara de aquello.

De pronto, algo maravilloso sucedió, una luz poderosa vistió de dorado la arena de aquella playa melancólica, miré entonces hacia el cielo y pude ver cómo el sol se filtraba por entre las pocas nubes que quedaban en lo alto.
A los pocos minutos, el resplandor del sol fue absoluto e invadió todo nuestro entorno, como un fenómeno mágico, el mar adquirió un maravilloso tono azul y las aguas cercanas a la costa comenzaron a fulgurar en tonalidades verdosas, de finas y lustrosas esmeraldas.
Las aguas del lugar donde estábamos trabajando, en un instante pasaron a ser masas líquidas de cristales transparentes movimos por el suave latir de la marea. Se podía ver entonces, en el arenoso fondo marino, el arabesco baile de las algas doradas danzando al ritmo sinuoso del mar.
Entonces recordé las ondas de los cabellos de mi amiga y al mirarlas, pude apreciar que al igual que las algas, éstos destellaban tonos de cobre que variaban de color según el capricho de la brisa marina.

Por su parte y entonando sus extraños cánticos, las aves marinas alzaron el vuelo trazando en el cielo los invisibles arcos de sus rutas aéreas auscultando el agua en busca del diario alimento, todo el mundo había despertado en aquel instante, aquello era evidente y maravilloso.

Minutos más tarde, nuestro trabajo estaba concluido y entonces ella me dijo que debíamos caminar por la orilla del mar hacia la playa donde vendría a recogernos su padre, es decir, hacia el norte. Ordenamos todos nuestro equipo de investigación y comenzamos a caminar en esa dirección, el calor aumentaba con el transcurso del tiempo y de pronto ya estábamos frente a nuestro lugar de destino. Es una playa muy bella, de limpias y blancas arenas donde se puede nadar con confianza y seguridad. El lugar estaba desierto debido a que no era temporada de playa aún, pero el clima era ideal y todo invitaba a quedarse allí, en esas ahora tibias arenas bañadas de sol.

Dejamos nuestras cosas en la arena y nos quedamos descansando y mirando el mar unos instantes, hasta que mi compañera de curso exclama:

- Bueno... ahora, a nadar ¡!

Rápidamente se despojó de sus juveniles ropas y entonces pude apreciar que llevaba encima un hermoso bikini color azul, cuyo diseño resaltaba su bello cuerpo y figura. No tuve mucho tiempo de admirarla pues corriendo sobre la cálida arena, en un instante ya estaba en el agua.

- Ven a nadar ¡ - me gritó a la distancia – el agua está deliciosa.

En realidad, el agua no estaba tan deliciosa como ella declaraba, pero pasado unos minutos de permanecer sumergido, ya se sentía todo mejor. Nadé hacia ella y entonces me propuso investigar quién era más rápido nadando. Por cierto me ganó por amplia ventaja y comprendí que no podía competir con ella en el mar.

Me cansé mucho intentando seguir su ritmo y velocidad pero era imposible hasta que le dije:

- Está bien, tú ganas, no tengo esperanza de alcanzarte.

Lo que provocó su amplia sonrisa de triunfo y superioridad, luego se acercó a mí y a modo de consuelo me dijo:

- Bueno, ahora nadaremos bajo el agua, quizás así me puedas ganar.
- No creo – contesté intentando recobrar la energía perdida – siempre ganarás

Entonces me quedé inmóvil en un punto del agua mientras ella nadaba a mi alrededor, sumergiéndose de vez en cuando, demostrando lo buena que es bajo la superficie. A veces, la estela del agua me ayudaba a predecir dónde emergería, pero en otras oportunidades se sumergía tan profundamente que era imposible saber dónde iba a emerger. Realmente era un juego hermoso verla aparecer en una explosión de agua en un lugar indeterminado.

Por algunos instantes imaginé que se había transformado en sirena, como aquellas de la mitología que encantaban a los marinos y los llevaban a tal embrujo que sus navíos terminaban estrellados en las rocas.
De pronto, mientras alucinaba con aquellas imagines, ella emerge justo frente a mí, precedida de una corona de agua y espuma.
Veo su rostro, bello y marino, y en mi ensoñación azul, veo que sus cabellos lucen como finísimas algas cuyos extremos se mecen es los cristales del agua y los ojos, los ojos antes castaños, ahora tornados color esmeralda por efecto de la sal marina.

- Soy una sirena – me dice y sonríe.
- Eso pensaba – contesto –
- Ven a mi reino marino, sumérgete conmigo.
- No puedo sumergirme.
- Sí puedes – contesta ella con confianza – ya verás.

Entonces se acerca más a mí y me besa, la beso, nos besamos y perdemos la sustentación lo cual provoca que nuestros cuerpos se sumerjan como ella lo había pronosticado. Allí continua nuestro beso, sumergidos en el paraíso azul y oscilante del océano, descendiendo inertes e ingrávidos como una estrella de mar. Sólo la falta de aire detuvo nuestro beso y regresamos a la superficie.

- Aún soy una sirena – vuelve a decirme en su fantasía – debes atraparme si deseas mis besos.

Alcanzarla no fue tan difícil esta vez, yo tenía más energía y ella estaba cansada, sólo tenía que ir tras la sirena de bikini azul y sus besos de agua y sal.

Pero el tiempo transcurría y finalmente nos hizo abandonar nuestro paraíso azul, su padre no tardaría en regresar por nosotros y todo aquello habría concluido. Salimos del agua y ella se recostó sobre una toalla extendida sobre la tibia y blanca arena de aquella playa nuestra y dando la espalda al sol, me pidió que secara su cuerpo.
Cuando su piel tersa quedó completamente seca, miré el rostro de mi compañera y ésta parecía estar dormida, ausente e indolente de mis sueños. Entonces creí que debía hacer lo mismo que ella, dormir.

Sobre su espalda descansé mi cabeza para meditar y a mi vista se abrió el mar azul y majestuoso, apenas separado por aquella arena blanca, separación que entre ella y yo, ya no existía.

El tiempo que reposé sobre su piel fue mágico y perfumado, deslumbrante en colores y pensamientos. Sin embargo, de pronto, una voz grave y sonora quebró mis sueños.

- Veo que ya han terminado el trabajo, no?

Era su padre, el padre de mi amiga que acudía puntual a la cita de rescatarnos y volvernos nuevamente a la realidad.

- Sí señor, ya hemos terminado- contesto asustado y separándome del cuerpo de mi compañera – todo ha ido bien
- Veo que has cuidado bien de mi hija.
- En todo momento, no dude usted. Solamente está cansada por haber nadado demasiado en la playa.
- Ah, sí, nadar es bueno, en mi juventud pasaba días enteros nadando y nadando, pero está bien, es hora de regresar, un buen almuerzo nos espera.

Y así terminó nuestro día de investigación marina, una mañana que no olvidaré fácilmente. Nuestro trabajo obtuvo excelente calificación por parte del profesor de biología y mi compañera de curso se mostró muy alegre al saberlo.

- ¿Ves? – me dijo sonriendo – después de todo no era tan difícil.
- Bueno, con tu ayuda, todo se hizo más agradable e interesante.
- ¿Sí? – contestó ella con sorpresa – y, ¿qué fue lo más agradable e interesante?
- Creo que fue...
- ¿fue?...
- ¿Tu bikini azul?

Entonces ella me mira con sus inmensos ojos castaños e intenta decirme algo...pero por fortuna en ese momento la profesora de literatura dirigiéndose a ella, le dice:

Usted señorita, que luce sorprendida y distraída de la clase, ¿tendría la gentileza de leer este poema al curso y luego analizarlo?

















Texto agregado el 03-07-2007, y leído por 1438 visitantes. (50 votos)


Lectores Opinan
02-01-2017 mal aprovechado el tiempo libre satini
23-05-2015 Qué detalle, lo que más le gustó fue el bikini, prenda mágica y colorida. Me encantó lmarianela
12-02-2009 La historia es tan simple que hasta uno acaba pensando que no entendiò el cuento. Aùn asì es digamos bonita. meaney
28-07-2008 Excelente relato lindo, buena descripción de paisajes. Me queda esa bella sensación como si formara parte del cuento. te felicito!!! ***** liruviel
19-05-2008 fijate que yo tambien habia pensado en escribir algo así, y tu me has ganado, sin embargo estoy seguro que lo reescribiré, a mi manera, claro, te avisaré cuando lo haga.. chinaski81
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