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Por alguna razón siempre he sabido cuando es que estoy soñando y cuando es que estoy despierto, mas no puedo controlar los sueños a mi antojo, simplemente suceden y yo soy parte de ellos tanto como lo soy de la vida real. Lo curioso es que hoy ha acontecido algo mucho mas raro, no se si sea pura suerte o es que tengo algún don. Hoy soñaba que era un magnate, que usaba enormes anillos de oro, pesadas cadenas llenas de relucientes diamantes, estaba vestido con un elegante smoking, y le iba a proponer matrimonio a mi sirvienta; en el bolsillo tenia el anillo de compromiso, tan brillante ke lastimaba a la vista. Oí sus pasos acercarse, mi corazón palpitaba con fuerza, haciéndose mas rápido conforme esos pasos se escuchaban con mayor fuerza. Escuche un portazo y me desperté. Seguía vestido de magnate, enormes anillos de oro adornaban mis dedos, las pesadas cadenas oprimían un poco mi pecho y dentro del bolsillo del somking sentí un pekeño estuche, lo sake y me lastimo la vista el reluciente anillo.

Esto me esta empezando a gustar, hoy ya no estoy solo, ahora somos tres, viviendo como reyes. En la tarde, antes de dormir la siesta, fui a vender mis cadenas y anillos de oro, obtuve 737,535 pesos, eran piezas muy finas, esta decidido, renunciare a mi trabajo y me dedicare a soñar, para mi suerte dormir es mas redituable ke trabajar y mejor si hay sueños como los que tuve hoy, ahora era dueño de un harem, las hermosas doncellas danzaban para mi moviendo deliciosamente sus caderas, ondeando el aire con los dedos, de nuevo estaba envuelto en joyería y a mi lado guardaba celosamente un pekeño cofre lleno de monedas de oro, algunos sirvientes me abanicaban con grandes hojas, luego señale al par de mujeres mas bellas y que mejor bailaban. Su danza me hacia estremecer hasta la medula. Tomadas de mi antebrazo las lleve a una sala llena de mullidos cojines en una gran cama donde los tres hicimos el amor como locos. Justo antes de llegar al orgasmo me desperté y pensé, maldición, que grandioso sueño estaba teniendo antes de darme cuenta ke seguía sintiendo ese voluptuoso, húmedo y calido par de cuerpos...

Hoy dormí con mis compañeras, comencé a soñar que era un famoso arqueólogo al principio del sueño pensé que era posible descubrir alguna nueva civilización y me vislumbre como el Darwin de la arqueología en el mundo real, rodeado de la gente mas culta, de la crema innata de la alta sociedad. En el sueño estaba solo, dentro de una catacumba, la sombra que emitía mi cuerpo debido a la antorcha ke llevaba bailaba de manera tembeleke, me puse a revisar las inscripciones en las paredes pero no lograba descifrarlas todas, algunas mostraban hermosas jóvenes siendo sacrificadas a un dios enorme dentro de un salón rojo. Seguí mi camino y encontré algunos objetos antiguos, solo llevaba los mas pekeños y que parecían de mayor valor, entré a algunas cámaras, todas y cada una de ellas con tesoros y por lo menos un sarcófago; esto era como el valle de los reyes.. No, era mejor… una puerta mas grande que las demás me llamo la atención, tenia tantos ornamentos de oro y joyas que me fue difícil imaginar que no estuviera hecha mas que de ese brillante metal, las inscripciones mostraban bellísimas vírgenes jóvenes, todas con el símbolo característico de ser las futuras esposas del faraón. Sentí un aire ke recorría mi pecho descubierto y de pronto estaba agarrando un báculo, la corona me indicaba ke era el faraón; agradecido por ello, empuje un par de piedras preciosas incrustadas en la puerta, esta se abrió, entré y tras de mi se sello. La enormísima sala estaba construida hacia abajo, había escalones ke llevaban al centro de ella y una fila de sarcófagos a cada lado. Tres bellas mujeres con el signo de la virginidad en la frente esperaban mi llegada juste en medio, fui hacia ellas, eran realmente hermosas y pensé, suertudo de mi. Cuando estuve a su nivel se oyó un gran estruendo, una pared cayó levantado una gigantesca nube de polvo, y oí un rugido. No supe ke había pasado con las damas, en mi desconcierto, comencé a caminar a ciegas y tope con uno de los sarcófagos. Me senté en el suelo y recargue mi cabeza en el sarcófago, luego hubo gritos de mujer que me helaron la sangre, el pánico entro a mi cuando sentí pisadas monstruosas a tan solo unos metros, se escucho un grito ahogado y el crujir de los huesos, pero lo peor es que ahora estoy aki, la nube de polvo ha desaparecido y veo como las paredes de mi cuarto se van tiñendo de rojo.

Texto agregado el 17-07-2007, y leído por 96 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
17-07-2007 Uy ! Me dio miedo ! Buen ritmo, atrayente, me gusta como lo cerraste, en el punto justo de mayor expectativa. abrakadabra
 
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