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Llegué allí llevado e invitado por un grupo de amigos. Cuando se abrió el portón principal, un joven de amplia sonrisa, les pidió mi pequeño equipaje y me condujeron a un saloncito de recepción. Unos caballeros eufóricos de alegría, de nueva cuenta, me dieron la bienvenida y a mis espaldas escuché las respuestas al pequeño cuestionario a que se me sometió. Después de prendérseme en el pecho una tarjeta con mi nombre y el de la comunidad de procedencia, con gestos cordiales, se me señaló un camino que comenzaba por unas empinadas escalinatas. Subí por ellas y casi al final de un estrecho y semi oscuro pasillo, ví penetrar por una poco espaciosa puerta a las dos personas que me antecedían.

Antes de cruzar el marco de aquella portezuela, pude descubrir mi valija sobre la parte inferior de una litera de dos niveles. Los dos hombres me mostraron las facilidades del dormitorio y me hicieron seguirles, esta vez, por la parte posterior de aquella casona, que aunque estaba ubicada en el centro de un alborotado sector de la ciudad, parecía haber sido erecta, como un homenaje al silencio. Descendimos por unas escaleras más angostas y de pendiente mucho más pronunciada que la de las anteriores. Luego de un doble giro hacia la derecha, entramos en lo que aparentaba ser una sala de espera. Al centro estaban mis amigos y fue reconfortante volverles a ver, ya que me estaba comenzando a sentir solo.

Al cabo de quince minutos y por orden no sé de quién, ellos desaparecieron. Luego, a los que como yo, no sabíamos lo que vendría, se nos hizo bajar al sótano. Era un cuarto más amplio que el anterior y con mesas redondas, dispersas conforme ningún aparente esquema. Con amabilidad, se nos sugirió ocupar indistintamente las sillas, cuya exactitud no me pareció coincidencia. Lo que siguió a un breve proceso de autoidentificación, fue una maravillosa charla introductoria. Aquella, fue el punto de partida de un mecanismo que rompería con el insoportable peso de sentirnos extraños. Momentos más tarde, tuvimos un tiempo de reflexión y con la salvedad de no hablar, se nos envió a las habitaciones.

Cuando llegué al aposento, un hombre relativamente joven, de delgada estructura corpórea y de pálida tez, ya estaba recostado en la parte superior del camastro. Siguiendo con lo pautado no le saludé y me dispuse a dormir, cosa que conseguí casi de inmediato. Cuando muy ansioso andaba por los mundos fantásticos del sueño, fuí brúscamente vuelto en sí por los estridentes gritos de mi compañero: ¡ Ay, diosito lindo!. ¡ Ay, virgencita mía!. Fueron las frases que pude descifrar de entre los sollozos de aquel atribulado hombre. Con no poco esfuerzo, pude volver por los senderos que iba, hasta que la realidad, nuevamente y de un tirón, me trajo al plano físico.

Esta vez y al alba, fuimos inquiridos por un bien modulado repique de campanas, a integrarnos al mundo activo de los vivos. Una ducha, una oración y luego un ligero desayuno. Entonces, se nos permitió agruparnos y finalmente conversar. Se tocaron varios temas, pero el dominante fue el de las dificultades que confrontamos para lograr dormir reparadoramente en la primera noche fuera de casa. Entre risas, cada cual destruía la experiencia de haber compartido recámara con alguien ajeno a su cotidianidad. Solo se destacaban sus vicios y diabluras oníricas. Al llegar mi turno y pude hablar, me relamí de gusto, narrando lo que por mi parte había vivido: ¡ A mi me tocó uno que gritaba como un niño! ---Exclamé, entre las risotadas de los del grupo.--- ¿ Y qué decía? ---Se me preguntó.--- Cuando les conté, se retorcían entre estruendosas carcajadas. ---¿ Y cuál es él ? ---Se me volvió a cuestionar. --- Entonces, se lo señalé y como impulsado por un resorte mágico, uno de los presentes, se puso de pié y dijo: ¡ Pero, ése anda por ahí diciendo que él había tenido la desgracia de compartir el cuarto con alguien que roncaba como un cerdo y que su único consuelo fue el de, entre llantos y lágrimas, suplicar compasión y clemencia a Jesús y a María !!!.

Texto agregado el 31-07-2007, y leído por 246 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
11-02-2009 Muy buen texto al que además hay que sumar un titulo curioso y atractivo. Felicidades.5***** setzu
23-02-2008 Una fuerza narrativa incomparable.5* jardinerodelasnubes
31-01-2008 Buenísimo. margarita-zamudio
27-12-2007 Gracioso final para esta curiosa historia. Saludos. leante
22-11-2007 Excelente narración .Impecable.y buenisimo final de la historia . mapata
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