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“Viejo, mi querido viejo,
ahora ya camina lerdo
como perdonando el tiempo
Yo soy tu sangre, mi viejo.
Yo, soy tu silencio y tu tiempo.”

Mi viejo (Canción de Píero)


I

Sus arrugas no delatan tanto sus años
como su experiencia
y su mirada pedida, esquiva
ya no mira cerca, sino lejos
hacia caminos ignotos por descubrir.

II

Sus manos pesadas y callosas
-símbolo de trabajo y tesón-
descansan entrelazas
para no sentirse solas.

III

Hay días que despiertan
Con el deseo inconfesado
De dormirse para siempre…

IV

Sus manos vacilantes, temblorosas
De cuando en cuando se buscan
Se entrelazan, se saludan
Se brindan mutua compañía.

V

Sus cabellos blancos
cuentan las aventuras
las arrugas, sus heridas…

VI

No son viejos por los años
sino por la sabiduría de sus canas.

VII

¿Cuánta sabiduría tienen nuestros viejos?
¿Cuánta que por orgullo e insolencia no supimos aprovechar?

VIII

La vida está plagada de ironías:
Ayer mi viejo me hablaba y yo no le atendía
Hoy le hablo y él ya no puede escuchar.

IX

Siempre quise seguir tus pasos, padre
pero, de algún modo
te las ingeniabas para impedirlo.
Tus huellas siempre fueron
las de un gigante…

X

Al verlos tan quietos, tan silencios, tan apagados
sabemos –sin duda- que su vida poco a poco se apaga
y es cuando –entonces- nuestro amor por ellos crece
y no queremos que nos falten y que jamás se vayan…

XI

Hoy caminé al lado de mi viejo
y me sorprendió descubrir muchas cosas
que, por andar de prisa, a mi paso,
me había negado conocer.

Hoy caminé al lado de mi viejo
cuidando siempre que no fuera a tropezar.
Ayer, cuando yo era apenas un pequeño
igual cuidado, o más, tuvo con amor él conmigo.

Hoy caminé al lado de mi viejo
y doy gracias al cielo
por todo lo que él
con paciencia y ternura me enseñó.

XII

Sobre sus hombros
sobre su espalda
sobre ellos
se edificó
nuestra vida.

Es la razón
por la cual su espalda
-otrora ancha y fuerte-
se haya curvado
y ahora esté cansada.

XIII

Muchas veces me dijiste lo que querías de mí
Y tras el correr de los años
Nunca te he preguntado
Si estás orgulloso de mí
Por lo que soy y he sido.
Yo, en cambio, viejo
Siempre he estado orgullo de ti:
¡No imaginé jamás un padre distinto a ti!

XIV

-¡Abuelito, abuelito!
-¿Quién llama, hijo?
-Es tu nieto, padre.
Tu misma sangre
aún más joven quien te llama.

XV

Viejo, mi querido viejo,
Gracias por tu vida
Y por tu sangre
La cual, con más furia y razón
Corre ahora por mis venas…



Bogotá, Agosto 11 de 2007.

Texto agregado el 16-08-2007, y leído por 52 visitantes. (0 votos)


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