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Inicio / Cuenteros Locales / voces_y_ecos_de_nuestra_gente / ¡¡¡ ÚLTIMA A LA BOLITA !!! ( escribe EIDANIOS )

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¡¡¡ ÚLTIMA A LA BOLITA !!!

Aún medio amodorrado, el Chango, salió de la casa. Anoche, como casi siempre, se había dormido tarde, escuchando discutir a sus padres ...

Miró hacia un costado y vio al Nenucho que ya estaba en aquella arenosa calle, mirando, para todos lados ...

Oyó cómo le gritaba:

-¡¡ÚLTIMA A LA BOLITA!!

¡Mierda!, pensó, me ganó a cantar... mientras, su mano en el bolsillo, acariciaba aquellas tres únicas bolitas, más la de plomo, (esa no la jugaba ni en pedo ¡con lo que costaba conseguirla!).

Sólo esas tres que le habían quedado de ayer, cuando el Pitiga - mayor que él - , lo había pelado.

- ¡No vamo a canto, canté! - respondió el Chango.

Está bien, contestó el Nenucho, ¡Pero vale la primera, canté antes!...

Así que buscaron un sitio apropiado, y con las manos, usándolas de rasero, comenzaron a desplazar la arena, dejando un limpio y de esa manera poder hacer el hoyito, cosa bastante difícil de lograr por aquellos años en las calles de Cutral Có, aquel pueblo establecido en medio del desierto, por obra y gracia del petróleo, donde todo era arena y sequía.

Una vez hecho el hoyito, contaron seis pasos y trazaron la línea de tiro, comenzando el Chango, porque lo habían madrugado de entrada.

Tiró el Nenucho quedando ambas bolitas casi a la misma distancia del hoyito, con lo que el Chango exclamó:

- ¡¡Última la pata!!

-¡No vamo a canto dijiste vo! -le recordó el Nenucho, -pero me parece que te estoy. ¡Midamo!

Fueron hasta el tiro y contaron: Cuatro pasos, dos pies, una cuarta, y tres dedos para la bolita del Chango.

La misma distancia dio para la bolita del Nenucho, pero con cuatro dedos, con lo que quedaba un dedo más cerca del hoyito, y le correspondía continuar con el juego.

¡Quiero quema! ¡Quiero quema! exclamó el Chango, trataba de alejarlo del hoyito.

¡¡¡No vamo a canto, cantaste vo!!!, reiteró el Nenucho, ya medio enojándose un poco, con lo que, sin más, procedió a calcular bien cómo tirar, tratando de embocarle al hoyito.

Mientras el Chango miraba atentamente, diciendo: ¡"Sin manga"! ¡¡¡ Chújale, chújale, binchújale, chujale mandioca!!!

Erró el Nenucho, pero quedó a dos jeme del hoyito, con lo que el Chango, tiró su bolita alejándose del hoyo que lograría su contrincante, casi seguro, en el próximo tiro.

-¡¡Hoyito!! exclamó éste cuando lo logró; me queda la quema no máh- Y mientras apuntaba a la bolita del contrario, le preguntó, como dando por descontado que ganaba:

- ¿Tenés para lancharme, no ?

- Sí, tres pijilinas de mármol, pero todavía no me tené la quema. ¡¡¡ No te limpiés el culo ante de cagar !!!

¡Ah no!, exclamó el Nenucho, no tené de vidrio?,

por cachuzas no juego nada. Yo tengo bolivianas. Con el pié tapó el hoyito, echándole arena, haciéndolo desaparecer y levantando su bolita dijo: me voy pa mi casa a tomar cascarilla.

- ¡Maricón, cagao!, le dijo el Chango. Te cagás por unas bolitas chotas.

Fue inútil, el Nenucho, ya desaparecía por la entrada de su casa.

Quedóse el Chango desorientado, solo. Caminó hacia la esquina, donde ya el viento, dueño y señor omnipresente de esos lares, le dió fuerte en la cara, y en las canillas, haciéndoselas arder por el efecto de la arena, que se ensañaba con esas partes que dejaban al aire sus pantalones cortos. Ya tendría los pantalones largos pensó, cuando tuviera 14.

Esa esquina, recibía aquel fuertísimo viento del sur oeste, capaz de derribar a más de un ranchito medio mal parado.

Volvió sobre sus pasos y... ¡¡el Mingo!! Era un hermano menor del Pitiga, a quien el Chango lo podía... Así que rápidamente le gritó:

- ¡¡Última a la bolita y vamo a canto, canté!!

Aceptó el Mingo.

Él siempre tenía bolitas que su hermano mayor le proporcionaba, así que no tenía problemas. Igual se apuró a cantar:

- ¡Sin tiradoras ni bolón!

El viento ya corría bastante fuerte, obligándolos a entrecerrar los ojos. Por eso, para lograr el famoso "hoyito" procedieron a hacer un limpio, con el agregado que ambos debieron escupir varias veces, intentando humedecer algo la arena y así mantuviera la forma, que las fuertes ráfagas desvirtuaban minuto a minuto.

Ambos se esforzaron en escupir a más y mejor, pero aquel viento implacable, no permitió el efecto deseado de aquellas escupiduras, por lo cual, debieron sortear, a pare o none, quién mearía sobre la arena para afirmarla un poco y lograr el objetivo deseado.

Perdió el Mingo. Tuvo que mear y al ser suya la meada, no le quedó otra que hacer el hoyito. Le quedó medio grande, a lo que el Chango exclamó: ¡¡Eso es una cacerola!! hacé un hoyito, ¡no ese buco!

-¡Puta que sos rogao!- dijo el mingo

Procedió a palmear y compactar la arena humedecida con su orina y así logró un hoyito de "ley".

Después, hicieron la raya del tiro y comenzó el Mingo.

-¡Qué malo!- exclamó el Chango - y ¡buenita lo que se haga! - Canto apropiado, dado que la bolita del Mingo había quedado bastante lejos del hoyito y algo cerca de la línea de largada, con lo que el Chango, podía intentar las dos cosas en una sola tirada: lograr la quiña y a su vez arrimarse más al destino inicial.

Erró el Chango la quiña y oyó gritar al Mingo:

- ¡Quiero quiña y con limpio para mí!

- ¡¡Sin camino y sin morrito !! - respondió el Chango.

No la el consiguió Mingo, quedando su bolita muy cerca de la línea de tiro.

- ¡¡Buena al tiro!!- Exclamó el Chango, quedaba muy, muy cerca de la bolita del contrario.

- ¡¡Mala de ojito y no vale cambio! ¡del piso!!! Si ponés la de plomo parte paga – gritó el Mingo.

- ¡¡Todas las que quiera!! dijo el Chango - dando por hecho que lograría laquema. Pero tampoco la consiguió.

El Mingo prefirió alejarse y tirar al hoyito, después, el Chango, también optó por lo mismo.

- ¡Mala de recule!

- ¡Sin arrear!

- ¡Sin manga!

- ¡Sin tiradora!

- ¡Por ahí!

- ¡No más de tres por ahí!

- ¡Sin limpio!

- ¡Sin camino!

- ¡No vale de pedo!

- ¡Sin frente!

- ¡Del piso!

- ¡No vale tantear!

- ¡Cómo está!

- ¡Mala a la penada!

- ¡Última la pena!

- ¡Como tiro!

- ¡Todas las que quiera!

- ¡El que se va, pierde y paga”!!

Y así, entre cálculos y especulaciones, cada cual "cantando" lo más conveniente para sí, consiguieron "tener" el hoyito, con lo que el primero en conseguir la "quema" ganaría y el otro, tendría que pagarle con una bolita.

- ¡¡¡ "A la muerte sin cola y sin diente" !!!

- ¡¡ Sí!!, nada más,"parte paga"...

-¡¡Sí!!

Esas palabras indicaban ya el final de todo tipo de canto.

Ahí buscaría cada uno quemar al otro, sin que nada pudiera darles ya ventaja alguna.

Cayeran en algún posón, dieran contra el tapial de adobes, quedaran las bolitas entre algún cardo ruso, chocaran contra alguna tosca, las pisara algún camión de "YPF" que pasaba por la calle y las hundiera entre la arena, o bajo algún automóvil estacionado. Nada podía detener la secuencia de intentar que una le pegara a la otra, aún cuando fueran a parar entre las patas o debajo de la panza, de aquellos sufridísimos caballos que tiraban de los carros del lechero, el carnicero o del verdulero. Cada cual, debería arreglárselas fuera como fuera y continuar el juego, por más que alguna bolita se detuviera bajo la campana de las polleras de "esas viejas"...

Esas viejas eran, en general, sus madres, tías, o vecinas, que oscilaban entre los 20 y 35 años. Se detenían a charlar en el borde de la calle, con la bolsa de los "mandados" en una mano y con la otra, haciendo como que se sujetaban la pollera para que el viento no se la levantara. Ellas, disfrutaban internamente al saber del aprieto en que caían los "chicos", al tener que arrimarse muy cerca de sus pantorrillas para agarrar su bolita y que, además, aprovecharían para echar una miradita muy curiosa e “inocente", a sus muslos. Partes femeninas éstas, que ya hacía tiempo, les venía interesando a estos "angelicales pequeños" que tenían entre 6 y 10 años. O bien, caían cerca de las alpargatas de alguno de aquellos "hombres" que estaban trabajando. Generalmente lo hacían muy cerca de aquella vinería de Don Quinto.

Muchas veces se movían, dejando entre sus dos pies, la bolita que se había detenido cerca de ellos, o directamente la pisaban, aprisionándolas bajo sus plantas, mientras ponían en sus ojos una mirada feroz e intimidante, dirigida hacia el pequeño jugador que se acercaba a buscarla, mientras por dentro, "se hacían el plato" a costillas de la situación.

Por esos tiempos, los mayores eran casi unos dioses y se tomaban cualquier atribución sobre los pibes.

- ¿Me da la bolita?- pidió el Chango..

- ¡Se dice buen día!... primero que nada, ¿no?

- Buen día ¿me da la bolita?

- ¡¡Buen día señor, será!! ¿No te parece?¿O no tenés educación?

- ¡¡Miraaa voooos!! ¡¡¡El hijo de la maestra!!! - Carga extra, que siempre debía soportar el Chango, que era, sí, hijo de una maestra.

- ¡Buen día señor! ¿Me da la bolita?

- A mí, cuando era chico, me enseñaron a pedir las cosas "por favor".

Y así podía continuar un rato la situación.

Con el pequeño sufriendo por su bolita, que no sabía si podría recuperar o no y aquellos "respetables hombres mayores", divirtiéndose a cuenta de ellos.

Claro que siempre, después de un rato de esa "sana diversión" los adultos le devolvían la bolita, y así podían continuar intentando la quema.

Esta parte del juego y sus diferentes avatares, podía llevarles varios minutos y no había forma de retroceder - porque iban “a la muerte sin cola y sin diente" - con lo cual solían dar, a veces, más de una vuelta a la manzana, tratando de conseguir quiñarse. Cuando alguno lo lograra, exclamaría:

- ¡¡Te di!! ¡¡¡Lanchame"!!!.

Y el que perdiera, rápidamente gritaría:

- ¡¡Quiero la revancha!! ....

¡¡¡ ÚLTIMA A LA BOLITA !!!!

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GLOSARIO.



DE PLOMO: Esfera de acero, que se sacaba de los rodamientos o bolilleros mecánicos

PELADO: Haberse quedado sin nada.

ÚLTIMA LA PATA: Último si hay empate.

QUIÑA/ÑE, QUEMA: Efecto de una bolita al golpear a la otra.

CHÚJALE ... y demás”: Interjección que se emitía a fin de que el otro equivocara su tiro.

JEME: Medida que da la distancia entre la punta del índice y el pulgar extendidos. En este caso, medida muy personal de estos chicos, dado que ellos le daban el valor de unos 2 a 3 milímetros.

LANCHARME, LANCHAR: pagarme, pagar.

PIJILINA: bolita de tamaño más chico que las comunes, de unos 6 o 7 milímetros de diámetro.

DE MÁRMOL: bolitas de inferior calidad hechas de cemento, generalmente ovaladas, que se decapaban rápidamente.

CACHUZA: bolita toda estropeada, picada, que le faltaban pequeños trocitos.

BOLIVIANAS: Denominación que se le daba a unas bolitas de vidrio muy transparentes y con llamativos dibujos en su interior. Eran novedad, caras, y muy pocos las tenían.

TIRADORA: bolita a la que el dueño le daba una cualidad de muy certera, y que se cambiaba por otra cualquiera, después de su utilización en alguna jugada difícil.

BOLÓN: bolita grande, que solía ser de unos 2 centímetros de diámetro o más.

PARE O NONE: (pares o nones), suerte de sacar al azar una cierta cantidad de dedos, sumar la cantidad que ambos contrincantes habían expuesto y ver si eran pares o impares.

CON LIMPIO: despejar bien la zona de la bolita del contrario.

CAMINO: trazar una especie de canal en la arena, que guiaba mucho una bolita hacia la otra.

MORRITO: elevación que se hacia de unos 5 a 8 centímetros, en cuya cúspide se colocaba la bolita del contrario.

DE OJITO: acción de intentar el choque de las bolitas, (quema), a partir de ponerse en forma vertical sobre la del contrario, con la propia, pegada al ojo, dejándola caer sobre la otra.

DEL PISO: impulsar la bolita con la mano apoyada en el suelo.

DE RECULE: lograr el juego en forma accidental, si la bolita se volvía por efecto de algún desnivel del terreno.

ARREAR: arrojar la bolita con un empujón de la mano.

MANGA: arrojar la bolita extendiendo lo más posible el brazo en dirección al objetivo.

POR AHÍ: jugar la bolita sin objetivo, especulando, sin comprometerse.

NO MÁS DE TRES POR AHÍ: límite a la especulación anterior

DE PEDO: lograr el objetivo a partir de algún rebote contra algún tapial, piedra, etc.

FRENTE: trasladarse con la bolita, si era conveniente, a 180° de la posición inicial.

TANTEAR: jugada de prueba, antes de proceder a la definitiva.

COMO ESTÁ: imposibilidad de modificar el terreno donde estaba una bolita, ya fuera con morrito, limpio, camino, frente, etc.

MALA A LA PENADA: situación en que las bolitas quedaban “pegadas”, pero en forma muy dudosa. Este hecho se aclaraba, si entre ambas, podía deslizarse una hoja de papel, sin que ninguna se moviera.

ÚLTIMA LA PENA: al quedar “penadas” podía reiniciarse el juego y siempre era una ventaja jugar en segundo, o último lugar.

COMO TIRO: libertad en la forma de impulsar la bolita, con el pulgar o con el dedo mayor.

TODAS LAS QUE QUIERA: se refiere a una seguidilla de hacer chocar las bolitas, llevando ambas en dirección al hoyito.

EL QUE SE VA, PIERDE Y PAGA: situación en que ponían generalmente las madres, al llamar a su hijo para algún “mandado”, o a comer, con lo que el jugador tenia que retirarse.

(¡¡¡Viejas inflexibles. No entendían nada!!!)


Texto agregado el 24-08-2007, y leído por 267 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
28-01-2008 Muy bueno! Como texto, me resultó muy entretenido y dinámico de leerlo. Manejás un lenguaje "de barrio" que genera una confianza extra en el lector a lo largo de todo el relato. Y al detenerte entre partida y partida para darnos una reseña del lugar desde la perspectiva de Chango, le facilitás al lector involucrarse aún más con la escena, y conocer mejor a ese niño tan dulce. Me gustó mucho también ese glosario final que lo vuelve un texto al alcance de todos los lectores. Yo no jugué nunca a las bolitas (pues fuí nena, no varón), pero te aseguro que tu historia me tocó muchísimo el corazón. Me hiciste emocionar muchísimo con ese niño tan tierno y un poco solitario tal vez, que ante las discusiones y los posibles problemas dentro de su hogar, tomó la calle como un "escape"; pero al lanzarse "al mundo", fue aprendiendo "códigos" y adquiriendo importantes valores referentes a la amistad, la traición, la honestidad, la justicia, incluso la soledad; que lo marcaron de por vida, y que poco a poco fueron forjando la personalidad de ese hombre que es hoy en día, con sus inquebrantables principios, y sus fuertes valores y convicciones que "no vende" por nada del mundo, y que lo hacen un ser tan querible a los ojos de los demás, y tan buscado como amigo. Y aparte de hacernos palpitar a cada uno de nosotros con Chango (pues creo que todos sufrimos, nos alegramos e hinchamos por Chango a lo largo del cuento); también creo que todos esos chicos de barrio adquirieron mucha madurez y grandes valores en torno a ese juego de las bolitas; conviertiéndose el barrio en una verdadera jungla, donde todos conocían las reglas del juego y manejaban los mismos códigos, y todo sobre la base de la amistad; pero que allí tuvo que aprender a defenderse solito y como podía nuestro Changuito. Me hubiera encantado vivir en esa época tan linda donde no existían los play station ni las computadoras, solo existían los amigos verdaderos, y los niños sanos y felices, que se conviertieron con el tiempo en hombres seguros de sí mismos. Te felicito, nos hiciste emocionar mucho a todos con ese Changuito tan tierno, que sigue siéndolo hoy en día. Me encantó. ***** dulceamiga
02-09-2007 Excelente recreación de mi juego favorito. Ya había olvidado algunos de los "cantos" pero esta narración refrescó mi memoria.***** zumm
25-08-2007 Venga a la "mita", don Eidanios. Es como volver a la niñez, con esta lectura, imaginando el relato de un partido de "bolita". Mas el viento del sur, que hasta influía en eso. Mis ***** por ese paisaje de regreso a mi niñez. chilicote
24-08-2007 hermoso y nostálgico de pronto me ví con las rodillas sucias mezclada con los varones muy bueno ***** tecclas
24-08-2007 Está muy bien eso del diccionario adjunto. Muy gracioso y realista. margarita-zamudio
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