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ÉRASE QUE SE ERA…

Una niña llamada Alegría que vivía en el bosque de un triste palacio. El palacio se llamaba Envidia y estaba gobernado por Soberbio, un anciano rey que no sabía escuchar. ¡Pobre Envidia! Era el palacio más apagado y sin embargo el más visitado.

Un día, Alegría, descubrió que su madre, Esperanza, había vivido en palacio durante mucho tiempo y la curiosidad por saber más de ella la llevó hasta los túneles del mismo. Anduvo durante horas y horas y al final, cuando ya estaba desconcertada, vio a lo lejos algo que le llamó la atención.
- No veo bien y no sé dónde estoy, pero parece que aquello es una puerta.
Se emocionó y gritó: - - ¡Será la entrADA!
Y el eco con una voz dulce y melodiosa contestó: - ¡ADA, ADA, ADA!...
Era un eco muy particular que no dejaba nunca de cantar.
- ¡ADA, ADA! Continuaba.
- Qué extraño es este eco. Me gustaría parecerme a él y no agotarme...

La niña llegó hasta una enorme puerta y la abrió. Quedó perpleja, sin respiración, Envidia era interminable y la niña no sabía por dónde empezar su aventura.
- Sigo, me doy la vuelta… Seguro que querrán saber quién soy y de dónde vengo. Les diré que soy Alegría y que vengo del interior a conocer Envidia. No tengo que dar más explicaciones.

La pequeña continuó andando por las galerías de Envidia, pero tan grande era que cuando llegaba al final de un corredor se encontraba con el principio otro. Y así sucesivamente.
- No sé, creo que este palacio ejerce una extraña fuerza sobre mí y no me gusta nada.

Al doblar el enésimo recoveco chocó con un triste anciano. Ella le explicó quién era, de dónde venía y lo que buscaba, pero ocultó su verdadera identidad. El anciano le contó la vida en palacio, la de ahora y la de hace muchos años, cuando él era joven. Le confesó que hubo una vez en palacio una pareja de jóvenes que estaban muy enamorados. Ella se llamaba Esperanza y él Buen Humor. Vivían alegres y felices por estar juntos y disfrutaban de todo lo que los rodeaba. Eran tan enormes sus carcajadas que se escuchaban desde cualquier rincón de Palacio. Un palacio llamado entonces Felicidad porque reinaba la felicidad entre sus muros. El anciano continuó su narración:
“Un día Esperanza abandonó Palacio sin saber nunca nada más de ella y fue entonces que Felicidad se apagó y desapareció. Añadió que desde ese día el palacio se volvió triste, sin luz.
Y así transcurrieron horas de narración y de atención por parte de Alegría. La jovencita no podía creer todo lo que escuchaba, estaba entusiasmada y todo su afán era preguntar al anciano por el paradero de Buen Humor, pero cada vez que lo intentaba este encantador hombre se volvía esquivo, casi antipático. Entonces ocurrió algo, bueno se escuchó algo que atrajo la atención del abuelo.
- ¿Has oído eso? ¿Lo has oído? Replicó el anciano
- No, yo no he escuchado nada. Contestó Alegría.
- Pero… si ha sido algo muy sonoro, parecido a las carcajadas que yo y… bueno que se escuchaban en palacio hace muchos años.
- Pues yo no he sentido nada, bueno yo me he escuchado a mi misma, a mis carcajadas por la última narración de mi madre con Buen Humor.
- Dices de tu madre… ¿cómo, quién es tu madre? ¿Esperanza es tu madre?
- Si. La llevo en mi corazón junto a sus últimas palabras
“Hija quiero que nunca abandones tu Buen Humor, nunca desesperes, piensa siempre en mí porque así conseguirás la felicidad tuya y la de aquellos que te importan.

Estas palabras habían quedado grabadas en su corazón y así se lo contó al anciano.


Entonces el anciano abrazó a la niña y confesó toda la historia. Él era Buen Humor y cuando Esperanza lo abandonó se sumió en un mundo triste y oscuro.
“Sin esperanza nada tenía luz para mi, pero ahora que te he encontrado, podemos volver a iluminar el palacio y hacer que la vida aquí sea como la antes, alegre, musical, luminosa, en una palabra feliz para todos los habitantes de palacio”.

La niña estuvo de acuerdo y…De pronto las carcajadas inundaron los muros del palacio, y el eco transportaba la voz de Alegría y de Buen humor por todos los recovecos de esos enormes muros. Cada vez que Alegría sonreía una flor aparecía, y si la carcajada era muy fuerte, el patio se llenaba de tulipanes, pensamientos, narcisos, miles y miles de flores con abejas revoloteando a su alrededor.

Desde aquel día la alegría y el buen humor volvieron a palacio. Todos los habitantes estaban felices por volver a tener su añorado palacio. Ahora todos lo llamaban FELICIDAD.
Alegría y Buen Humor vivieron muchos años en Felicidad y…

“Colorín colorado este cuento se ha terminad”

Texto agregado el 24-08-2007, y leído por 132 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
24-08-2007 Hace tiempo que no me me tocó leer un cuentillo de niños. Con seguridad mis nietos encontrarán en él cosas lindas, las hay a montones. Inclusive los mayores pueden hallar interesantes moralejas. surenio
 
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