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-¡No! ¡No quiero que vuelvas a meterte en las decisiones con mis hijos! ¡No te lo voy a permitir! ¡Ya habíamos hablado de ese tema! ¡No entiendo por que otra vez tuviste que desautorizarme ante los chicos! ¡Son mis hijos también! ¿Si yo ya les había dicho que no por que tuviste que decir que sí? Gritaba enojado José encerrado en la pieza con Susi. ¡Parecía que se le iban a saltar los ojos de tan enojado que estaba!
- Otra vez saltaba a la luz, las graves diferencias que tenían en cuanto a la crianza de los hijos.
- Susi sintió por enésima vez en sus 8 años de pareja con José que esto debía terminarse. ¡Ya basta de peleas y gritos! No podían seguir así. Tenían 3 días de amor y paz, donde reinaba la alegría, la creatividad, el juego, la amistad y de golpe ¡Plaff! ¡Parecía que se iban a matar uno al otro por cualquier cosa! Y se odiaban y se repelían y la piel de sus rostros se tornaban de color gris-amarillento y el aliento amargo, y el nudo en el estómago y la piel helada y la cama tan grande que parecía que había un abismo entre uno y el otro.
- No era bueno para el cuerpo de ninguno de los dos, tener días así y menos para el alma, pero parecía que no había manera de evitarlos. Venían como viene la lluvia, o el viento, solo venían y luego sin más ni más, se iban, y volvía el color sano en la cara, el sabor dulce en la boca, la piel suave y tibia de ambos, el buen sexo y las noches de cuerpos atornillados.
- José se fue dando un portazo y Susi se quedó sola, llorando en silencio, para que los chicos no la escuchen. Era casi el mediodía, y ya estaba el almuerzo listo. ¿Volvería para sentarse a la mesa con ellos o no? ¡Que bronca! ¡Ya sentía el sabor amargo en sus papilas!
- Puso la mesa, llamó a los chicos, les recordó que se laven las manos y la cara y sin ánimo de nada, se sentó a almorzar con ellos y con un nudo en el estómago, trató de ignorar el lugar vacío con el plato de José y las miradas de los más chiquitos que como siempre, preguntaban por que el padre no llegaba.
- Intentaba no escuchar, pero no podía evitar oír el motor de los autos en la calle, buscando reconocer el viejo Falcón estacionando y el portón del garaje que le dijera a su corazón y a su cuerpo que José volvía a almorzar con ellos. Pero no sucedió así. Recién pasada las 14 hs. volvió, ella ya estaba recostada haciendo la siesta, cuando él entró. Traía un bocadito de chocolate para convidarle. Se miraron un instante, se perdonaron mutuamente y en silencio, se abrazaron y sintiendo que el cuerpo se relajaba y la sangre los recorría nuevamente. Se besaron y prometieron, como siempre, que nunca más discutirían, aunque sabían sobradamente, que en tres o 4 días estarían, por cualquier motivo, gritándose reproches nuevos y viejos.
- Susi, derramó lágrimas sobre el cuello y el hombro de José, y él, como siempre, las levantó con su mano y las sorbió como gesto de amor.
- Y sin dejarla pensar en nada más, la levantó, la obligó a vestirse y a preparar el mate. Se irían al parque a disfrutar de la tarde de sol primaveral. ¡Que tanto!
- Uno calentó el agua, el otro buscó una manta y una revista. ¡De nuevo eran un equipo! Les preguntaron a los chicos si querían ir con ellos, pero cada uno tenía, por suerte, sus propios planes y se quedaban en la casa.
Se fueron, prometiendo que en una hora y media estarían de vuelta y pidiendo que no hicieran lío. Y que si se portaban bien, al regresar alquilarían una buena película para compartir en familia.
Ya en el parque, buscaron un lugar libre donde tirarse, se había nublado un poco, pero la temperatura era muy buena.
Tiraron la manta y mientras José solo descansaba mirando el cielo, ella boca abajo, ojeaba una revista.
- ¡Susi, Susi! Escuchó que le susurraba con tono entre autoritario y urgente.
Susi, no te asustes, dejá la revista, date vueltas y decime por favor que ves en el cielo, allá, bien arriba. ¡Dale, por favor!
Con semejante apuro en la vos de José por supuesto que no dudó en que la cosa venía en serio, se dio vueltas para mirar (con la pierna rompió el termo) Y miró, y entendió él por que del apremio. Es que el cielo se había abierto justo encima de ellos, formando un claro en las nubes, y allí estaba sucediendo algo extraño y hermoso.
Por lo menos para ellos era hermoso. Un círculo grande como un plato de café estaba detenido allí arriba, y de él salían varios pequeños círculos del tamaño de tapitas de gaseosa, blancos y brillantes, serían como diez, y se movían en diagonal, cruzando el cielo, como “probando las máquinas” cambiando de direcciones, escondiéndose entre las nubes y volviendo al claro abierto como a propósito para mostrarse, así por el curso de 10 minutos mas o menos, con ellos absortos mirando la magnífica puesta en escena, allí tirados en el pasto, cerca de esa cancha donde todos seguían jugando al fútbol del sábado sin enterarse de lo que estaba sucediendo.
De pronto, de ese mismo círculo grande, sale uno de igual tamaño que los otros, pero de color negro, y ese se mueve en otras direcciones, surcando el cielo de una manera diferente.
Y en ese momento se invade el aire, como descolgándose desde ese claro allá arriba, de “baba del diablo”. ¡Cientos de ellas cayendo! Y los pequeños objetos danzando aun entre las nubes y el firmamento..
Para esto, ya habrían pasado unos 20 minutos del inicio del espectáculo, ahí recién se dan cuenta que había más gente de las que miraban el partido, que observaba el fenómeno. Sin dejar de mirar para arriba, empezaron a tratar de escuchar los diversos comentarios que los mismos hacían.
¡Algunos aseguraban que eran gaviotas! ¡ Dos mujeres mayores aventuraban que eran paracaidistas en un espectáculo de fin de semana! ¡Epa!
¡Otros, un señor y una señora con un viejo Fíat 1500 color blanco dejaron de mirar, como asustados, subieron al auto y salieron “escarbando”!
Un nene de unos 8 o 9 años, solo miraba hacia arriba sin hacer comentarios. Susi pensó en avisarle a una amiga que nunca había visto algo así, pero José la convenció que no le daría el tiempo para ir a avisarle, y que hasta tal vez no le creerían y la tratarían de loca, que mejor lo siguieran disfrutando así, y que luego se lo contaríamos a los más íntimos. En eso tenía razón, mejor seguir mirando y grabar en sus mentes los detalles. Seguramente no tendrían muchas oportunidades de volver a ver una puesta en escena así mientras viviéramos.
Así que más tranquilos, más consientes siguieron mirando, hasta que en un momento los pequeños objetos blancos, se fueron metiendo en el círculo mayor de a uno, y por último se metió el negro y en un instante desapareció todo y con ello también la “baba del diablo”.
Ambos se estremecieron con la certeza de que lo que habían presenciado era algo especial y que ya pertenecía al pasado.
Se quedaron un ratito más tendidos sobre la manta, sin hablar, observando como la vida continuaba a su alrededor sin cambios aparentes, pero con sus cuerpos llenos de sensaciones y preguntas.
Levantaron lo que quedaba del mate y el termo, la manta, las masitas y la revista, subieron al auto y se fueron a casa.
Pasó mucho tiempo hasta que comentaran en una rueda de amigos lo que habían vivido esa tarde de primavera del año ‘99 en el parque municipal. Fue en una cena a mediados del 2005. En el mismo momento que José detallaba los hechos Susi tomaba conciencia que desde ese día nunca más se habían peleado de la manera que lo hacían, y que habían aprendido a solucionar las diferencias hablando.
¿Sería una casualidad o el hecho tendría algo que ver?





Texto agregado el 30-08-2007, y leído por 88 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
01-09-2007 Nada sucede por casualidad, así que no hubo casualidad. Hay que creer siempre en las historias "increibles" porque si no, de qué sirve la fantasia? Ameno relato, interesante y que se deja leer con interés.+++++ crazymouse
31-08-2007 Resolver el puzzle, es el objetivo. me gistó la historia. sereira
 
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