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Inicio / Cuenteros Locales / mariog / ESCRUTINIO (Fragmento 4)

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Un tañido explota en caireles verdes y dorados. A una se estremecen todas las médulas. A la Sagitaria llegan, juntas, las voces del reloj parroquial señalando la tercia y las disonantes carcajadas de las hermanas: ríen la Tarasca y la Resiaria, ríe la Segadora, la Espatularia ríe. Ríen. Y hasta el llanto reirían si en los cráneos mondos tuvieran lagrimales.
Pero ni un ápice de diversión hay en la cazadora. No admite distracciones su espíritu alerta. Ni travesuras. Allá los humanos con sus pánicos y las hermanas con su jarana bárbara. Para ella, la Sagitaria, la sangre que vertirán sus dardos es ritual solemne. Litúrgica, cada instancia del trabajo aniquilador y sacerdotal ministerio, la custodia de consumación del sacrificio.
Acabando el oscilar de los Badajoz, el ambiente parece reconquistar la calma. Ni una cicatriz queda en el espacio celeste de lo alto. Ah, los susurros. Susurros reales. Susurros fantásticos. Unos –los reales, tal vez-, brotan de los cerebros humanos; los otros –quizá los fantásticos-, generados por el andar de la Tarasca, la malla de la Resiaria, los empeños de la Segadora, el entrechocar de la hoja de la Espatularia.
De los cerebros de los hombres emanan siseos. Una unánime idea fija que confunde y mestura y convierte en una sola masa pensante a los dos bandos rivales y a los indecisos. NO VENDRÁN. Piensan todos y cada uno de los habitantes de la villa sitiada por la desgracia. NO TIENEN QUE VENIR... NO. HUBO DELACIÓN. LOS PLANES YA NO SON SECRETO... NO HABRA SORPRESA. TODAVÍA PUEDE HABER DESERCIONES... NO. NO TIENEN QUE ANIMARSE...
Y se reitera con tanta insistencia el mismo pensamiento que hay como una ebullición. Inaudible al principio, ensordecedora después. La idea, la misma idea. Entre parietales afiebrados. Sobre los maxilares tensos. Detrás de frontales sudorosos. Pensamiento repetido. Repetido. Repetido. Hasta transgredir los límites del raciocinio, de las cautelas, de las tendencias. NO VENDRÁN... NO SE ANIMARÁN... NO... NO...
Alimentando la hilaridad de las apariciones. Y, súbitamente, la atención de las cinco. Porque su percepción sobrenatural ha rescatado un eco distante. Que el diapasón horizontal del campo amplifica.
Motores. Motores en permanente aceleración. Desde el rumbo de El Zorro. Avanzando. Avanzando. Hacia Dorrego. Motores. Con sus acordes de pistones y de válvulas, su carraspeo sostenido, su insistencia mecánica. Avanzando. Para propiciar el cumplimiento del designio. Hacia Dorrego. Avanzando. Motores. Para el desenlace trágico de la tarde.


Mario G. Linares.-

Texto agregado el 21-03-2004, y leído por 362 visitantes. (0 votos)


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