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EL PÉNDULO


Aprende a morir y vivirás, porque nadie vivirá
gozosamente si no ha aprendido a morir.

(Anónimo)


María era una psicoanalista prestigiosa. Siempre ceremoniosa y un auténtico muro de lamentaciones. Su consultorio estaba decorado con un sofá, unas mesas laterales, luz tenue, un diván medio desvencijado, una alfombra persa de colores cálidos, dos pinturas surrealistas que invitaban al sueño y un reloj que contaba sesenta minutos, espacio entre la realidad, el sueño, la muerte.
Con el tic, tac, tic, tac, transcurrían las angustias, las confesiones, los dolores del alma, los desamores. María siempre atenta al tic, tac; la hora presagiando el tiempo, el tiempo como una sutil franja entre la locura y la realidad. Sesenta minutos al cobijo de sus silencios, la hora-sueño, el tic, tac. Al terminar la sesión venía la despedida franca y abierta, y el difícil traspaso de la puerta que nos arrojaba a la ciudad-miedo.

******

Padezco insomnio, estados depresivos, fatiga crónica. El péndulo del reloj balanceándose frente a mis ojos y un cristal que imita un diamante. La luz del cristal refleja diversos brillos. Me cuesta un poco relajarme, estoy muy nervioso.
-Recuéstate, mira el movimiento del péndulo. Extiende los brazos a los lados y coloca las piernas juntas sin cruzarlas. Respira profundo, hondo. Tu respiración es rítmica: tres veces hacia adentro, ahora exhala…, inhala…, exhala otra vez. Sientes cómo tus manos cosquillean. Mira el balanceo del péndulo, no lo pierdas de vista. Tienes los pulmones vacíos, llénalos de aire, hincha el estómago, una vez más. Guarda ese aire algunos segundos; expira lento hasta sentir los pulmones vacíos. Déjate llevar... más todavía, más, más... descansa. No te preocupes por nada... relájate. Sientes tus piernas blandas y pesadas. Estás en medio del bosque, es un lugar hermoso. Tienes la mente en blanco. Ahora vas a subir, subir, subir... Cuando yo cuente hasta tres estarás en el vientre de tu madre. Vagabas sin rumbo por la vida… Uno, dos, tres…

No sé bien en que momento llego a un lugar totalmente desconocido. Ahora el estado profundo de relajamiento, la zona oscura de la niñez, la inconciencia total.
Tic, tac, tic, tac… y una voz femenina que dice:
Duerme… Uno, dos, tres… Duerme...
Tic, tac, tic, tac…
Zzzzzzzzzzzzzz, Zzzzzzzzzzzzzz.

******

Me veo ahí, acostado, con los ojos cerrados, en el vientre materno. Observo desde la perspectiva el agua que me mantiene en mi dormitorio. Y salgo del vientre, y empiezo a subir y a subir, veo por arriba las nubes. Salgo de la atmósfera. Veo a mi madre acariciando su vientre. Soy una cucaracha arrastrándome en el líquido amniótico.
Estás en el vientre de tu madre… Uno, dos, tres… Ya estuviste ahí...
Tic, tac, tic, tac… Zzzzzzzzzzzzzz, Zzzzzzzzzzzzzz.
Encojo mi cuerpo. Sudo. Chupo el dedo pulgar del pie izquierdo. Levitación de los brazos. Distorsión del tiempo, disociación y alucinación. Soy un feto en el útero materno.
Uno, dos, tres…
Tic, tac, tic, tac…

Llanto. Despojo. Puedo ver mis manos delgadas y pequeñas. Siento muchísima hambre y sed. Miro alrededor y hay personas tendidas frente a la casa de piedra vestidas con túnicas blancas, en medio de una fiesta: mi bautizo. A la hora del agua bendita resbalo como pez de los brazos de mi madre.
No siento fuerzas, hay un río y me asomo para beber; el agua cristalina refleja mi rostro extremadamente delgado. Miro los pies y son casi cadavéricos. Quiero gritar pidiendo comida, que me ayuden, pero la voz es tan débil que no me escuchan.
Desde lejos, dos voces paralelas.
Una voz, la mía, dice: ― Uno, dos, tres… Duerme. Uno, dos, tres… Duerme. Uno, dos, tres… Duerme.
Con un fondo de música, María repite: ― Uno, dos, tres… Duerme. Uno, dos, tres… Duerme. Uno, dos, tres… Duerme.
Y despierto con el péndulo en mis manos, oscilándolo de un lado a otro frente al rostro de María.
Ella, arrinconada, en trance. Grito y no regresa.

*****
Tic, tac, tic, tac… Tic, tac, tic, tac… Tic, tac, tic, tac…

Texto agregado el 11-09-2007, y leído por 174 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
23-03-2008 Muy bueno. Aplausos. daywaskya
16-11-2007 El cuento atrapa, mantiene el interés hasta el final. El cierre está muy bien planteado. monicaperez999
 
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