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La débil llovizna se convirtió de repente en un torrencial aguacero, la gente corría presurosa tratando de esquivar las gotas. A Fernando Rodríguez no le alcanzaba el tiempo para esconderse, aceleró su pasó, alzó la chaqueta sobre su cabeza y se detuvo un momento, mientras corría, a contemplar con infantil sorpresa como sus pasos levantaban diminutas gotas que se estrellaban contra el impecable gris de su pantalón, en cuestión de segundos se encontró empapado. Se sorprendió al ver que las gotas se elevaban cada vez más, traviesas, se estrellaban ahora contra su rostro al punto de verse obligado a taparse la cara con su mano. Sintió luego de un rato que las gotas no le mojaban más, ahora le acariciaban la piel, eran suaves y delicadas, se destapó con cuidado y descubrió que no llovía, ahora, en vez de agua, del cielo caía un suave torrente de pétalos azules que en cuestión de segundos cubrieron el suelo sobre el que caminaba. Se detuvo por completo y arrojó a un lado la chaqueta que fielmente le había cubierto la cabeza durante el aguacero que ya no existía… y allí la vio, distante, vacía. Su figura delicada, su cabello pardo adornado de azul por los pétalos que caían sobre ella y el aroma exquisito que reinaba el ambiente, dieron a Fernando la impresión de estar contemplando a un ángel, caminó en dirección a ella pretendiendo encontrarla con un abrazo, tratando de alcanzarla con la punta estirada de los dedos, se acercó otro poco y el aroma se tornó más fuerte, alcanzó a dar un par de pasos más antes de que el aroma se volviera insoportable y él cayera, sin sentido, al suelo.
Una multitud le rodeaba, un hombre bajo y de cara alegre acercaba a su nariz un frasco de éter que seguramente alguna dama había facilitado para la ocasión, "Señor, ¿se encuentra bien?" preguntó el hombre, Fernando apenas pudo escucharle y aún entre sueños solo atinó a decir: "narcolepsia, me sucede seguido, no se preocupe ya estaré bien", la multitud escuchó atenta y se alejó poco a poco, el aguacero era de nuevo una suave llovizna y junto con Fernando estaba el hombre de la cara alegre, "no suelo salir solo, pero hoy debo cumplir una cita urgente" añadió Fernando, "verá usted: está esta mujer que conocí hace poco, estando yo en mi casa recibí una llamada de su parte, al contestar note que ..." Fernando se detuvo ante la intervención inesperada de otro hombre, éste portaba un uniforme de seguridad privada y solicitó amablemente a Fernando y al caballero de cara alegre que se alejaran del pórtico del hotel en donde se encontraban pues ya algunos visitantes se habían quejado de su inusual presencia, Fernando se incorporó y caminó al lado del hombre de cara alegre hasta que éste le preguntó: "¿hay algo que pueda hacer por usted?, me encantaría acompañarle pero llevo prisa". "No se preocupe estaré bien", repuso Fernando y se despidió cordialmente, pensó que no debía seguir caminando, uno de sus desmayos podrían herirle seriamente, decidió pues detener un taxi y abordarlo, su destino no distaba más que de un par de cuadras de donde se encontraba ahora, pero no quería arriesgarse.

"Al hotel Charlton por favor, y despiérteme, si es necesario, cuando estemos allí" comunicó Fernando una vez hubo abordado el coche. "luce preocupado, ¿le sucede algo?" preguntó con aire desinteresado el hombre que conducía el taxi, "si" respondió Fernando, "verá usted: está esta mujer que conocí hace poco; estando yo en mi casa recibí una llamada de su parte, al contestar note que algo no andaba bien, puede ser sólo impresión mía, pero realmente no quiero arriesgarme. Verá, yo sufro de una extraña condición neurológica que me impide controlar el sueño, al principio traté de acostumbrarme, pero salir a la calle me era imposible, en reiteradas ocasiones desperté en lugares que jamás había visto: en clínicas, en estaciones de policía, pero ningún lugar me pareció tan maravilloso como aquella silla de parque en la que desperté un día, estaba recostado en el regazo de una hermosa mujer que amablemente me había guiado hasta allí, su nombre es Lucía, su expresión era tristísima y por la huella en sus mejillas no me fue difícil adivinar que había llorado, su mirada estaba perdida en el horizonte y con sus manos acariciaba mi cabello. No notó que yo había despertado hasta después de que le dirigí la palabra, para no aburrirlo con los detalles, desde ese momento se convirtió en alguien muy especial para mi, accedió encantada a acompañarme cada que quisiera salir y velar mis sueños involuntarios cuando estos se presentaran, sin embargo, su expresión de tristeza no cambió jamás, no me he atrevido a preguntarle pero supongo que fue una pena de amor; una de esas que no tienen remedio. En fin, al contestar el teléfono me dijo con voz temblorosa..." Fernando se detuvo al notar que el auto se había elevado unos centímetros del suelo, la distancia empezó a aumentar con el tiempo y en pocos segundos ya se encontraba nadando entre nubes, se deslizó fuera del auto en forma de hoja huérfana de otoño y vagó por la superficie infinita del algodón del cielo, jugueteó un rato con las nubes y el viento que lo traían y lo llevaban, se dejó recostar sobre un claro azul del cielo escondido entre estrellas del medio día, recuperó su forma humana y escuchó a sus espaldas un dulce: "hola", Fernando volvió su rostro y la encontró de nuevo, irónicamente, ahora parecía mucho más humana en el cielo que cuando la vio en la tierra, se acerco a ella, lo suficiente para notar los sesgos que la tristeza dejaba en sus mejillas, acarició con suavidad sus cabello y le colgó, como diadema, un grupo de estrellas, la miró con ternura a los ojos y por primera vez juntaron sus labios, se unieron en un beso infinito adornado por aves que vuelan muy alto, después de agotar el aire en sus pulmones, la saliva de sus labios y el amor acumulado en su pecho ella se detuvo y dijo: "llegamos".

El taxista sacudió nuevamente a Fernando y le repitió: "es el hotel Charlton, llegamos", Fernando pagó y se dirigió con rapidez a la entrada del hotel, en la recepción se encontró con el rostro amable de una hermosa joven, "hágame un favor señorita, necesitó comunicarme con el cuarto de la señorita Lucia Alvarado" le dijo, "un momento por favor” respondió la joven con una sonrisa mientras levantaba el auricular y marcaba un número, después de un rato, y sin recibir respuesta, comunicó a Fernando que la señorita Lucia probablemente estaría dormida en ese momento, pues no la había visto salir, y que si deseaba podía esperar un rato y comunicarse de nuevo, Fernando insistió en que era urgente y suplicó le dejaran seguir, ante la negativa de la señorita replicó con fuerza: "es una historia larga y no quiero dormirme mientras la cuento", "¿cómo?" preguntó distraída la señorita, "en resumidas cuentas” reanudó Fernando, “acabé de recibir una llamada de la señorita Lucia, me dijo con voz cortada que necesitaba despedirse, que no aguantaba más estar tan triste, que sus recuerdos no la iban a abandonar jamás y que quería buscar otro horizonte, yo le dije que me esperara y que nos despidiéramos personalmente y que incluso estaría dispuesto a acompañarla, ella me dijo: 'tal vez llegues tarde', y aquí me tiene, por favor déjeme subir", la señorita, descubriendo la lágrimas de Fernando, accedió e incluso la facilitó a Fernando una copia de la llave del cuarto de Lucia, Fernando subió presuroso y entro en la habitación 2022, no encontró a Lucia dormida, caminó angustiado al otro cuarto de la habitación: el baño, abrió la puerta y una luz cegadora le recibió, una vez acostumbrados sus ojos vio como de la nada un grupo ruidoso de azulejos invadió el lugar, buscó con desespero y se adentró más en aquel hermoso baño, los azulejos, que cada vez eran más, producían un sonido casi espantoso, con las manos apretándose con fuerza los oídos, Fernando gritó "¡Lucia!", un instante después el sonido se detuvo, se encontró con la mirada color miel de Lucia y se destapó los oídos hasta ahora resentidos, la abrazó con fuerza, la besó una y otra vez y no pudo evitar notar que Lucia estaba llorando, "no llores que aún estoy contigo, por favor déjame acompañarte donde quiera que vayas" dijo Fernando apretándola contra su pecho. "Te lo dije, llegaste tarde", respondió Lucia con una voz melodiosa pero cansada.

Esa tarde lluviosa de agosto fue la última de Lucia Alvarado, fue encontrada muerta en el baño de la habitación 2022 desangrada por las muñecas, a su lado, perdido en un plácido sueño, se encontró a Fernando Rodríguez, ante lo evidente de la situación, Fernando fue puesto en libertad. Junto con sus recuerdos, Fernando, se llevó una carta de Lucia que llevaba su nombre, escrito con lágrimas y sangre, en el sobre. Fernando se negó a leerla y prefirió olvidarla en algún cajón, prefirió también no salir más de su casa pues no quería otra compañía que la de Lucia, a quien seguía encontrando, distante y vacía, en sus sueños involuntarios.

Texto agregado el 18-09-2007, y leído por 191 visitantes. (0 votos)


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