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Parecía una tarde cualquiera

Aparentaba ser una tarde como cualquier otra. Era domingo. Era primavera; y todo estaba barnizado de un sol dorado que alegraba el alma. La gente se amontonaba contra las compuertas de entrada; blandían banderas y vestían camisetas alusivas y gorros y cintas de colores. Parecía ser un domingo más del calendario futbolístico, pero aquella jornada sería siempre recordada.
El equipo local, el Rayo Peñalosa, se encontraba frente una racha de lesiones que había diezmado su plantel. El “orejón” Serrano, único delantero del equipo, se encontraba con un esguince del tobillo izquierdo que lo inhabilitaba a jugar. Hoy vas vos de delantero, le dijo el técnico, Ramón Arias, al Nuno Rivarola.
La gente era una marea de almas fervorosas. Cantaban. Gritaban. Alentaban al equipo que aún se encontraba en el vestuario. El sol reventaba el cielo con su resplandor. Las nubes blancas levitaban con ritmo cómplice. Los altoparlantes anunciaron las formaciones de los equipos… y de nueve, delantero del Rayo Peñalosa: Nuno Rivarola; ahí fue la sorpresa, cuando escucharon que el Nuno iba de delantero la gente se sorprendió. Se escuchó un murmullo arrasando las plateas, las populares. Qué hace este animal, era un comentario común entre la gente. El animal no se sabía si era el Nuno, o Ramón Arias que lo había elegido.
Lo que sucedía era que el Nuno era un marcador de punta; aguerrido en la marca, bueno para la cabeza, pero de escasa proyección. Más bien un asno con la pelota en los pies, era de esos tipos que la roban y la revientan para arriba. Para robarla era un vikingo pero para crear era una oruga. Qué hacia el Nuno jugando de delantero. No quedaba otra, eso era lo que había sucedido, a Ramón Arias no le había quedado otra posibilidad que meterlo de delantero porque no tenía otros jugadores.
Salió el equipo a la cancha. La camiseta blanca y verde a líneas. Ahí estaban todos, ahí corría el Nuno con el nueve en la espalda. Parecía contento el Nuno. Saludaba a la gente con los brazos, hacía señas, como si fuese una nueva estrella incorporada al club.
La tarde era radiante. La tarde no sabía que esa tarde no sería como cualquier otra; que sería recordada por los siglos de los siglos. Era un partido de semifinal. Contra el Real Avellaneda. El Real Avellaneda era un equipo con historia, tenía varios campeonatos en su haber, incluso internacionales. Pero el Rayo Peñalosa no. El Rayo era la primera vez que llegaba a esas instancias y a razón de los esfuerzos realizados tenía la mayoría de sus jugadores lesionados.
El Nuno iba y venía por el centro del campo, el trote para calentar los músculos. El nueve brillaba en su espalda como la marca de una profecía. Cuando estaba por comenzar el partido, el Nuno, fue a pararse contra la línea del lateral y se quedó ahí instalado con las manos en la cintura. Qué hacés Nuno, de nueve, de nueve, le gritó Ramón Arias. Sí, sí, es la falta de costumbre que me confundí, decía el Nuno Rivarola. No faltaban los tantos que insultaban a Ramón Arias por el cambio impuesto, y otros tantos hacían lo mismo con el jugador.
El referí infló las mejillas e hizo tronar el silbato. Comenzó el partido. La pelota giraba y cambiaba de posición con los golpes certeros de los botines. En los alrededores de la cancha había olor a choripán. En las tribunas había olor a bengala quemada. Hermosas bengalas multicolores que adornaban la mirada. Había pájaros parados sobre el cartel indicador del tiempo. Había gente trepada al alambrado. Se escuchaban los cantos de las hinchadas. Las manos moviéndose al compás de los cantos. Las banderas flameando y decenas de niños en las espaldas de sus padres.
El Nuno Rivarola deambulaba por el medio campo. Retrasado. En vez de meterse bien de nueve se quedaba más retrasado como un mediocampista de contención. Nuno, de punta, de punta, le gritaba Ramón Arias. Nuno se adelantaba, unos minutos y después retrocedía.
El partido iba cero a cero. Pero la cancha estaba inclinada hacia el lado del Real Avellaneda con dos tiros en los palos. El Rayo Peñalosa no había llegado una vez, parecía no tener delantero.
La tarde dio un giro fundamental; el giro que la dejaría en la historia. La tormenta se volvió claridad. La noche dio paso a un sol eufórico con olor a gloria. Anda de punto Nuno, se escuchó el grito de Ramón Arias; y el Nuno corrió como un dragón hacia adelante y en eso encontró un rebote, le pegó y gol. Golazo del Rayo Peñalosa. Y así sucedió todo, repentina y vertiginosamente. Así llegó el otro gol. El Nuno roba una pelota en el medio, y en carrera se precipita hacia el arco contrario, pasa a uno, pasa a otro, defina exquisitamente picándola por encima del arquero. Se imaginan lo que fue eso. ¿El nuno? Eso se preguntaba la gente. ¿fue el Nuno?. Si, había sido el Nuno. Un marcador de punta sin proyección que por los avatares del destino había ido a jugar de delantero. La cosa no terminó en eso. El “Negro” Solari, wing derecho del Rayo, desbordó por la punta, sacó un centro perfecto y el Nuno la clavó de un cabezazo contra el palo. El Nuno saltaba, corría, festejaba trepado al alambrado, y la gente que unos minutos atrás lo mandaba a lo de su madre ahora lo quería inmortalizar en un monumento.
Terminó el partido. El Rayo Peñalosa le ganó por tres a cero al prestigioso Real Avellaneda; con tres goles del Nuno Rivarola. El marcador de punta que pasó a ser un delantero estrella; cosas por el estilo rezaban los periódicos al día siguiente. La tapa de todas las revistas estaban empapeladas con el rostro del Nuno. Ramón Arias se jactaba de haber descubierto a un delantero que otros no habían sabido valorar. El Nuno Rivarola almorzó con el presidente del club, le compraron una moto y le ofrecieron todo tipo de homenajes. Era la primera vez en la historia que el Rayo Peñalosa llegaba a la instancia de la final; y el principal artífice había sido el Nuno.
Del Nuno ya no se acuerda nadie. Ni siquiera recuerdan su nombre. En las semifinales el Nuno jugó para la vergüenza, no tocó la pelota y se paró retrasado, casi como un defensor más. Por supuesto que perdieron el partido. El campeonato siguiente Ramón Arias continuó apostando al Nuno como delantero pero el jugador persistió en su nulidad y jugaba peor que nunca. El que escribe ni siquiera sabe lo que el destino le deparó al Nuno Rivarola; pero el rumor popular sabe que una tarde hace unos cuantos años un heroico marcador de punta le enchufó tres al Real Avellaneda, y así llegaron por primera y única vez a la final de un campeonato.

Texto agregado el 04-10-2007, y leído por 196 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
10-10-2007 El cuento es atrapante. Desde las primeras líneas me generó una expectativa, expectativa que fue creciendo a medida que avanzaba en la lectura. A mí, que no sé casi nada de fútbol, me resultó transparente el texto, o sea que está muy bien relatado. También hay mucha prolijidad al recrear un ambiente tan cargado como debe ser una cancha de barrio o de pueblo un día domingo como ese, con tanta gente, tantas cosas; el texto no se pierde en infinitos detalles ni tampoco pasa los pasa por alto. Cuando lo leía me imaginaba que había un diario "La voz de..." no sé dónde, que, en su sección deportiva, publicó este artículo, recordando la hazaña de su equipo de fútbol. Felicidades, amigo, por tu texto. Te invito, de paso a que leas alguno de los textos que subi en estos dias. Saludos!! romquint
08-10-2007 Interesante trabajo, bien hilavanado y que logra atraer la atenciòn hacia los personajes y el fut-bol. Me ha gustado tru forma de narrar y la emociòn que destila el texto. Muy bueno. Felicidades. Jazzista
06-10-2007 Me parece que falta trabajar los intervalos, los pasos de un hito a otro de una manera menos abrupta, mas sugerida, con más sutileza; por ejemplo "El Rayo Peñalosa no había llegado una vez, parecía no tener delantero. La tarde dio un giro fundamental" y de un momento a otro lo conviertes de fracasado absoluto en goleador profesional; no es que ello no sea posible, pero no estaría de más ir en una narración cayendo de a poco en los acontecimientos. En el resto del relato lo haces con maestría, las descripciones son acertadas, bien trabajadas, te acompaña un lenguaje bien pulido, certero; pero falta (creo)profundizar en los momentos clave. monicaescritora
05-10-2007 Ya te había leído en otros relatos, y sigo pensando que tienes una excelente forma de narrar tus historias. Una de las cosas que más me llama la atención es la emoción con la cual describes cada evento que narras; esto, obviamente, mantiene al lector en ascuas de principio a fin. En este caso particular, has hecho una gran descripción del personaje principal de tu narración: El Nuno Rivarola, y aunque al lector puede o no gustarle el football, la narrativa atrapa tanto que aunque sea por unos instante el lector se convierte en fan de este deporte. Usas una serie de imágenes literarias bien empleadas: almas fervorosas, el sol reventaba el cielo con su resplandor, entre otras, y esto le da cierto aire de magia a la historia. La trama es cautivante y el desenlace final es mejor todavía. Cierras tu obra diciendo: “El que escribe ni siquiera sabe lo que el destino le deparó al Nuno Rivarola; pero el rumor popular sabe que una tarde hace unos cuantos años un heroico marcador de punta le enchufó tres al Real Avellaneda, y así llegaron por primera y única vez a la final de un campeonato." Eso le da un toque de nostalgia a la narrativa, y el lector termina rindiéndole un homenaje a un desconocido. Te felicito. Sofiama
04-10-2007 muy bueno, tanto como el mismo partido, buena prosa, y con una tecnica que utiliza la reiteracion de algunas ideas y no se ven mal, no siempre es un recurso que se ve bien, pero lo haces con gracia. ***** curiche
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