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* (Se ruega encarecidamente, por el bien de la historia y del lector, que comiencen leyendo las distintas confesiones según su orden de publicación; debiendo comenzar por "Confesiones inseguras", que podrán encontrar en mi bibliografía. Gracias mil)







Para contar mi historia debería comenzar por el principio, bueno, quizás no debiera ni siquiera contarla… ¡Ay, no sé! Mi nombre es Eustaquio, estoy seguro de que manejan ese dato, pero no pongan la mano en el fuego por el resto de la información que les haya llegado. No tengo intención en esta velada de excusarme, ni mucho menos, a lo más realizar un ejercicio de sinceridad, de contrición.

Comenzaré reconociendo que no vivo solo en un apartamento-taller, en absoluto. Vivo con mi madre, que no es que haya emulado los pasos de Lázaro (S. Juan 11:43), sino que, por desgracia, nunca llegó a morir. Ella es una presencia inquisidora constante en mi vida. Controla, fiscaliza, ata y desata todo cuanto a mí concierne.

Tan sólo por el comienzo no pueden obviar el que no sea una estrella del hardcore amateur, pero descuiden, que ya se lo aseguro yo. Mi currículo pseudo sexual se reduce a las inocentes experiencias toleradas por mi novia Roberta. A Roberta la desdoblé en mi primera confesión en un alter ego llamado Clara. Este martirio que mi madre me presentó en la parroquia adolece de todos los defectos que reunían la Roberta y Clara primigenias. Guapa no es, desde luego que no, y en la cama no puedo decirles que sea ni buena ni mala; lo que sé a ciencia cierta es que domina a la perfección el arte del bofetón (lo comprobé en la única ocasión que me atreví a intentar tocarle las pechugas, que no se pueden llamar tetas). Mi madre, Roberta y yo acudimos a misa tres veces por semana. Ellas sueñan con que algún día el Padre Matías baje del estrado, se levante la túnica mostrando su falo sacramental y les haga alcanzar la gloria en el más terrenal de los sentidos; no lo reconocen abiertamente, pero se nota en sus caras. Yo por mi parte fantaseo durante las liturgias con la idea de ser infiel (o perder la virginidad, si lo prefieren) con cualquiera de esas feligresas gordas con las que mi madre charla a la salida del oficio y que se dicen sus amigas.

En mi barrio no me conocen, por tanto, como Éufrates el pornstar, sino por Eustaquio el frutero. Así es, lo más próximo a 27´8 centímetros que he tenido entre las manos son los calabacines que despacho (eso sí, de gran calidad) o las bananas ilegales importadas de Brasil. Un cambio laboral considerable: de trabajar para el cabrón de Richard Bangbreaker en “Afrodita Films” a hacerlo gratis para la no menos cabrona de mi madre en “Frutería Alonso”. Al menos ella me da alojamiento y manutención aparte de los diez euros diarios para gastos.

Pero no me pongan esa cara. ¿Quién no miente? Apuesto a que alguno de ustedes exageró al narrar cómo le despidieron frente a sus amigotes “Estoy en la puta calle, pero le dejé todo bien clarito a ese sinvergüenza, estuvo a punto de ponerse a llorar como una colegiala”. Seguro que sí, recogieron sus cosas y la micra de autoestima que les quedaba y salieron arrastrándose sin más. Puedo imaginar cómo mintieron para cortejar a su pareja actual (esa con la que ahora, tras años y años de impróspera convivencia, tienen tanta confianza); el cómo presentaron un ser excelente, sin fisuras, ni vicios ni flaquezas; cómo se rascaron el bolsillo en sitios caros aparentando que no les suponía el más mínimo esfuerzo económico…y tras ello, a comer arroz tres semanas. Es fantástico, pensarán algunos: mentir por amor. Pues yo soy un enamorado de la vida, simplemente es que no sé vivirla y por eso prefiero inventarla.

Manolo, el cachondo, lejos de ser un apoyo para mí, supone una frustración continua en cada cena fría de las que se organizan en la parroquia; siempre haciendo mofa de lo ordinario que visto, lo poco que hablo, lo mal que leo en voz alta. En esto no les miento, he pensado en más de una ocasión en asesinarlo a él y a la estirada de su esposa; incluso me tomé mi tiempo en registrar sus horarios, su domicilio, sus costumbres… Pero no, mi vida es miserable, de acuerdo, pero no quiero tirarla por el inodoro.

El arte religioso tampoco es mi fuerte, que va. De religión si que entiendo, a fuerza de engullirla casi a diario en mi practicante pero poco convencida existencia (un acto de fe es creer en que a un energúmeno como yo le podría ir bien en la vida; no creer en el paraíso, eso son cuentos para los niños y las viejas). Al contrario, no tengo ni pajolera idea de arte. Supongo que si les dijera que, para mí, el arte es morirse de frío dejarían de leer; así que sacaré pecho mentando el libro de láminas expresionistas que me regalaron en mi decimosegundo cumpleaños (hay que ser ruin, yo sólo aspiraba a un triste muñeco de la WWF, Hulk Hogan concretando).

Sospecharán que agraciado, agraciado…físicamente no soy. Acertaron. Que inteligente, inteligente…tampoco ¡Pues les he tenido engañados por algún tiempo!

Una cosa si les puedo asegurar: soy humano, y no somos un buen género, ustedes tampoco. Dudo mucho que me vuelvan a leer, más improbable es que nos conozcamos en esta cuesta arriba, que llamamos vida. Me gustaría despedirme de ti, paciente lector, con una frase que he utilizado ya en alguna ocasión: Buenas noches y procura ser malo, es lo poco que nos queda.


Eustaquio Alonso del Moral.


Texto agregado el 21-10-2007, y leído por 304 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
10-02-2008 Muy bueno. margarita-zamudio
08-11-2007 Està buena la historia. La felicidad, a veces, està presente sin que lo notemos. Me ha parecido ameno el texto. Saludo. Jazzista
21-10-2007 Otra demostración de destreza y talento! Me han gustado tanto y he disfrutado tanto las confesiones que reconozco que me da lástima que sean las definitivas...Todas, todas mis estrellas isis737
21-10-2007 adoro a eustaquio alonso del moral, no lo puedo evitar, me gusta lo bestiajo de tu amigo y estoy en su línea de esto es lo que hay...lo cuentas muy bien, esa es la gracia, kisses despachando un kilo de calabacines, youtoo youtoo
21-10-2007 Como se dijo, moderadamente feliz. Es igual de demoníaco, pero socialmente pasable. Y bien, espero que la historia no acabe aquí, aunque se vuelva privada... Me gustó. sereira
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