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El destino jugo sus cartas para que aquel sábado se conocieran en un bar distante de algún lugar de Buenos Aires. Cuando él llego no pudo quitarle los ojos de encima a ella. No podía creer como una mujer podía ser tan bella.
Saludo a los amigos conocidos, a los otros también. Paso toda la noche rondándola, mientras ella muy respetuosamente mantenía a raya sus escarceos y avances argumentando que aun transitaba una historia con un conocido y necesitaba acomodarse. Aun así la noche no paso indiferente y mas de una vez, no solo sus miradas se cruzaban sino que sus manos también eran sorprendidas entrelazadas entre si. algún beso no del todo inocente en la las mejilla de ella, una caricia en sus brazos que dejaba llagas por la electricidad generada, algún abrazo para recuperar el calor perdido por el frió de la intemperie y la promesa de volver a verse mas adelante cuando la mujer haya acomodado sus ideas. La semana se arrastro con su manto de dias mientras él continuaba inexorablemte su cortejo, esta vez encorsetado por los medios electrónicos, que era lo único que lo mantenía unido a ella y a la espera de otro encuentro, para poder pones en hechos lo que se de deshacía por explicar en palabras. Él se atropellada por llenarla de promesas que sabia que iba a poder cumplir, pero lo hacia de una manera tan tempestuosa que ella se ahogaba en flores. Ella le respondía con corrección, sin darle mucho espacio a sus avances pero suficiente lugar para que no se detuviese. Un fin de semana mas sin que ese encuentro pendiente se hiciera presente. Otra semana mas de mensajes cargados de intenciones, de el lado de él las mas profundas y absolutas, del lado de ella una medida indiferencia y un muro de espinas para poner a resguardo la integridad de su corazón. Ella sabia que si cumpliera tan solo una pequeña porción de lo que aquel prometía, podía fácilmente ser el hombre de sus sueños, pero tampoco podía permitirse el desliz de volver a entregarse. Quedaron en encontrarse con amigos en común el sábado siguiente y el escenario propiciado para que las promesas se conviertan en hechos seria una pista de hielo. Dulce ironía el saber que podían construir castillos de hielo y derretirlos con el calor de la pasión contenida por ambos. Miradas cargadas de mensajes, el grupo de amigos rodeándolos y ellos surcando el lugar, unidos de la mano ajenos a todo lo demás. La campera que ella usaba para protegerse del frió atento contra su primer beso y tuvo el atrevimiento de atravesarse en tan esperado momento. Una vez que se hubo consumado lo que ambos ansiaban con tanto anhelo sobrevino una noche especial para ambos. Él no se permitió un momento sin acariciarla, mimarla, contenerla o besarla. Ella no quiso que hubiera un instante sin sus cuidados. Ambos sentían que estaban solos en el lugar. Los amigos era una imagen distante, al igual que cualquier persona que los rodeaba. Sus labios habían sido creados para estar unidos y jugaron también con la cadencia de los besos, probándose y midiéndose. Quedaron para verse el lunes que les había regalado un feriado, para poder continuar lo que habían empezado, y recuperar tantos años de estar separados, sabiendo que habían encontrado al que siempre estuvieron buscando. Paso un domingo bucólico donde ella seguía conteniéndose en los mensajes electrónicos y donde él continuaba con sus apasionados monólogos sobre todo lo que tenían para compartir juntos. Llego el lunes y ella se excuso por no poder comparecer ante él. El viernes, y con los mismos amigos de por medio seria el segundo encuentro. El martes ella justifico la ausencia del viernes alegando un cumpleaños. El sábado, bowling, con los mismos amigos entonces. Una semana con mucho trabajo de ella, mensajes electrónicos parcos y entrecortados dado la misma naturaleza tirana del trabajo y un fin de semana en el campo que minó el segundo encuentro posponiéndolo indefinidamente. Aún así él espera el próximo llamado para ver como continua todo. Mientras elige volcar el principio de su historia en un cuento que tiene cuerpo de ficción y sabor a realidad.

Texto agregado el 22-10-2007, y leído por 212 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
16-04-2010 Muy lindo el cuento, espero que del cuento anterior a este no haya pasado demasiado tiempo, se sentia dolor en el otro y felicidad en este dulcinea86
23-10-2007 Bueno, qué diablos, si yo pudiera prometer todas esas cosas a esa Ella que nos espera cada instante... Esto es pure passion. quilapan
 
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