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Salí a caminar. Sin mucho sueño, el camastro lleno de pulgas, no era lo más próximo en mis planes. Garúa, de la más finita. Andrea no dejaba de aparecerse en mi mente. Me dirigí hacia el centro, no conocía bien Buenos Aires, pero que tan difícil puede ser... otro error de la noche. Retiro, de noche, sin rumbo. Sólo su recuerdo.

Llegué a un bar muy apagado. Creí que estaban cerrando, pero no. La fiesta era por unas escaleras hacia abajo. El mozo fue quien me lo indicó, hombre de cuarenta, que demostraba en sus gestos la experiencia de bar y en especial de ese tipo de bar. Al llegar al descanso de la escalera un oso con rasgos humanos me impidió el paso. -Fiesta privada, no se puede pasar-.Me di media vuelta y volví escaleras arriba.
Un grito, una voz conocida, el Colo, el colo. Que carajo hace acá el Colo. Pasé y me sorprendí aún más. Era una pequeña orgia en el centro, otras parejas en el fondo, por todo el salón. Música electrónica, luces de colores, flashes...
Seguí al Colo, nos sentamos en su mesa, con él estaba una chica jóven y un tipo que me recordaba demasiado a alguien.
La charla matizada con la locura del lugar, era lo más innecesario para mi. Me excusé, - tengo ganas de vomitar - , dije. Salí volando. Adelanté al hombre-oso antes de que cerrara la puerta, subí las escaleras corriendo y atropellé violentamente a una muchacha. Terminamos los dos en el piso. Me incorporé mientras me disculpaba... y la ví, en ese momento me dí cuenta que debía escribirte antes del fin. Los ojos grises de esa muchacha me cautivaron, me hicieron recordar a Andrea. La gente me hablaba, no se que decían, algo acerca de disculpas. Giré en dirección a la escalera, pero esta vez fui hacia arriba, ante la protesta del barman.

Saqué el lápiz y la carta que tantas veces habia intentado terminar. Miré la luna gris y finalice la carta. La metí en mi solapa y salté.

_______ANDREA:_______________________
_______Nunca te lo dije, o talvez lo dije demasiado y por eso nunca lo escuchaste, te amo. Pero las aves no deben ser enjauladas, no puedo limitarte más. Tengo la fé de creer en que serás felíz, conocerás a ese hombre funcional a tí, tendrás u familia, tu vida, tus cosas. Pero algún día recuerdame, levanta la vista y mira hacia el cielo y déjame volver a ver esos ojos grises una vez más. Adiós.


La carta fue encontrada por un vagabundo, tapando una rejilla al costado de una vereda. El hombre estaba oteando el tumúlto en derredor al accidentado. El ciruja al leer el título -Andrea- recordó la última vez que vió a la suya.

Texto agregado el 02-11-2007, y leído por 132 visitantes. (1 voto)


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