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-No sabes, ayer nomás me encontré con el pablo. Andaba todo loco el compadre. Sí con esto del laburo que lo quieren echar y todo. Así que lo mandé a que lo hable al Andrés, para ver que puede hacer-.
Me fui sin contestarle. Este flaco está muy mal de la cabeza, habla de cosas incoherentes, quien mierda es ese pablo, ese Andrés. Estoy podrido de aguantarlo todos los días. Me voy a mudar.
Vivo con el Javier desde hace un año, para ayudar con el alquiler me llamó y acá estoy. Pero estoy muy cansado de sus rayes, me las voy a tomar de una... no sé cuando, el mes que viene, o el otro.
En julio, fue el hermano el que se instaló. No podías levantarte a estudiar porque el chango torraba hasta las doce, tuve que irme todos los días para la facu y me cago durmiendo. Hace unos meses, cayó el Pedro, que le prestara el departamento porque se levantó una minita buenísima. No loco, eso lo hace el Javier pero yo no. Me fui, pero muy caliente, terminé sentado en un bar hasta las cuatro, solo, chupando unas cervezas. La gente me miraba, un flaco sentado solo... muy loco para esta ciudad de mierda.
No, ya estoy repodrido.
Me dejé de quejar y me fui al laburo para no llegar más tarde de lo que estaba llegando. Salí por la puerta principal del edificio y me encontré al portero. Qué me pudo pedir, que le avisara al Javi que los dos meses de deuda de expensas ya iban a ser tres. Me voy. Me las tomo.
Llegué al laburo y me puse a laburar. Había que achicar las pilas de expedientes para cargar y era un laburo fino, me mando una cagada y tengo que rehacer todo. Ya estoy acostumbrado, pero igual necesito de toda la concentración posible. Y te digo que me absorbe el seso, cuando volví a mirar la hora, ya eran la una. Joyita, una horita más y parto para la casa.
Y la hora pasó, levanté todo y me las tomé. Cerré todo y me fui para el ascensor y escuché que la música quedó sonando. Dejé la mochila en el piso, y al abrir la puerta, enganché con el borde una de las canastas llenas de papeles. Media hora levantando boludeces del piso, hacen que el humor sea de guerra. Bajé encabronado, idiota. No tenía ganas de esperar el bondi, y lo tuve que esperar igual. Llegué a la casa y ahí estaba el Javier con las patas sobre la mesa viendo tele. Se había hecho de comer un churrasco y el olor a bife llegaba hasta la calle. -No me hiciste nada para mí... pero que pedazo de puto... si los churrascos los compré yo.. andá a cagar-. Nos puteamos un rato y me encerré en la pieza. Lo voy a cagar a trompadas antes de que me vaya. Me puse a estudiar. Filosofía. Que feo. Santo Tomás, Aristóteles y que sé yo cuanto puto reprimido. No, el humor no era el mejor. Me tiré en la cama e intenté dormir.
Me desperté sobresaltado, en especial debió ser por la música fuerte. Miré la hora, alcancé a dormir veinte minutos. Me puse las zapatillas y salí como para llenarle la cara de dedos al Javier. -Ehh loco podés bajar la música-.
Perdón. No sabía que estabas.
Esa voz era femenina. Era Anita. Tres días que no la veía y cuantas ganas de no dejarla de ver. -Ey negra, como andás, perdón creí que era el Javi-.
-No vos disculpame, el Javi se fue a comprar algo y me dejó acá, pero no me dijo que estabas.-
-No te hagas drama, cómo andás-. Mientras me contaba algo de la facultad, me puse a pensar lo sospechoso de que esta mina aparezca y el otro loco se las tome. Se la estará comiendo seguro. Un vapor de bronca me empezaba a subir desde la panza cuando un “y vos” me saco del cuelgue.
-No,... bah... que sé yo... che no tenés hambre... tengo...-
-Uy, como me cambiaste de tema, perdón no te tendría que preguntar esas cosas.-
Me empecé a comer la cabeza acerca de que me habrá preguntado.- No loca, todo bien, pero, a ver, sin vueltas, qué es lo querés saber-. Se puso colorada y se calló. Metí la pata hasta el fondo con zapatilla y todo.
-...qué si estás de novio, nada más-. Ahhhh, me olvidé del mundo completamente, tenía ganas de abrir la ventana y tirarme, porque seguro que salía volando. Lancé una carcajada enorme. Y la miré a los ojos. -Negra, tranqui, mirá, el gil este no va a venir. Lo conozco, se fue al ciber, te acordás de la minita de Córdoba, esa que conoció en el chat, seguro que habla con ella ahora-. No sé si era así pero mataba dos pájaros de un tiro. -Porqué no vamos a comprar una coca y unas tortitas y charlamos un rato-.

Esa noche, llegó el negro. -Y que tul tu compañero de casa, es gamba o no. Y eso que me puteaste lindo-.
-Disculpame negro, te pasaste. Lo que sí, me preguntó dónde estabas y ...-
-Le dijiste en el ciber hablando con laura, ¿o no?-. Se empezó a cagar de risa.
Dudé. -Sí, ¿me la mandé?...-
-No boludo, no conocí a nadie por chat, lo dije ese día para sacarme a la Vanesa de encima y terminé invitando a la Anita a casa-.
-Y que... ¿vos tenés algo con ella?-
-Mirá la cara de choto que se te ha puesto, no gil, la invité por vos y por la cara de baboso que se te puso el día que la viste-.
-Gracias viejo-. Me fui a acostar.

Me dormí pensando en el gran amigo que siempre tuve, del flor de trabajo que me permitiría la excusa mañana de pasar por casa de Ana, y de la muy grosa materia que estoy estudiando, que me daba pie para hacerme el canchero con una estudiante de filosofía.

Ah, la vida es buena, muy buena. Las minas también.

Texto agregado el 06-11-2007, y leído por 123 visitantes. (1 voto)


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