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Reflejo.

El metro se desplaza por la oscuridad del túnel con el ritmo monótono de siempre y las personas que lo repletan llevan una cara como de zombis. La marcha es fatigosa y las ganas de llegar a mi destino rápido, solo son un deseo optimista en las oscuras entrañas de esta ciudad gris, yo siento que todo esto es un poco como mi vida de un tiempo a esta parte. El calor y las personas que suben y bajan en cada estación y me apretujan, me hacen sentir asfixiado, con ganas de salir y caminar y olvidarme un poco de todo y desear no llegar a casa, ni a ningún lado. A veces es mucho mas fácil dar vueltas por el metro, buscando en esa especie de maquina del tiempo, los pedazos de tu vida que se quedaron atrás; que se quedaron en las despedidas apresuradas de alguna estación, como escuchar la voz de ella decir: Adiós, mirar sus ojos vidriosos y a punto de llorar y ver como las puertas se cierran y el tren se pone en marcha y se aleja más y más y se la lleva para siempre y con él, parte de ti mismo. Entonces se escucha la voz del conductor decir por los parlantes del vagón: próxima estación, Los Héroes, lugar de combinación con línea 2, y yo despierto de mis cavilaciones. En el túnel miro a otro tren ir en sentido contrario y es como mirar una cinta de fotogramas. Llegamos a la estación, el metro se detiene, abre las puertas, un mar de gente sale y un mar de gente entra, yo me quedo en el mismo lugar tratando de acomodarme mejor, quitándome la chaqueta y dejando mi maletín en el suelo y mirando la estación antes de que se cierren las puertas. El variopinto de gente es amplio y la llegada de la primavera hace que algunas mujeres muestren la frescura de su piel, y el colorido de sus atuendos es grato y a la vez onírico. Entonces, lo veo, al joven, perdido en medio de la gente, pero a la vez fuera, muy afuera de su entorno y de las personas que lo rodean. Por alguna razón que no entiendo se me hace tan familiar, demasiado familiar, pero sé que es un perfecto desconocido. Su mirada es la de alguien ausente, su semblante es desgarbado como si hubiera pasado demasiadas noches sin dormir, su incipiente barba me habla del descuido de un noctámbulo. Noto en su mirada una tristeza tan grande y vieja y es como si yo mismo también la sintiera, como si me trasmitiera algo de su pena. Sus ojos vacíos y sin destino son la prueba final de la desolación y su imagen es tan cercana y es como mirar la cara de mi hermano que se fue hace tanto tiempo y que nunca volvió, pero no es él. Entonces, sin saber muy bien por qué, decido bajarme y hablar con él y preguntarle de donde nos conocemos, si es que realmente nos conocemos de alguna parte. Avanzo por en medio de la gente, sin querer me tropiezo con alguien y casi caigo, pero no me detengo, siento el timbre de cierre de puertas, estoy a un paso de salir, sin embargo, la gran cantidad de personas que hay en el vagón me lo impiden, llego hasta las puertas justo cuando se cierran frente a mi nariz. Entonces siento el tirón y la sacudida inicial del metro al ponerse en marcha, yo pierdo un poco el equilibrio, pero me sujeto de un pilar. El muchacho mira fijamente hacia mí o hacía el tren, no lo sé, solo sé que su imagen seguía en el cristal después de que el metro se puso en movimiento y en el túnel y me acompaño, el resto del camino.


Texto agregado el 11-11-2007, y leído por 55 visitantes. (0 votos)


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